Jóvenes – Matrimonio

 

Para la Iniciación en la vida cristiana, recomendamos hacerlo en estilo catecumenal, aprovechando los libros para el Catecumenado de adultos. Mirá en:

https://catequesisparroquial.wordpress.com/catecumenado/

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Según las condiciones podrán ser útiles estos materiales:

Contenido de los 2 tomos:

 

 

«Presentación» de «CON LOS IDEALES DE JESÚS»:

Hola, querido/a joven: Navegando por Internet encontré la “La Historia del Roble Frustrado”: «Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos eran felices y estaban satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era, ni para qué estaba ahí. “Lo que te falta es concentración”, le decía el manzano. “Si realmente lo intentas, podrías tener sabrosas manzanas. ¿Ves que fácil es?” Y le mostraba sus atractivas manzanas. “No lo escuches”, le exigía el rosal. “Es más sencillo tener rosas. ¿Ves que bellas son?”. “Pero mis naranjas son más sabrosas”, añadía el naranjo. Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: “No te preocupes, tu problema no es tan raro, ni tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… Sé tú mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior”. Y dicho esto, el búho desapareció. “¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…?”, se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió… Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión. ¡Cúmplela!”. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín completo fue plenamente feliz.» Soy de la generación del famoso “Mes de mayo de París de 1968”, de los Beatles, etcétera. ¡Eh!, ¡siglo pasado!, obvio, pero igual escuchá: Muchos de mis contemporáneos quisieron ser felices, gozando de plena libertad (para no decir “libertinaje”), independizándose y alejándose de Dios y de la Iglesia. ¿El resultado? Veo pocos rostros alegres. Al contrario, muchísimos rostros tristes. Parecen no haber encontrado ningún ideal en su vida. Parecen como perdidos, sin saber quiénes son y adónde van. Todos los seres humanos, los jóvenes y viejos, los chinos y los argentinos, tenemos algo en común: queremos ser felices. Y ésta es verdaderamente nuestra primera vocación: llegar a ser plenamente felices. El mundo de hoy nos tienta con mil ofertas diversas de “felicidad”. Constato que esta sociedad globalizada multiplicó las distracciones y diversiones, pero no logra llenar el corazón con la verdadera alegría. Se ha dejado robar el cielo. Ha perdido el horizonte amplio de la vida. Te quiere encerrar en la pequeña jaula de unos ochenta años, más o menos divertidos. Pero nuestro corazón anhela la vida y la felicidad sin límites. Es como meter un tigre, con ganas de vivir en la vasta selva, en un rincón de unos pocos metros cuadrados… Se puede pasar esta vida sin poseer un lujoso 4 por 4. Pero no se puede vivir sin fe. Con Dios, nuestra vida adquiere sabor a eternidad. Y el llamado a ser plenamente feliz, y para siempre, se puede cumplir. La voz que suena en nuestro interior y que viene de Dios Padre y Creador, nos llama a la plenitud de la vida. Solamente Jesucristo, el Hijo eterno de Dios Padre, es el Camino, la Verdad, y la Vida. En Cristo, divino hermano nuestro,  encontramos el modelo perfecto a seguir. Contemplando a Cristo llegaré a ser yo mismo. Conoceré quién soy yo. No seré una copia más entre muchas otras. Dejaré de compararme con los manzanos y rosales. Seré como Dios quiere que sea: creceré grande, con una inmensa dignidad y valor. Descubriré mi propia vocación y misión. Sabré de dónde vengo y adónde voy, qué sentido tiene mi vida, y qué sentido tienen mis luchas y sufrimientos. Dejaré de sentirme perdido y frustrado. Jesús nos propone ideales que valen la pena ser vividos decididamente. Es verdad, Jesús es muy exigente con los que quieren seguirlo realmente. Pero tampoco jamás decepcionará a ninguno “que escucha sus palabras y las pone en práctica”. Mt.7,24. Esta catequesis te invita a jugarte por Cristo y sus ideales. Estoy seguro de que así no vivirás ninguna desilusión. Al contrario, todas las ilusiones que ahora tengas, más adelante te habrán parecido muy pequeñas… Una vez más le quiero expresar mi gratitud al Padre Obispo Carmelo Juan Giaquinta, por las muchas ideas que entresaqué de sus mensajes. Igualmente vaya mi agradecimiento a los miembros del equipo que colaboraron con este proyecto. Me alegro, querido/a joven, que hayas tomado en tus manos este libro. Lo hemos preparado para vos con mucho cariño. Y rezo por vos, para que, entusiasmándote CON LOS IDEALES DE JESÚS encuentres la verdadera felicidad. Cordialmente: Padre Martín

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