EVANGELIO DOMINICAL

Un burro colgado de una cruz…

Lucas 23,35-43.

Ciclo C, Domingo 34º durante el año: Fiesta CRISTO REY

No hace mucho se encontró una ilustración que data de los primeros tiempos del cristianismo. El dibujo, rayado en una piedra, muestra un burro colgado de una cruz, y delante un hombre. La inscripción correspondiente dice: “Alexámenos adora a su dios”. Evidentemente esta burla quiso dejar en ridículo al cristiano Alexámenos, pues quien adora a un burro, tiene que ser él mismo un asno. Tómese en cuenta que un burro vale como un animal muy tonto. Sigue leyendo→

¿Se viene el fin del mundo?

Lucas 21,5-19.

Ciclo C, Domingo 33º durante el año

Nunca faltan diversos exaltados que, por sus altoparlantes, amenazan con la inminencia del fin del mundo. Sigue leyendo →

Seré profundamente transformado…

Lucas 20,27-38.

Ciclo C, Domingo 32º durante el año

En Munich, Sur de Alemania, se cuenta lo siguiente: Un hombre, contento con las pequeñas alegrías de este mundo, es llamado repentinamente a la vida eterna. Como “Ángel Aloisio”, armado con un arpa, está sentado todo el santo día sobre su nube privada, que le asignaron. Aquel hombre, tan alegre durante su vida terrenal, ahora en el cielo se pone de mal humor y enojado. Porque ese cielo no le tiene nada que ofrecer, aparte de un maná sin sabor y cantar todo el tiempo el mismo Aleluia.

“En el cielo la gente no se casa. Porque son semejantes a los ángeles”. Así resuena tal vez en nuestros oídos el mensaje de este Evangelio. Y no cuesta mucho renunciar a una vida celestial tan aburrida.

Los saduceos, con imaginaciones y especulaciones, quisieron dejar en ridículo la fe en la vida eterna. Los saduceos eran miembros de un partido que, con los fariseos, se alternaban en la dirección del Senado Judío.

Ambos partidos mantenían notables diferencias. Los saduceos colaboraban frecuentemente con los romanos invasores. Eran de la aristocracia o burguesía. En materia religiosa eran conservadores. Sólo aceptaban plenamente los 5 primeros libros de la Biblia, los “libros de Moisés”, o “pentateuco”. El tema de la resurrección abría un verdadero abismo entre ellos y los fariseos. En oposición a los fariseos, los saduceos no admitían la doctrina de la inmortalidad y de la resurrección de los muertos.

¿Quiénes eran los saduceos?

¿Qué creían, o no creían?

Los saduceos, planteando el caso de una mujer que estuvo casada con siete hombres, pretenden comprobar que es algo absurdo creer que resucitemos después de morir. El caso que construyen, se basa en la ley del “levir”, que en latín significa “cuñado” (Deut. 25, 5-10). Esa ley, propia del Cercano Oriente, miraba a asegurar la descendencia de un hermano fallecido y a garantizar la estabilidad de los bienes familiares.

El planteo de los saduceos es claro: suponiendo que siete hermanos tienen relaciones con la misma mujer, y todos mueren sin dejar descendencia, ¿de cuál de ellos será esposa en el día de la resurrección?

¿En qué consistió la pregunta tramposa que los saduceos le plantearon a Jesús?

La respuesta que Jesús les dio fue doble:

Una, que la vida resucitada es muy diferente a esta vida mortal, como es diferente el árbol de la semilla. Jesús deja en claro que la resurrección no es una simple continuación de la vida terrenal, sino que es una vida distinta, nueva, una vida en plenitud. Difícilmente nos la podemos imaginar, y menos podemos comprenderla desde nuestra existencia terrenal, tan poco como un bebé, mientras se halla en el vientre de su madre, puede imaginarse, y menos comprender, este mundo con todas sus plantas, flores, animales, personas, arroyos, con todo lo que hay en esta tierra. La vida nueva supera lejos todo lo que podamos imaginar! La resurrección no es una prolongación de esta vida, de lo que conocemos, sino una profunda transformación. Para expresar esto, Jesús usa una comparación: la nueva existencia es como la de los ángeles.

¿Cómo les hace ver Jesús a los saduceos que se imaginan la vida de los resucitados de manera equivocada?

La segunda respuesta:

Jesús les comprueba a los saduceos que no sólo tienen una idea equivocada de la Resurrección, sino que tampoco se fijan bien en la Sagrada Escritura. Les recuerda un texto del libro del Éxodo, uno de los pocos que ellos admiten como Palabra de Dios. En la escena de la zarza ardiente ya aparece la verdad sobre la resurrección. Allí Dios se le reveló a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.” Éx.3,6. Abraham, Isaac y Jacob ya habían muerto hace siglos. Sin embargo, Dios se llama a sí mismo el Dios de todos ellos. Si Dios es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es porque ellos existen. Dios no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Es el Dios de la Vida, que desea para sus “hijos” la Vida plena.

Además: si Dios viene a cumplir las promesas que les hizo a Abraham, Isaac y Jacob, es porque ellos viven. Si hubieran muerto definitivamente, Dios habría sido injusto al no cumplirles en su tiempo lo prometido. Dios es fiel para toda la eternidad.

¿Cómo demuestra Jesús que Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivientes”?

Los que resucitan, los “hijos de Dios”, participan de la riqueza inagotable del Amor de Dios. En el cielo no habrá ningún “Ángel Aloisio” solito, sentado sobre su nube privada, aburriéndose. Estaremos todos unidos en el Amor infinito de Dios. Ya no será importante quién estuvo casado y quién no. Decisivo será si uno supo vivir el verdadero amor en la vida de este mundo. Al resucitar, no nos será quitado nada, sino recibiremos más, infinitamente más: la vida en plenitud, una Alegría Eterna inimaginable.

“Hoy tengo que quedarme en tu casa.”

Lucas 19,1-10.

Ciclo C, Domingo 31º durante el año

“Jesús entró en Jericó”. Jericó, la ciudad más antigua del mundo, situada algunos cientos de metros debajo del nivel de mar, se encuentra muy cerca del Mar Muerto. Es un oasis en medio del desierto. En el Evangelio de Lucas dos historias significativas ocurren en Jericó: la historia del “jefe de los publicanos” Zaqueo, y la historia de la curación de un ciego. Jericó llega a ser el lugar donde los pecadores y los enfermos vuelven a encontrar su lugar en la comunidad. En cualquier parte donde pasa esto, surge un oasis en medio del desierto del mundo.

¿Qué insinúa el lugar del acontecimiento: la ciudad de Jericó?

En Jericó vivía un superbandido. Un malandra de primera. Era nada menos que el “jefe de los publicanos”. Para entenderlo hoy, podríamos decir: “el jefe de la mafia”. Se llamaba Zaqueo, con zeta; pero saqueaba con “ese” a sus compaisanos, extorsionando a los más débiles, exigiéndoles impuestos desmedidos para enriquecerse a sí mismo. Fue un traidor a la patria, colaborador con los tan odiados invasores del país, los paganos romanos. Para la gente fue un “impuro”, un apestado. En su bronca a lo mejor lo llamaban “el petiso”, petiso de cuerpo y petiso de alma. Era de baja estatura física y, por lo que se podía observar desde afuera, también de baja estatura moral. Por ser “un hombre muy rico”, valía perfectamente la advertencia de Jesús: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.” Lc.18,25.

Para la gente, ¿quién era Zaqueo?

Sin embargo, no era todo malo en Zaqueo: aunque sus manos estaban sucias, parece que no había perdido del todo el sentido del bien, y tal vez admiraba secretamente a Jesús. Le remuerde la conciencia. No está tranquilo por la vida que lleva. Busca algo más. O tal vez, solamente la simple curiosidad lo movió a querer ver a Jesús.

¿Por qué no observaba el paso de Jesús desde el segundo piso o la terraza de una casa? Es que la gente no deja entrar en su casa a tal pecador público, tan mal visto por todos! El Evangelio anota que Zaqueo no podía ver a Jesús, “a causa de la multitud”. La cantidad de gente entusiasmada por Jesús impide al pecador a encontrarse con su Salvador! No por maldad, por tanto entusiasmo no ven que otros “de afuera”, de “los que no vienen nunca a Misa”, también quieren “ver a Jesús”! Pero con esos excomulgados un judío decente, un cristiano “decente”, no trata!

Entonces Zaqueo se adelanta a la multitud, y a pesar de ella llega a encontrarse con el Señor. No encontró mejor manera que treparse a una higuera de las que abundan por Palestina, llamadas también higueras egipcias o sicómoros. Todos se habrán reído de él: una persona tan importante en una situación tan cómica. Pero a Zaqueo no le importaba quedarse en ridículo. ¡Quiso ver a Jesús!

¿Por qué Zaqueo trepó a un árbol para poder “ver quién era Jesús”?

Y Jesús tiene una gran preferencia por esa gente marginada de la Comunidad. Justamente ha venido al mundo para “buscar y salvar lo que estaba perdido”. A Jesús le basta la curiosidad de Zaqueo. Él, y no Zaqueo, toma la iniciativa para el encuentro salvador. Lo mira y se invita a sí mismo a la casa de ese pecador tan grande. Es que Dios siempre se adelanta con su gracia. “Hoy tengo que quedarme en tu casa”. Y Zaqueo “bajó rápidamente”. Quien escucha la voz de Jesús no puede hacer otra cosa que actuar en seguida. Si no, se arriesga a dejar pasar la hora decisiva para salvarse. Tal vez Jesús no iba a pasar una segunda vez por ese camino. De San Agustín se conoce la palabra seria: “Tengo miedo que Cristo pase de largo y no vuelva”.

¿Por qué motivo Zaqueo “bajó rápidamente” del árbol?

La gente no se alegra por el encuentro de un pecador con su Salvador.  Esta vez, Jesús escandalizó no solamente a los adversarios de siempre, sino a todo el pueblo: “Todos murmuraban”. No solamente habían impedido que el pecador pudiese ver a Jesús, ahora le toman a mal también a su Maestro que deje para un rato el círculo de los “fieles” y se dedique a un excomulgado! Pero Jesús no se deja encerrar en algún círculo de piadosos. Él busca a la oveja perdida.

¿Por qué “todos murmuraban”?

A los ojos de todos, Zaqueo era un pecador tan grande que de él ya no se podía esperar nada bueno. Los piadosos lo habían dejado de lado y ya no se preocupaban más de él. Ellos se consideraban los únicos “hijos de Abraham”, y, por lo mismo, los únicos herederos de las promesas hechas por Dios a su patriarca. Para ellos Zaqueo fue un pecador paganizado, o un pagano original. Pero Jesús lo mira también a él como “un hijo de Abraham”, capaz de recibir la Salvación. Así la delicada atención que le dispensa Jesús, lo obliga a manifestar lo bueno que tenía ahogado en su interior. Y después no le cuesta reparar sus maldades. Es que el pecador más grande, y aun el hombre más rico, encontrándose con Jesús, es capaz de convertirse. Y con la conversión entra la alegría en la casa y en el corazón.

Jesús pinta de malo al “bueno”, y al “malo” de bueno…

Lucas 18,9-14.

Ciclo C, Domingo 30º durante el año

Con esta parábola del fariseo y el publicano Jesús se refiere a todos aquellos que tienen un vicio muy común: se creen santos y desprecian a los demás.

Para los que escucharon a Jesús, esta parábola fue muy desconcertante. Porque para ellos Jesús pinta de malo al “bueno”, y al “malo” de bueno.

El primero que subió al templo para orar fue un fariseo. Los fariseos formaron aproximadamente un siglo antes del nacimiento de Jesús un partido político y religioso, para defenderse contra las influencias de los paganos. Fueron los judíos más piadosos que se preocupaban en conservar pura la religión. Querían llegar a conocer todo lo que decía la Biblia, y ponían mucho cuidado en cumplir toda la Ley de Moisés y las tradiciones religiosas hasta en sus más pequeños detalles. Al mismo tiempo se caracterizaban también por su oposición a todo lo que fuera novedoso. Sospechaban en seguida de que se podría tratar de un desvío de la verdadera religión.

Fácilmente se puede ver que los fariseos tenían ideales muy nobles. Sin embargo, su temor a lo nuevo los cerró en más de una oportunidad al soplo renovador del Espíritu de Dios. Y con frecuencia muchos de ellos caían en la vanidad y en la arrogancia de creerse más buenos y más santos que los demás.

Los fariseos, ¿qué ideales y, frecuentemente, qué defectos tenían?

Los cobradores de impuestos o publicanos, como se los llama muchas veces, eran un gremio que se encontraba en la vereda de enfrente de los fariseos. Las condiciones políticas en esos años hacían que el cobrar impuestos fuera considerado como un pecado gravísimo. Los judíos tenían que soportar la invasión y la opresión de los romanos. Por eso los judíos odiaban a los romanos, y constantemente hubo intentos violentos de recuperar la libertad. Y, ante todo, los romanos eran paganos que amenazaban a destruir la religión judía.

A algunos judíos, evidentemente, no les importaba la religión, ni el patriotismo. Comenzaron a colaborar con los odiados invasores cobrando los impuestos, por supuesto a beneficio de los romanos. Muchos se enriquecieron a costilla de sus propios compaisanos, extorsiándolos, ya que contaban con la protección del ejército romano.

Por todo eso es fácil de entender que esos cobradores de impuestos eran considerados como los hombres más pecadores. No se debía tratar ni siquiera con ellos, ni se les permitía participar en el culto. Había de huir de ellos como si se tratara de apestados.

Comprendemos ahora por qué la gente se escandalizó al observar que Jesús, en una reunión de cobradores de impuestos, se sentaba con esos “desgraciados” a la misma mesa para comer con ellos!

¿Quiénes eran los “publicanos”?

En esta parábola se contraponen dos actitudes: la del fariseo, que piensa ganar la salvación con su propio esfuerzo, y la del publicano, que reconoce que es pecador y pide a Dios la conversión.

El superpiadoso se inciensa a sí mismo. Y para eso nada mejor que señalar los defectos de los otros! Sobre el fondo negro de los pecados de los demás brillan mejor sus propias buenas obras! Y él hace cosas que ni siquiera son obligatorias. No se conforma con ayunar los días que está mandado por la Ley, sino que él ayuna todas las semanas, ¡y hasta dos veces por semana! No sólo paga el impuesto de lo que corresponde, sino que da la décima parte de “todas sus entradas”, ¡aun de lo que no está incluido en la ley! El fariseo, por lo tanto, se siente una persona ejemplar. Habla con Dios como esperando que Dios le diga: “¡Te felicito! ¡10 puntos!”. En su oración parece decirle a Dios que él se puede arreglar solo, y que Dios solamente tiene que intervenir para premiarlo. El fariseo no le deja lugar a Dios. Todo el espacio lo ocupa él mismo. Enumera todas sus buenas obras, y se siente justificado y ya perfecto por lo que él mismo hizo. Y por eso Dios lo deja ir del templo tal como había venido. Vino con una santidad que él mismo había fabricado. No se dio cuenta de que en su interior llevaba una pesada carga de pecado: la soberbia de creerse mejor que los demás y de despreciar a los otros.

El fariseo, ¿por qué volvió a casa “no justificado” (justo o agradable a Dios)?

El publicano, por el contrario, sabe de justicia solamente que él no la tiene, y se encomienda a la misericordia de Dios. Pide a Dios que Él actúe, que le tenga piedad. No acusó a los demás, sino que se reconoció como pecador. Y como le dejó espacio a Dios, el Señor actuó y lo justificó por su gracia y misericordia. Y el cobrador de impuestos volvió a su casa cambiado. No llevó una “santidad” hecha por él mismo, sino la que concede Dios, cuando toma a un hombre pecador y lo crea de nuevo haciéndolo semejante a su Hijo Jesús.

El publicano, ¿por qué pudo volver a su casa “justificado”?

Este Evangelio es una llamada a la humildad para todos aquellos que se sienten seguros de ser justos por sus obras, y que hacen además alarde de su piedad frente a los que parecen estar fuera de la ley. Lucas nos propone como modelo no al supercumplidor que piensa salvarse por sus propias obras, sino a ese publicano que se apoya únicamente en Dios.

Hay que insistir….!!!

Lucas 18,1-8.

Ciclo C, Domingo 29º durante el año

Un estudiante, en el examen final, no sabía contestar a casi ninguna de las preguntas. El profesor estaba decepcionado, y como última pregunta le puso: “¿Dios escucha todas las oraciones?”. El joven sospechaba que fuera preferible confiar más en Dios que demasiado poco, y respondió: “Sí, Dios escucha todas las oraciones”. Contestó el profesor: “Entonces rece para que salga bien en este examen”, y no lo aprobó.

¿Cuántos habrán dicho: “He pedido ya tantas cosas a Dios, y no recibí ninguna”?Sigue leyendo →

Cuando la desgracia más horrible se convierte en Gracia…

Lucas 17,11-19.

Ciclo C, Domingo 28º durante el año

La lepra fue una enfermedad espantosa. En aquel entonces no hubo remedio. Llevaba implacablemente a una muerte horrible. Además la lepra fue una enfermedad contagiosa. Sigue leyendo →

Del tamaño de un grano de mostaza…

Lucas 17,5-10.

Ciclo C, Domingo 27º durante el año

La predicación de Jesús fue emocionante. A veces también desalentaba. Los Apóstoles piden a Jesús: “Auméntanos la fe”. Sentían asustados que no eran capaces de vivir las exigencias del Evangelio. Sigue leyendo →

Mis riquezas me comprometen.

Lucas 16,19-31.

Ciclo C, Domingo 26º durante el año

Con esta parábola, que sólo nos cuenta San Lucas, Jesús se dirige a los fariseos como representantes de todos aquellos que son amigos del dinero. Se burlaban de Jesús y de su enseñanza sobre el dinero injustamente habido. Sigue leyendo →

Jesús nos propone un delincuente como ejemplo!!

Lucas 16,1-13.

Ciclo C, Domingo 25º durante el año

Es evidente que el administrador de la parábola es un delincuente. Ha malversado los bienes de su patrón. Por eso éste está por echarlo del trabajo. Y al perder su empleo el casi ex-administrador aprovecha la última oportunidad, regala los bienes de su patrón a los deudores, causando al dueño mucho daño, y todo esto con la única finalidad de asegurar un beneficio para sí mismo. Deberíamos esperar que se le dé un buen “lavado de cabeza” a ese canalla de administrador. Sin embargo, no termina ser condenado, sino, al contrario, el patrón lo elogia. Y además, Jesús lo pone como ejemplo para sus discípulos!Sigue leyendo →

Escándalo: ¡Jesús come con los pecadores!

Lucas 15,1-10.

Ciclo C, Domingo 24º durante el año

Este Evangelio nos trae una acusación contra Jesús: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Habrán querido insinuar: “Dime con quién andas, y te diré quién eres”. Sigue leyendo →

¿Simpatizo con Jesús, o lo sigo?

Lucas 14,25-33.

Ciclo C, Domingo 23º durante el año

Así como nuestros pies no pueden caminar en dos direcciones contrarias, uno hacia adelante y el otro hacia atrás, del mismo modo nuestro espíritu no puede tener dos nortes: el Evangelio y los criterios del mundo. Sigue leyendo →

Colocate en el último lugar…!

Lucas 14,1.7-14.

Ciclo C, Domingo 22º durante el año

A Jesús no le importa enseñarnos reglas de buena conducta, normas exteriores de cortesía. Le importan las actitudes interiores de vida que deben tener los cristianos: humildad y desinterésSigue leyendo →

¿Son pocos los que se salvan?

Lucas 13,22-30.

Ciclo C, Domingo 21º durante el año

El lobo dijo al zorro: “Conseguime algo para comer, o te como a vos mismo”. Por suerte el zorro había descubierto un sótano donde un campesino había colgado la carne de un chancho entero para secarla. El lobo apenas pudo pasar por la pequeña ventana para llegar al sótano. En seguida comenzó a comer con todas las ganas. El zorro también comía, pero Sigue leyendo →

Jesús de Nazaret: «He venido a traer la división.» (!!!)

Lucas 12,49-53.

Ciclo C, Domingo 20º durante el año

Al nacer Jesús, ¿los ángeles no anunciaron “la paz a los hombres” Lc.2,14.? ¿No es Jesús el “príncipe de la paz”, Is.9,5. anunciado por los profetas? ¿No ha predicado él mismo que son felices y serán llamados hijos de Dios aquellos que “trabajan por la paz” Mt.5,9.? ¿No envió a sus discípulos con el mandato de decir al entrar en una casa: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Lc.10,5.? ¿Y al despedirse de sus discípulos no prometió: “Les dejo la paz, les doy mi paz” Jn.14,27.? Sin embargo, hoy leemos que Jesús ha dicho que están equivocados aquellos que piensan que Él vino a traer la paz. Dice que ha venido a traer la división! Sigue leyendo →

Quien quiera triunfar, ¡se prepara!

Lucas 12,42-48.

Ciclo C, Domingo 19º durante el año

“No mueras en la sala de espera del futuro”. Así tituló un autor cristiano un libro suyo para la gente de hoy.

En el tiempo de Jesús, la gente esperaba una llegada fulminante del Reino de Dios. Pensaban que todo sería transformado en un abrir y cerrar de ojos. Los primeros cristianos fueron descubriendo que el Reino ya se hizo presente en la persona de Jesús, y que debía ir desplegándose a través de un proceso muy lento. Comprendieron que el Reino de Dios se lo debía hacer crecer constantemente con mucha perseverancia. Mientras tanto ya pasaron casi 2000 años. Y pueden pasar muchísimos siglos más Sigue leyendo →

Come, bebe y date buena vida!

Lucas 12,13-21.

Ciclo C, Domingo 18º durante el año

El gran escritor ruso Leo Tolstoi cuenta lo siguiente:

Un rico terrateniente promete regalar a un pobre peón de campo todas las tierras alrededor de las que dará la vuelta a pie en un día. La única condición: al ponerse el sol tiene que haber regresado al mismo punto del que partió.

El pobre campesino se pone refeliz. No necesitará todo un día para circunscribir con sus pasos suficiente tierra para poder alimentar holgadamente a su familia. Parte caminando alegre, sin apuros, con paso tranquilo. Pero después se apodera de él la idea de aprovechar la oportunidad al máximo y adquirir tantas tierras como sea posible. Sigue leyendo →

“¡Recé tanto, y no sirvió para nada!”

Lucas 11,1-13.

Ciclo C, Domingo 17º durante el año

Muchas veces Jesús pasaba toda la noche orando. Sus discípulos lo ven rezar frecuentemente. Lo pueden observar cómo lo hace. El ejemplo de Jesús los motiva a pedirle que les enseñe a orar también a ellos. Sigue leyendo →

Lo único necesario.

Lucas 10,38-42.

Ciclo C, Domingo 16º durante el año

A primera vista parece que Jesús reta a Marta por trabajar mucho y elogia a María por no hacer nada. Sin embargo, la Iglesia celebra cada año el 29 de julio a Marta como Santa, y nos la propone como modelo de los que se dedican a servir en las tareas domésticas. Al fin y al cabo, sin Marta Jesús se habría quedado sin comer. Entonces, ¿qué es lo que critica Jesús en Marta y alaba en María? Sigue leyendo →

«Y quién es mi prójimo?»

Lucas 10,25-37.

Ciclo C, Domingo 15º durante el año

La “Parábola del buen samaritano” encierra algo más que sólo una exhortación de no dejar de lado a un pobre. Sigue leyendo →

Ovejas en medio de lobos…

Publicado el 06/07/20131 comentario

Lucas 10,1-9.

Ciclo C, Domingo 14º durante el año

San Lucas, después de hablar de la misión de los Doce, relata que el Señor envió además otros discípulos. Los doce apóstoles representan a los pastores de la Iglesia. Los “otros discípulos” representan, diríamos hoy, a los cristianos laicos.Sigue leyendo →

“¡Te seguiré adonde vayas!”

Publicado el 29/06/20131 comentario

Lucas 9,57-62.

Ciclo C, Domingo 13º durante el año

Jesús camina decididamente a Jerusalén, es decir: hacia la cruz y hacia la Resurrección. En el camino da unas lecciones a los que le quieren seguir y a los que Él llama a sumarse a ese caminar. Sigue leyendo →

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Y vos, ¿qué decís? ¿Quién soy yo?

Lucas 9,18-24.

Ciclo C, Domingo 12º durante el año

En una ciudad en la que muchos ricos tenían sus casas lujosas, vivía también un hombre sabio. Ya que los ricos vivían muy distanciados el uno del otro, en una zona residencial un poco fuera del barullo de la ciudad, contrataron serenos para proteger sus extensas propiedades. Un día el sabio se encuentra con uno de ellos que está haciendo una ronda de control. Le pregunta: “¿Para quién estás caminando?”. Sigue leyendo →

¡Pecadora!

Lucas 7,36-50.

Ciclo C, Domingo 11º durante el año

La solemne celebración del Sacramento de la Confirmación está en plena marcha. El Obispo acaba de sentarse, antes que suba un lector para comenzar la proclamación de la primera Lectura de la Palabra de Dios. Supongamos que en este preciso instante irrumpe una mujer, conocida por todos como una prostituta, y  hace los mismos gestos con los pies del Obispo que la mujer pecadora en la casa de Simón el fariseo. ¿Qué pasaría? Seguramente, ¡un gran escándalo! Sigue leyendo →

“No llores.”

Lucas 7,11-17.

Ciclo C, Domingo 10º durante el año

¿Quién no habrá sentido alguna vez el profundo dolor al tener que enterrar “los restos mortales” de un ser querido? Sigue leyendo →

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Lucas 7,1-10.

Ciclo C, Domingo 9º durante el año

Inmediatamente antes de comulgar en la Santa Misa, nos prestamos precisamente de un pagano las palabras: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.”

Jesús llegó a admirarse del centurión pagano y elogiarlo por su fe, tanta fe que ni siquiera encontró en el pueblo de Dios.

Y esto, a pesar de que aquel centurión fue un representante de las tropas de ocupación extranjeras tan odiadas. En Palestina estaban estacionadas dos “legiones” romanas. En cada legión había 60 “centuriones”, o sea, capitanes , de los cuales cada uno mandaba sobre cien soldados. Los centuriones fueron figuras clave en el ejército romano. Por eso fueron bien pagados, y podían permitirse mantener una casa grande con esclavos y guardia personal.

¿Qué es un “centurión”?

¿Cómo solían vivir los centuriones?

Los militares extranjeros garantizaron, frecuentemente con una feroz brutalidad, que todos tuvieran que pagar los impuestos al emperador César, que pretendía ser adorado como un dios. Los impuestos los cobraron los “publicanos”, colaboradores judíos, y comúnmente estafadores corruptos, como por ejemplo Zaqueo (ver Lc.19,1-10.), o también Mateo, al que Jesús llamó para ser su apóstol. (ver Mt.9,9-13).

Las tropas romanas significaron una carga enorme, y solían aplastar cruelmente cualquier intento de liberarse de la ocupación extranjera. Además, fueron una amenaza constante de adulterar la religión judía con ideas y elementos paganos.

¿Qué razones habrían podido tener los judíos para odiar al centurión?

Así que a los judíos no les faltaron motivos para tenerles bronca a esos militares romanos, invasores de la tierra de Israel. Sin embargo, el jefe de la centuria, estacionada en Cafarnaúm, es descrito como una persona bondadosa y respetuosa, y por eso muy querido por el pueblo. Evidentemente trata muy bien a su esclavo. Él mismo no lo llama así, sino con una palabra que más bien significa “mi muchacho”. Explícitamente se constata que lo “estimaba mucho”. Tiene la delicadeza de comunicarse con los ancianos, dirigentes de la comunidad judía, para que le presenten su pedido a su compatriota judío Jesús de Nazaret. Sabe respetar la religión diferente, y hasta la apoya. Da donaciones para que se construya para la población judía una casa de oración.

¿Por qué razones los judíos lo reconocieron al centurión como amigo, y no como enemigo?

Sin embargo, no se dice que alguna vez haya participado en el culto de la sinagoga. No se informa tampoco que haya dejado de ser un militar al servicio del imperio romano. En el texto bíblico llama la atención un giro inesperado. Primero, el centurión hace rogar a Jesús “que viniera a sanar a su servidor”. Pero cuando Jesús “ya estaba cerca de la casa”, le hace avisar por medio de unos amigos que no se moleste, y se declara indigno de que Jesús entre en su casa y tenga un encuentro personal directo con él. El centurión se mantiene a distancia. Pero cree en el poder de Jesús. Basta que dé una orden, a distancia y sin ritual alguno. Es como al principio de la creación: “Dios dijo… Y así sucedió.” Gén.1.

Sin duda, el centurión muestra una sincera humildad. Y nuevamente se puede descubrir una gran delicadeza en su actuar. Puede ser, que no quería incomodar al judío Jesús con el ambiente de su casa, seguramente decorada con imágenes militares romanas. Y es muy probable que no quería que Jesús, al entrar en la casa de un pagano, quedase legalmente impuro según las leyes judías, y tuviese problemas por eso.

¿En qué aspectos el centurión puede representar a personas buenas pero que no participan en la Iglesia?

De todas maneras, no se da un encuentro personal cara a cara con Jesús, como en la gran mayoría de los relatos bíblicos de sanación. Ni con el centurión, ni con el joven gravemente enfermo. Sin embargo, Jesús, tomando en cuenta la fe de aquel pagano, sana al “sirviente enfermo, a punto de morir”, sin entrar en su casa.

Jesús obra también maravillas en la casa de paganos, que no vienen a Misa y ni se preocupan por el Bautismo. La sanación sucede en Cafarnaúm, la “aldea del consuelo”. Jesús muestra que quiere consolar y sanar a toda la humanidad, no dejando a nadie fuera del Amor divino. Él es el Buen Pastor que ama y se preocupa por todas las ovejas, especialmente por las que no están dentro del corral de la Iglesia. (ver Jn.10,16).  “Dios, nuestro Salvador … quiere que todos se salven”. 1Tim.2,3s.

 

Lucas 6,39-45.

Ciclo C, Domingo 8º durante el año

Se cuenta que un fotógrafo pidió permiso para sacarle una foto a un benemérito ciudadano, conocido por todos por su humildad, honradez, amabilidad y generosidad. Después de algún tiempo volvió a ver a ese mismo señor y le dijo: “¿Puedo sacarle otra toma? Porque no sé por qué, pero todos a los que mostré su foto, me dijeron que es un rostro de un hombre lleno de odio, orgullo, egoísmo y maldad.” El ciudadano benemérito le contestó: “Tienen razón. Todas esas malas inclinaciones las llevo realmente dentro de mí. Lo que pasa es que tomé conciencia de mi orgullo, egoísmo, odio y mezquindad. Luché contra ellos, y con la ayuda de Dios los pude vencer.” El conocimiento de uno mismo y la sincera autocrítica son el primer paso para poder mejorar.

¿Cuáles son las condiciones indispensables para poder mejorar uno mismo y saber aconsejar a otros?

Jesús se dirige contra el orgullo propio y la hipocresía. Continuamos con la meditación del discurso de Jesús, el “sermón de la llanura”, que comenzamos hace dos semanas. La parte que leemos hoy, contiene palabras del Señor sobre la corrección a los que están en el error, y sobre la forma de reconocer a buenos y a malos.

La primera advertencia de Jesús se refiere al ciego que pretende guiar a otro ciego en el camino. Guiar a un ciego parece ser un gesto de amor, una ayuda a un necesitado. Pero en el fondo se puede esconder muy bien la tendencia de querer dominar al otro. Lo llevo adonde yo quiero. Me comporto como dueño del otro y de su destino. El viejo refrán popular ha señalado ya la ridiculez de la pretensión del guía ciego: los dos caerán en el pozo!

Jesús advierte a los simplistas que creen que los malos son siempre los otros, y quieren constituirse en maestros de los demás. Jesús, el Maestro verdadero, no ha querido arrogarse el derecho de guiar en el camino al ciego y dominarlo. Al contrario, respeta la libertad de cada uno. No se ha permitido juzgar a los demás, sino les ayudó a todos.

Guiar a otros, ¿qué tentación encierra?

En nuestra experiencia común fácilmente podemos constatar que un alumno llega a superar a su antiguo maestro. Fijémonos que el texto bíblico dice que el alumno no superará al maestro, sino que a lo más llegará a ser como él. Es que nosotros somos siempre discípulos de Jesús, y nunca podremos estar por encima de Él, nuestro único y verdadero Maestro. Y si todos debemos aprender de Él, nunca debemos ponernos encima de los demás, ni siquiera en el caso de que pensemos que los otros estén equivocados.

¿Por qué el discípulo no supera al maestro?

¿Por qué nos gusta tanto “sacar el cuero” al hermano? Porque tal vez no me aguanto a mí mismo. Entonces encuentro siempre un pelo en la sopa, y desquito el descontento conmigo mismo con los otros. No voy a aguantar que haya otros que sean mejores que yo. Al contrario, ¡que sirvan como fondo negro para que yo mismo pueda brillar mejor! Entonces, ¡cuánto más faltas y defectos, “pajas en el ojo del hermano”, descubro, tanto mejor para mí!

Jesús nos previene con la parábola del que quiere sacar una pequeña basura del ojo de su hermano, y no advierte que él mismo tiene una tremenda viga en el propio ojo. La figura es intencionalmente exagerada, como sucede más de una vez en las parábolas, para facilitar la comprensión de la enseñanza. Aquí se hace también para indicar que las deudas que tenemos con Dios son siempre mayores que los demás tienen con nosotros.

Antes de corregir al hermano que ha pecado, es necesario examinarme a mí mismo, para ver si no tengo las mismas o peores faltas. El intento de corregir al hermano debe nacer de la caridad, y la debe expresar. Jesús no se opone a la corrección fraterna, de la que el Evangelio de San Mateo recuerda el proceso comunitario (Mt.18,15-18). Una cosa es, juzgar que algo es objetivamente malo, y otra cosa es, juzgar que una persona y su intención sean malas. Una cosa es, juzgar si una obra es buena o mala, y otra cosa es, condenar a la persona misma. Hay que odiar el pecado, pero amar al pecador.

¿Qué quiere decir: “Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”?

Jesús mismo nos ofrece un criterio seguro para discernir nuestra vida como cristianos: son los frutos que produce.

Un árbol frutal es malo cuando produce solamente grandes hojas, muy hermosas tal vez, quizás también flores que después se marchitan. Es malo aunque luzca una altura muy grande y tenga gajos muy fuertes. Es que su bondad sólo se mide por la cantidad y la calidad de sus frutos.

Jesús nos advierte: Pueden ser muchas las cualidades que lucimos, pero que pueden ser hojas que engañan, pues recubren la falta de los frutos. Lo que importa, lo que determina la cualidad de una persona son sus frutos, es decir, las obras concretas que realiza en favor de los demás.

Lo que sucede con los árboles se da también entre los hombres: según lo que tenga cada uno en su interior, así serán sus palabras y obras. Porque el que en su interior tiene abundancia de mal, solamente podrá volcar maldad en sus acciones y errores en sus consejos, aunque suenen muy lindos. Quien tiene su vida injertada en la persona y el mensaje de Jesús, podrá tener su corazón lleno de bien, y solamente entonces estará en condiciones de aconsejar y corregir a su hermano.

Lucas 6,27-38.

Ciclo C, Domingo 7º durante el año

Lo que Jesús nos manda en este texto es muy hermoso. Pero sentimos que nuestra debilidad es demasiado grande para poder cumplirlo. Algunos han llegado a decir que la doctrina de Jesucristo es excelente, pero no es para este mundo.

Lo que se enseña en las escrituras de la Antigua Alianza parece que responde a la situación concreta de este mundo y al sentido común: El Antiguo Testamento nos habla de los enemigos de Israel como enemigos de Dios, y del enemigo personal como rechazado por Dios, ya que el justo y el piadoso están bajo la protección de Dios. Normalmente el amor y el perdón del enemigo aparecen limitados a los adversarios israelitas, a los que son del mismo pueblo y tienen la misma religión. El “prójimo” es el compatriota. El odio al enemigo extranjero parece para el Antiguo Testamento algo natural.

Para Jesús todo cambia radicalmente. Él une estrechamente el amor a los enemigos con el amor al prójimo. El prójimo es todo hombre.

¿Quién es “el prójimo” para el Antiguo Testamento?

¿Quién es “el prójimo” para Jesús y el cristiano?

El texto bíblico que estamos meditando, consiste en una serie de palabras de Jesús que explicitan las Bienaventuranzas que hemos tratado en nuestro encuentro anterior. Lo esencial se halla en los versículos 27 y 28: El discípulo de Jesús debe amar a los que lo odian, debe bendecir a los que lo maldicen. Ningún cálculo humano debe guiar al auténtico cristiano. La medida de su amor es el mismo Amor de Dios Padre: “Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.”

¿Cuál es la medida de amor para un cristiano?

¿Por qué el cristiano debe actuar así? ¿Para recibir algún día una recompensa que apenas se puede imaginar? Sí, por supuesto, Dios va a premiar divinamente todas las obras hechas con verdadero amor. Pero la razón más profunda y el objetivo más hermoso en definitiva es: llegar a parecerse a Dios, como el hijo se parece a su padre. El cristiano debe llegar a ser una verdadera imagen de Dios Padre. Haciendo el bien a sus enemigos imita la bondad de Dios, del que él mismo ha recibido también el perdón de sus pecados. Su amor a los enemigos es la respuesta agradecida al Dios de la misericordia.

¿Por qué el cristiano debe hacer el bien a sus enemigos?

No es cuestión de tomar al pie de la letra algunas frases que expresan una actitud que debe acompañar todos nuestros actos. Por ejemplo: “Dale a todo el que te pida”. Jesús no da una norma que se debe aplicar automáticamente en todos los casos. Porque a veces puede ser que no debemos dar nada, porque sería apoyar el vicio no más. Jesús quiere inquietar nuestra conciencia: ¿Por qué te niegas a dar? ¿Porque eres egoísta, o te interesa realmente el bien de tu hermano?

Y recordemos que Jesús mismo no presentó también la otra mejilla, cuando lo pegaron, sino se defendió: “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” Jn.18,22s.Presenta también la otra mejilla” quiere decir: No devuelvas mal por mal. Sé pacífico. Rompé el círculo vicioso de la violencia.

¿Cómo hay que entender: “Dale a todo el que te pida”?

¿Cómo hay que entender: “Presenta también la otra mejilla”?

El amor del discípulo de Jesús, en el Nuevo Testamento, siempre es entendido no como un sentimiento no más, sino como una acción y una tarea. Debe alcanzar incluso a aquellos que aparentemente no lo merecen: los que te odian, los que te golpean, y los que te roban.

El versículo 31: “Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.” suele llamarse “la regla de oro” de la caridad cristiana. Aclara que el amor no se limita a evitar el mal, sino que implica el compromiso de hacer el bien a toda persona. Lo que se busca siempre es el bien del otro, y no solamente un amor recíproco. Porque lo último lo hacen también los paganos. El amor del cristiano auténtico no consiste en la búsqueda de la plenitud personal, sino en entregar la propia vida por los otros. Todas las demás actitudes pueden esconder un egoísmo, una búsqueda de mi propio bien por medio de los demás.

El amor cristiano es bien distinto de lo que hoy muchos defienden como “derecho a autorrealizarse”. Si yo me quiero autorrealizar, voy a usar a los demás como un medio para conseguir mis fines. Y los pierdo como hermanos y amigos. Al final me quedo en la soledad.

¿A qué me compromete “la regla de oro” de la caridad cristiana?

Uno se podría extrañar que Jesús no hable de reformar la sociedad. Bien es cierto que un orden social injusto impide que los hombres vivan dignamente y puedan crecer. Pero Jesús va a lo esencial: la raíz del mal está en las personas. Por eso dijo el Papa Pablo VI: “No hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio.”

Lucas 6,17.20-26.

Ciclo C, Domingo 6º durante el año

Un hombre está sentado a la orilla de un lago. Aunque no tiene ningún defecto de vista, no está en condiciones de darse cuenta de todo lo que hay en el agua: la arena, las piedras y las distintas clases de peces de todos los colores. Porque el agua está turbia … 

Las palabras de Jesús nos hacen ver que nuestra vida tiene una dimensión escondida que no puede vislumbrarse con los ojos de este mundo. Porque hay muchas ideas y cosas turbias … Jesús nos hace penetrar hasta el fondo y la profundidad de nuestra vida.

A nadie se le habría ocurrido afirmar en serio que son felices los que no tienen ni un peso en su bolsillo, los que sufren hambre, o los que lloran porque sufren, ni tampoco los que son perseguidos o marginados de la sociedad. El Evangelio tiene una óptica muy especial. Porque los hombres solemos mirar solamente la felicidad del momento, mientras Dios mira nuestra vida en su totalidad. Y desde este punto de vista las cosas pueden ser bien diferentes.

Jesús lo pone todo cabeza abajo. No solamente aquí, sino en muchos otros lugares: Proclama feliz el que da sin esperar retribución (ver Lc.14,12-14). Afirma: “El más pequeño de ustedes, ése es el más grande.” Lc.9,48. “Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.” Lc.14,11. “Los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos.” Mt.20,16. “El que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la salvará.” Lc.9,24. “Lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios.” Lc.16,15.

Jesús habla en serio. No es sólo cuestión de palabras.

¿Dónde se ve que Jesús lo pone todo cabeza abajo?

Con el texto que estamos meditando, se inicia el “sermón de la llanura”. Se lo llama así para distinguirlo del “sermón de la montaña”, que encontramos en el Evangelio según San Mateo (capítulos 5 al 7). Mateo ubica esta larga predicación de Jesús en la montaña. Mateo quiere destacar la figura de Jesús a la luz de la de Moisés en la montaña del Sinaí (ver Éx.19,20), mientras Lucas presenta a Jesús evocando a Moisés cuando “bajó adonde estaba el pueblo” Éx.19,25. para promulgar los Diez Mandamientos. Para Lucas la montaña es lugar de visión (transfiguración) y oración, donde Jesús siempre está solo o con algunos discípulos más cercanos. Pocos renglones más arriba, se lee que “Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.” Lc.6,12.

Mateo describe más bien actitudes del hombre justo. Él habla de pobres de espíritu, de los que tienen hambre y sed de ser justos, de los mansos y de los misericordiosos, y omite los lamentos sobre los que tienen las condiciones contrarias. San Lucas encara más bien situaciones sociales concretas de este “valle de lágrimas”, y acentúa más crudamente la inversión de situación entre esta vida y la futura. Este mismo tema lo dramatizará en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cap. 16).

¿En qué se nota el enfoque diferente entre el “sermón de la montaña” de Mateo, y el “sermón de la llanura” de Lucas?

En el texto bíblico lo escuchan a Jesús judíos y paganos venidos de las ciudades de Tiro y Sidón. El mensaje de Jesús se dirige a todos. Pero después dice el texto que Jesús se fijó en sus discípulos. Los destinatarios de las Bienaventuranzas o anuncios salvíficos son para los pobres que saben aprender de Él. Se trata siempre del mismo y de un solo grupo de personas: ya que los que tienen hambre, los que lloran, o los que son perseguidos corresponden a situaciones concretas que los pobres viven.

¿A quiénes se dirige Jesús con el “sermón de la llanura”?

“Feliz / dichoso el hombre” es una expresión frecuente en la Biblia, y se refiere a los que son gratos a Dios, y que por lo tanto merecen la felicidad eterna. No se trata de cualquier forma de felicidad, sino de la total y definitiva. Por eso las antiguas traducciones castellanas usaban la palabra “bienaventurados” allí donde hoy se suele traducir con “felices” o “dichosos”.

Feliz no es cualquier pobre, sino aquel pobre que se descubre necesitado y se abre a Dios, para recibir de su Gracia (“gratis”, “gratuitamente”) lo que carece en este mundo, y mucho más. El Evangelio no dice que los pobres son felices solamente por ser pobres, sino porque su condición va a cambiar. Dios les hará justicia. Igualmente, los ricos no son desdichados por el solo hecho de que están viviendo bien, sino porque no quieren ver al hermano, y porque por eso la situación de ellos va a cambiar para peor.

¿Quiénes son felices?

El grito de dolor “¡ay!” (o como otros traducen: “pobres de ustedes”) se solía usar en los velorios. Expresa el dolor por la muerte de alguien. Llama la atención que Jesús entona lamentos fúnebres sobre personas que todavía están vivas. Y no solamente eso. Además se las tiene por las más felices en este mundo: los ricos, los que comen bien, están alegres y son aplaudidos por todos.

Las palabras de Jesús son amenaza de juico para los satisfechos que saben que hay muchos que sufren extrema necesidad, y sin embargo despilfarran los bienes, y se ríen en la cara de los pobres. Son duros de corazón y oprimen al hermano. Y a pesar de todo eso, andan con una tranquilidad de conciencia sorprendente. Confían en la falsa seguridad que les dan el poder y las riquezas materiales. Son ciegos, porque no ven que sus bienes materiales no compartidos con los que sufren, se convertirán en maldición.

¿Quiénes son los desdichados?

El momento de la muerte va a invertir la situación de cada uno definitivamente. Para los que se abren a Dios, la nueva situación del Reino se da en un principio ya en este mundo. Su vida empezará a cambiar para mejor, aquí y ahora.El Libro de los Hechos dice que entre los primeros cristianos no había ningún pobre, porque tomaron en serio las palabras de Jesús, y trataron de vivir en su Espíritu.

“¡Navega mar adentro!”

Lucas 5, 1-11.

Ciclo C, Domingo 5º durante el año

El relato bíblico que estamos meditando suele llevar el título “La pesca milagrosa”. Está lleno de simbolismos. Sigue leyendo →

Del aplauso al escrache… y algo peor…

Lucas 4, 21-30.

Ciclo C, Domingo 4º durante el año

Con su primer sermón en el pueblo donde se había criado, Jesús había hecho una muy buena figura, había cosechado aplausos y admiración. Es que estaban acostumbrados a escuchar sermones que pusieron el acento sobre el juicio de Dios sobre los hombres. El día que venga el Señor, castigaría severamente a los culpables. Jesús, en vez de hablar de castigos, habla de la salvación misericordiosa de Dios.

Todo caminaba 10 puntos. Pero en medio del entusiasmo surge una pregunta:Sigue leyendo →

El programa del gobierno de Jesús.

Lucas 4, 14-21.

Ciclo C, Domingo 3º durante el año

Lucas ha compuesto su obra (Evangelio y Libro de los Hechos), según un orden geográfico: Jesús comienza su misión en Nazaret, pueblo en el que se ha criado. La parte central la forma el gran viaje de Jesús a Jerusalén. Los acontecimientos de la muerte y de la Pascua están todos ubicados en esa ciudad. De allí no se sale hasta después de Pentecostés. Armados con el poder del Espíritu, los apóstoles salen de Jerusalén para llevar el Evangelio a todo el mundo. Sigue leyendo →

600 litros de agua cambiada en vino, son sólo el comienzo…

Publicado el 19/01/20132 comentarios

Juan 2, 1-12.

Ciclo C, Domingo 2º durante el año

En este texto bíblico se trata de algo más que impedir que una fiesta de casamiento en un pueblito se vaya al tacho. También se trata de algo más que de un milagro. Sigue leyendo →

Jesús satisface mi hambre de vida.

Lucas 9,11-17.

Ciclo C, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi)

Entre los relatos de los milagros de Jesús, la multiplicación de los panes es el único que se encuentra en los cuatro evangelios. Mateo y Marcos lo traen cada uno en dos versiones un poco diferentes. Esta insistencia nos indica que para los primeros cristianos este hecho ha tenido una importancia excepcional, y que se usaba con mucha frecuencia en la catequesis. Sigue leyendo →

¿La fe en la Santísima Trinidad es bíblica?

Juan 16,12-15.

Ciclo C, Santísima Trinidad

Se cuenta que San Agustín pasaba días y noches enteros pensando en el misterio de la Santísima Trinidad. Una vez, cuando caminaba a orillas del mar, vio a un niño que había hecho una pequeña excavación en la playa. “¿Qué estás haciendo?”, le preguntó el Obispo. Contestó el niño: “Estoy echando el mar en mi hoyo.” Entonces se rio San Agustín: “¿Cómo vas a poder meter el infinito mar en tu pequeño pocito?”. Y el niño respondió: “¿Y cómo vos vas a querer comprender al Dios infinito con tu pequeña cabeza?”. Sigue leyendo →

Los gansos y el Espíritu Santo…

1Corintios 12,3b-7.12.13.

Ciclo C, Domingo de Pentecostés

Los gansos habitan un patio amplio. Cada primer día de la semana se reúnen en el centro de él. Un viejo ganso sube a un púlpito, y les dirige un sermón sobre la maravilla de ser gansos. Cuenta cosas espléndidas del pasado. Hubo tiempos en que los antepasados se atrevieron a volar. Sigue leyendo →

Con la fuerza que viene de lo alto….

Publicado el 11/05/20131 comentario

Lucas 24,46-53.

Ciclo C, La Ascensión del Señor

Después de su primer viaje al espacio, los cosmonautas soviéticos afirmaron que no habían visto en ningún lugar del cielo algo así como un dios.

San Lucas dice que Jesús “fue llevado al cielo”. Sigue leyendo →

¡No se inquieten, ni teman!

Juan 14,23-29.

Ciclo C, Domingo 6º de Pascua

Durante la Revolución francesa fueron condenadas a la muerte 16 carmelitas, por fanatismo como rezó la sentencia. “¿Qué es eso: fanatismo?”, preguntó al juez una de las religiosas sencillas. “Es la maldita adhesión de ustedes a la religión!”. “¡Qué lindo, morir para Jesús!”, dijo la hermana. Todas tuvieron que subir a la carreta y fueron llevadas al lugar de la ejecución. Sigue leyendo →

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¿Cómo se reconoce a un cristiano?

Juan 13.34.35.

Ciclo C, Domingo 5º de Pascua

Un periodista había observado durante un día cómo la Madre Teresa de Calcuta sirvió con todo amor y entrega a los más pobres de los pobres. El sólo mirar esa realidad le había causado asco y repugnancia. Al final le dijo a la religiosa: “¡Esto yo no lo haría ni por un millón de dólares!”. Contestó la Madre Teresa: Sigue leyendo →

Unidos a Jesús, Buen Pastor…

Juan 10,27-30.

Ciclo C, Domingo 4º de Pascua

Un hombre está sentado debajo de una palmera, en medio del desierto, y toca el violín. Se acerca un león, hace una vuelta alrededor del artista, se acuesta y escucha la música. Llega otro león, olfatea, se acuesta y escucha. Se acerca un tercero, Sigue leyendo →

«¡Es el Señor!»

Juan 21,1-14.

Ciclo C, Domingo 3º de Pascua

El texto que meditamos hoy, está tomado del apéndice del Evangelio de San Juan. Este capítulo fue agregado más tarde. Mientras tanto la Iglesia había sido implantada en todas partes del Imperio Romano. Ya había llegado a ser una Iglesia mundial. Tuvo que surgir la pregunta: “¿En qué se basa la unidad de la Iglesia? ¿Cuál es nuestra tarea común?”. Sigue leyendo →

Tomás, uno de los Doce, para nada incrédulo…

Juan 20,24-29.

Ciclo C, Domingo 2º de Pascua

“Vos sos un Tomás incrédulo!”, le decimos al que no quiere creer alguna cosa. Pero lo tratamos al apóstol Tomás muy injustamente llamándolo “incrédulo”.Sigue leyendo →

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“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”

Lucas 24,1-12.

Ciclo C, Domingo de Pascua de Resurrección (Vigilia)

Las mujeres fueron al sepulcro de Jesús “el primer día de la semana al amanecer”, es decir, al amanecer del día que pronto se llamó “Domingo”: “Día del Señor”, precisamente por la Resurrección del Señor Jesucristo. En la Biblia, todas las apariciones del Resucitado ocurren en un día Domingo, como también la venida del Espíritu Santo, el Domingo de Pentecostés. Sigue leyendo →

El Salvador montado sobre un burrito…

Lucas 19,28-40.

Ciclo C, Domingo de Ramos

Imaginémonos que llega de visita el presidente de una nación extranjera. Se le hace una solemne ceremonia de recepción, con banda de música, banderas, tropas de honor y alfombras rojas. Después el presidente visitante, entre los aplausos de mucha gente, sube a una bicicleta para trasladarse al palacio de gobierno, en medio de una escolta de motos policiales de máxima cilindrada y gran cantidad de coches lujosos. Sigue leyendo →

“El que no tiene pecado que tire la primera piedra.”

Juan 8, 1-11.

Ciclo C, Domingo 5º de Cuaresma

La cuestión de la mujer sorprendida en adulterio ponía a Jesús en un verdadero aprieto. Los maestros de la Ley y los fariseos habían preparado muy bien la trampa, y no fue nada fácil escaparse de ella. Sigue leyendo →

Un padre tenía dos hijos…

Publicado el 08/03/20131 comentario

Lucas 15, 1-3.11-32.

Ciclo C, Domingo 4º de Cuaresma

Estamos en el cuarto escalón del camino de conversión de esta Cuaresma: el Evangelio del primer Domingo de Cuaresma nos enseña que es posible vencer la tentación. El del segundo que estamos llamados a transformarnos a imagen de Jesús. El del tercero, que nuestra conversión es urgente. Hoy la parábola del hijo pródigo nos enseña que la conversión y el perdón se ofrecen a todos. Con una sola condición: que se escuche la Palabra de Dios y se la practique.

Mejor se debería llamar esta enseñanza de Jesús: “La parábola del Padre misericordioso”. Sigue leyendo →

Desgracias y culpas…

Lucas 13, 1-9.

Ciclo C, Domingo 3º de Cuaresma

Las aguas del río Iguazú llevan la canoa peligrosamente en dirección a las cataratas. Sus ocupantes, turistas, se divierten bárbaramente. En ese momento, un hombre, desde la orilla, les grita: “¡Vuelvan hacia arriba! Si no, les va a tragar la Garganta del diablo!!!”. Sigue leyendo →

“Éste es… el Elegido, escúchenlo.”

Lucas 9, 28b-36.

Ciclo C, Domingo 2º de Cuaresma

El Evangelio del 2º Domingo de Cuaresma está en estrecha relación con el del primero. Es como la otra cara de la misma moneda. Hace una semana hemos contemplado la condición humana de Jesús: él está sometido a las tentaciones como cualquiera de nosotros. Hoy lo contemplamos en su condición divina, transfigurado, glorioso, Hijo amado de Dios. Sigue leyendo →

“El que confunde” = “el diablo”.

Publicado el 15/02/20132 comentarios

Lucas 4, 1-13.

Ciclo C, Domingo 1º de Cuaresma

Las tentaciones de Jesús son también las nuestras. Son las tentaciones de todos los cristianos de todos los tiempos. Las tentaciones son miles. El Evangelio las concentra en tres: Sigue leyendo →

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Solidario.

Lucas 3, 15.16.21.22.

Ciclo C, El Bautismo del Señor

En cuatro celebraciones seguidas meditamos el mismo misterio de lamanifestación de la Salvación de Dios en Jesús, cada vez desde otra perspectiva. Lo hemos hecho en Navidad y en la fiesta de la Epifanía del Señor, llamada popularmente la fiesta de los Reyes Magos. La palabra griega “Epifanía” significa en castellano justamente: “Manifestación”. Sigue leyendo →

De cualquier clase y condición…

Efesios 3, 2-6.

Ciclo C, Epifanía del Señor

(Para la fiesta de la Epifanía del Señor, la Iglesia propone todos los años los mismos textos bíblicos. Por eso elegimos acá la 2ª lectura de la Misa. Ver el relato de los magos [Mt.2,1-12.] en el Ciclo A).

Dos misioneros católicos se cruzan en el aeropuerto de Roma: un africano con destino a Europa, y un europeo con destino a África. Conversan animadamente y se dan un fuerte abrazo.

San Pablo se habría alegrado infinitamente si en su vida terrenal hubiese podido observar esta escena. Sigue leyendo →

Buscando a Jesús (¿perdido?) …

Lucas 2, 41-52.

Ciclo C, La Sagrada Familia de Jesús, María y José

La peregrinación a Jerusalén significa para Jesús, al haber cumplido 12 años, el comienzo de una nueva etapa de su vida y de la de sus padres. Con esa edad un judío se integra plenamente en la comunidad religiosa. Se convierte en un “hijo de la Ley”. Desde ese momento está sometido a las prescripciones de la Ley, es decir: a los mandamientos de Dios. Sigue leyendo →

“Y la Palabra se hizo carne…”

Juan 1, 1-5.9-18.

Ciclo C, Natividad del Señor

Para el día de Navidad, a un párroco se le ocurrió algo medio extraño. Cuando la gente, como todos los años, venían a la Misa, vivieron una gran desilusión. En el lugar donde solía estar el pesebre con el Niño Jesús, lucía un gran cartel que decía: “Jesús no es más un niño. Mientras tanto ya se hizo grande”. Sigue leyendo→

Especialmente en los tiempos de Navidad…

Lucas 1, 39-45.

Ciclo C, Domingo 4º de Advient0

El relato bíblico de la visita de María a Isabel trata algo más que una simple visita familiar. Sigue leyendo →

¿Qué debemos hacer los milicos, albañiles, médicos, abogados…???

Lucas 3, 10-18.

Ciclo C, Domingo 3º de Advient0

Meditando el Evangelio del Domingo pasado, ya hemos dicho que “penitencia” es un cambio de la manera de pensar y actuar. Es tomar otro rumbo, distinto del que se estaba siguiendo. Sigue leyendo →

Debo cambiar el camino de mi vida…

Lucas 3, 1-6.

Ciclo C, Domingo 2º de Adviento

A veces se suele amenazar a un niño con ponerlo “en penitencia”.  Mucha gente asocia la penitencia con un acto penoso. Pero “penitencia” significa ante todo un cambio de mentalidad, una corrección del rumbo. Sigue leyendo →

El fin del mundo me llena de ánimo.

Lucas 21, 25-28.

Ciclo C, Domingo 1º de Adviento

La sola mención del “fin del mundo” produce malestar en muchas personas.  Tienen miedo a una guerra atómica, o que el agujero de ozono haga que no se pueda vivir más sobre la tierra. También se debe a que muchos han hablado o han escrito sobre este tema tan delicado aportando confusión en vez de clarificación. A veces han sido algunas sectas que viven constantemente alarmadas con una enfermiza expectativa. Dan fechas precisas del fin del mundo, que nunca se cumplen, y siempre se aplazan para más tarde. Otras veces son las obras de ciencia-ficción. Ellas nos hablan de invasiones de seres extraterrestres o de guerras en el universo. En todo eso no queda lugar para la esperanza ni para el Reino de Dios.

Sin embargo, Jesús nos invita a levantar la cabeza y tener ánimo. Sigue leyendo→

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El Rey con una corona de espinas.

Juan 18, 33-37.

Ciclo B, Domingo 34º durante el año — Fiesta de Cristo Rey

Todos estamos en la tentación de querer imponernos a la fuerza. Queremos salir con lo nuestro. Los métodos para imponerse son muchos y diversos: Se lo intenta esgrimiendo argumentos. Pero éstos no siempre dan resultado. O se insiste en la autoridad. Y así uno se pone fácilmente en ridículo. O uno retira el cariño; un modo especialmente feo. O con silencio, que puede ser diabólicamente agresivo. O se lo aguijonea al adversario como mil avispas… Sigue leyendo →

¿Qué futuro podemos esperar?

Marcos 13, 24-32.

Ciclo B, Domingo 33º durante el año

Después de la ilusión de progreso, un tanto ingenua, de la década de los 60, hoy por hoy no le damos mucho futuro a nuestro globo. Muchos jóvenes hablan de “no future” (“no hay futuro”), y se retiran al mundo ilusorio de las drogas, o se encierran en la felicidad privada dentro de las cuatro paredes. Sigue leyendo →

Dios no mira la billetera…

Marcos 12, 41-44.

Ciclo B, Domingo 32º durante el año

En el momento de morir, un hombre rico pensaba solamente en lo que había pensado durante toda su vida: en la plata. Con sus últimas fuerzas se sacó la llave que llevaba atada al cuello, señaló el cofre que estaba al lado de su lecho, y mandó que le pusieran la bolsa repleta de monedas de oro en el ataúd. En la otra vida veía una mesa puesta con las comidas más ricas. — Decime, ¿cuánto vale este plato? — Un centavo. — ¿Y aquella torta? — También un centavo. El hombre se sonreía: “barato, maravillosamente barato”, pensaba, Sigue leyendo →

Lo primero de todo…

Publicado el 02/11/20122 comentarios

Marcos 12, 28-34.

Ciclo B, Domingo 31º durante el año

Un maestro de la ley, parece con intención sincera, pregunta por el primero de todos los mandamientos. En aquel entonces se discutía vivamente esta cuestión. Un número exagerado de imposiciones y prohibiciones, no pocas veces insignificantes, impedía ver con claridad lo realmente importante. Sigue leyendo→

Camino con la luz de la fe en mi alma…

Marcos 10, 46-52.

Ciclo B, Domingo 30º durante el año

Existen miles y miles de Bartimeos. Ese mendigo ciego es todo un símbolo de todos los marginados, abandonados, impedidos y aislados. Por su enfermedad no se puede valer por sí mismo. No le queda otra que recurrir a la limosna para poder sobrevivir. Su grito por la solidaridad y la “justicia demasiado largamente postergada” molesta muchas veces. Entonces no lo queremos oír. Queremos hacerlo callar. Decimos que en el país no hay pobres. O trasladamos villas de emergencia a otro lado, para que no estorben la hermosa imagen que pensamos presentar a los turistas internacionales. Sigue leyendo →

Ambiciones…

Marcos 10, 35-45.

Ciclo B, Domingo 29º durante el año

Cuanto más alto uno quiere construir un edificio, tanto más profundo tiene que cavar el fundamento. El edificio, antes que pueda crecer hacia el cielo, tiene que bajar a la profundidad.

Jesús les aclara a sus discípulos que antes de llegar a la gloria, deben servir abajo en la tierra. Sigue leyendo →

Rico, y pobre a la vez…

Marcos 10, 17-30.

Ciclo B, Domingo 28º durante el año

Un hombre viene corriendo. Su pregunta tiene urgencia. La plantea sin rodeos: “¿Qué debo hacer para heredar la Vida eterna?”, o sea: “¿Qué debo hacer para que mi vida no termine en la nada?”. Sigue leyendo →

Varón y mujer…

Marcos 10, 2-12.

Ciclo B, Domingo 27º durante el año

Dejemos tranquilamente de lado a ciertas “estrellas” que cada dos años, después de un nuevo divorcio, se jactan de haber encontrado por fin el gran amor. Seguramente conocemos a personas, tal vez muy cercanas, y que nos merecen toda estima y respeto, a quienes nos parece duro negarles el “derecho de rehacer su vida”. Sigue leyendo →

No traces el círculo muy pequeño…

Marcos 9, 38-41.

Ciclo B, Domingo 26º durante el año

“¡No traces el círculo muy pequeño! El mundo de Dios es más grande que el mundito al que estás acostumbrado”, nos quiere decir Jesús hoy. Y nos quiere liberar de la tentación de encerrarnos en nuestro pequeño círculo. Sigue leyendo→

¿Quién es el más grande?

Marcos 9, 30-37.

Ciclo B, Domingo 25º durante el año

Había una vez una pequeña lámpara. Irradiaba una luz suave, muy agradable. La gente se sentía a gusto con ella. También la pequeña lámpara estaba contenta consigo misma y con el mundo — hasta el momento en que descubrió que existían luces mucho más potentes que ella. Sigue leyendo →

Me salvo únicamente por la fe.

Santiago 2, 14-18.

Ciclo B, Domingo 24º durante el año

En sus cartas a los cristianos de Roma y a los cristianos de Galacia, San Pablo explica con insistencia que una persona no puede salvarse por sus propias obras, sino únicamente por la fe. Sigue leyendo →

“¡Efatá!”

Marcos 7, 31-37.

Ciclo B, Domingo 23º durante el año

“No hay peor sordo que el que no quiere oír”, dice el refrán.

Más de uno no quiere escuchar nada más, y se vuelve una persona callada porque le mintieron demasiadas veces. Y cada uno de nosotros conoce situaciones donde oye, pero no entiende, y donde en lugar de poder hablar se le hace un nudo en la garganta. Cuanto menos nos sentimos comprendidos, tanto más nos sentimos excluidos de la comunidad. Y en el caso extremo, el hombre se vuelve incapaz de comunicarse, sea con los demás, sea con Dios. Se torna sordo y mudo. Sigue leyendo →

“Felices los que tienen el corazón puro…”

Publicado el 30/08/20121 comentario

Marcos 7, 14-23.

Ciclo B, Domingo 22º durante el año

En el día del cumpleaños de su señora, el marido llega antes de lo acostumbrado. Se acerca a su esposa, le da un beso y le dice: “No te compré ninguna cosa para regalarte. Sigue leyendo →

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“Señor, ¿a quién iremos…?”

Juan 6,60-71.

Ciclo B, Domingo 21º durante el año

Un aristócrata ruso había sido denunciado ante el zar, y fue desterrado a Siberia. Como hombre de fe mantenía una costumbre piadosa: nunca se sentaba con su familia a la mesa sin reservar un lugar para una visita inesperada, o para el caso de “que Jesús mismo viniera a visitarlos”. Un día alguien golpeó la puerta y pidió ayuda. El aristócrata se dio cuenta de que fue justamente aquel hombre que lo había traicionado ante el rey. Sigue leyendo →

Jesús me ofrece vivir para siempre.

Juan 6,51-58.

Ciclo B, Domingo 20º durante el año

Los cristianos se habían enterado de que el próximo día muchos de sus hermanos en la fe iban a ser martirizados. Corrían tiempos de violenta persecución. Todos buscaban la manera menos riesgosa para llevarles a los encarcelados el Cuerpo de Cristo para que fuesen fortalecidos con el Pan sagrado. Pensaron: un niño no va a despertar sospechas en los guardias. Entonces se puso en camino Tarcisio, un niño todavía, de 12 años. Sigue leyendo →

“Yo soy el pan de Vida.”

Publicado el 10/08/20123 comentarios

Juan 6,41-51.

Ciclo B, Domingo 19º durante el año

El hoy tan famoso escritor ruso Dostojewski había sido condenado a ser fusilado. Sus ojos ya estaban vendados. Sigue leyendo →

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También mi corazón tiene hambre…

Juan 6,24-35.

Ciclo B, Domingo 18º durante el año

Después de la caída del muro de Berlín, en el año de 1989, muchos se pudieron liberar de la esclavitud de regímenes comunistas. Pero, apenas había pasado el primer entusiasmo por la libertad, se dieron cuenta de que la libertad democrática lleva consigo riesgos y desafíos. Y pronto surgieron voces diciendo que antes la vida fue mejor. Sigue leyendo →

No sólo mi estómago tiene hambre…

Publicado el 26/07/20121 comentario

Juan 6,1-15.

Ciclo B, Domingo 17º durante el año

Estamos acostumbrados a hablar del «milagro de la multiplicación de los panes». Sin embargo, el Evangelio según San Juan nunca llama las obras extraordinarias de Jesús «milagros», sino las presenta como «signos». Sigue leyendo →

¿Cómo logro descansar bien?

Marcos 6,30-34.

Ciclo B, Domingo 16º durante el año

Costó encontrar a los Matrimonios Guías para animar a los grupos de Catequesis Familiar. Algunos expresaron no sentirse suficientemente preparados. Pero finalmente los encuentros pudieron comenzar. Después de pocas semanas los Guías se encontraron con el párroco para una primera evaluación. Sigue leyendo→

Debo expulsar a muchos demonios.

Marcos 6,7-13.

Ciclo B, Domingo 15º durante el año

Un papá moribundo convoca a sus hijos. Les pide que traigan un atado de palitos. Entonces les ordena que quiebren el atado. Ninguno de ellos lo logra. Luego el anciano moribundo separa los gajos, rompe uno por uno, y les dice a sus hijos: “Si ustedes quedan unidos, nadie les va a poder hacer daño. Pero si están divididos, fácilmente les pueden hacer cualquier mal. Piensen en esto cuando yo esté muerto.” Sigue leyendo →

¿Qué hacer ante el fracaso?

Marcos 6,1-6a.

Ciclo B, Domingo 14º durante el año

Una rana vivía ya desde hacía mucho tiempo en su pozo. Allí había nacido y se había criado. Era una rana pequeña y sin importancia. Un día recibió la visita de otra rana. “¿De dónde venís vos?”, le preguntó. “Yo vengo del mar”, respondió la rana visitante. Sigue leyendo →

Dios quiere que yo viva!!!

Publicado el 28/06/20121 comentario

Marcos 5,21-43.

Ciclo B, Domingo 13º durante el año

Después de aquella catástrofe atómica en la entonces Unión Soviética, esta noticia dio la vuelta alrededor del mundo: “Se le puso al reactor atómico accidentado de Chernobyl un ataúd de 400.000 metros cúbicos de hormigón armado. Quedó encerrado también el empleado Waleriy Jodemchuk, uno de los 31 muertos oficialmente admitidos.”

Muchos dicen: “Muerto es muerto. Y nadie puede devolverte a un hijo fallecido.” Sin embargo Sigue leyendo →

A Dios, ¿le importan mis angustias?

Publicado el 23/06/20121 comentario

Marcos, 4,35-41.

Ciclo B, Domingo 12º durante el año

El siglo décimo entró en la historia de la Iglesia como el «siglo oscuro». Hubo mil y un problemas y peligros para la Iglesia. El barquito de Pedro se parecía a un bote agujereado por todas partes. Cómo la Iglesia pudo sobrevivir ese tiempo, sólo Dios lo sabe. Sigue leyendo →

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En 2000 años, ¿qué cambió el cristianismo?

Marcos, 4,26-34.

Ciclo B, Domingo 11º durante el año

“Ya hace casi 2000 años existe el cristianismo sobre la tierra. Pero igual cambió muy poco. Parece que los hombres no son mejores ni peores que antes, se arman guerras como siempre, siguen las injusticias que gritan al cielo, hay ricos que no saben cómo malgastar la plata y tantos pobres que no tienen ni para comer. Sigue leyendo →

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Marcos 3, 20-35.

Ciclo B, Domingo 10º durante el año

“¡Loco, incurablemente loco! ¡Se puso tarado!”, fue el comentario en toda la ciudad de Asís, cuando Francisco renunció a su gorda herencia y a su vida hasta entonces llena de placeres livianos. Como San Francisco de Asís, tantos otros santos hicieron lo contrario de lo que esperaba su ambiente. Y por eso fueron declarados unos trastornados. En verdad, solamente tomaron en serio a Jesús.

Jesús mismo, el Maestro, con lo que dijo e hizo, perturbó grandemente la acostumbrada tranquilidad. “Es un exaltado”, decían sus parientes. “Está poseído por el diablo”, sentenciaron los maestros de la Ley. Los unos piensan que pone en ridículo a toda su parentela. Para los otros Jesús amenaza a destruir la religión.

Jesús está en casa. Pero los suyos lo ven fuera de su casa, e incluso fuera de sí. Declarándolo como perturbado en la mente, piensan poder liberarse de tener que tomar en serio sus palabras. No comprenden el llamado de Dios. Son como aquel padre que dice a su hijo: “¿Qué se te ocurre? ¡Ni pensar que te hagas cura! Vos tenés que seguir con el negocio que yo levanté con tanto esfuerzo!”. Pretenden juzgar las cosas de Dios con criterios puramente humanos, o desde mezquinos intereses propios. O tal vez actuaron ante todo por miedo. Vivían en un “territorio ocupado”. Y los romanos se pusieron brutos cuando algún movimiento popular les parecía sospechoso. Más tarde, al terminar Jesús en la cruz, sus parientes podían sentirse confirmados en sus temores.

¿Por qué los parientes de Jesús lo llamaron “un exaltado”?

Los escribas emiten una acusación muy grave contra Jesús: es un agente de Satanás. Está aliado con el diablo. De entrada no se les ocurrió que Jesús pudiera estar aliado con Dios. No se trató solamente de un ataque con palabras. Fue una amenaza contra la vida misma de Jesús, porque aliarse con el diablo era castigado con la muerte por lapidación, es decir: morir apedreado. Jesús desenmascara la inconsistencia de la acusación de los maestros de la Ley. Si Él tuviera el poder de Satanás, y lo utiliza para luchar contra Satanás, es como si Satanás estuviera en guerra contra sí mismo. Por lo tanto, su reino diabólico terminaría pronto. No habría entonces por qué preocuparse. Una vez más fueron los adversarios de Jesús que quedaron en ridículo.

La verdad es que Jesús no actúa con fuerzas diabólicas, sino con poder divino. Él es más fuerte que Satanás. Lo reduce a la impotencia, atándolo, y le arrebata al diablo a los que éste mantiene cautivos. Jesús usa el poder divino para dejar sin fuerzas a Satanás, y los hombres ahora quedan liberados de las fuerzas del mal.

¿Qué quisieron lograr los escribas con su acusación de que Jesús “está poseído por un espíritu impuro”?

¿Cómo se defiende Jesús?

Quien se obstine en ver a Jesús como endemoniado, cae en el único pecado imperdonable. La blasfemia contra el Espíritu Santo nunca recibirá perdón. El que la cometa, llevará su pecado eternamente. Pero no se trata de decir una mala palabra contra el Espíritu Santo. Esta falta, teniendo el debido arrepentimiento, podrá ser perdonada como todos los otros pecados. Se trata de la blasfemia contra el Espíritu Santo que están cometiendo los escribas: al Espíritu Santo, que actúa en Jesús, lo llaman Satanás, y por eso mismo lo desprecian. Si se tratara solamente de un acto, como el hecho de pronunciar una palabra blasfema, el hombre podría recapacitar y ser perdonado. Pero los escribas no comprenden a Jesús porque no quieren comprender. El que está cometiendo la blasfemia contra el Espíritu Santo se encierra en una actitud rebelde que le impide arrepentirse y cambiar, y por eso se puede hablar de pecado imperdonable. Es que una persona así no quiere ser perdonada. Se cierra al amor de Dios.

¿Qué significa que “el que blasfeme contra el Espiritu Santo, no tendrá perdón jamás”?

Jesús aclara que para pertenecer verdaderamente a su familia, hay que abrirse a la Voluntad de Dios. Sus palabras no tienen nada de desprecio contra su madre María. Al contrario: ella es justamente la que a la perfección cumplió con la Voluntad que Dios tuvo con ella. Más que por el vínculo de sangre, María es Madre por haberse puesto enteramente al servicio de Dios.

La “familia de Jesús” está formada por todos aquellos que cumplen la Voluntad de Dios, o por lo menos intentan hacerlo con corazón sincero.

Marcos 2, 23—3,6.

Ciclo B, Domingo 9º durante el año

Nuestro con cariño recordado Papa Juan Pablo II, apenas comenzado su servicio pastoral como sucesor de Pedro, publicó su primera encíclica con el título: «Sobre Jesucristo, Redentor del hombre» (1979).  En ella, aparte de proclamar que Jesucristo es el Salvador del mundo, subrayó que en el centro de todos los esfuerzos y preocupaciones siempre debe estar el hombre. Mientras los fariseos se pierden en discusiones estériles, Jesús lo pone al hombre enfermo delante de todas las miradas. Jesús no dio nunca instrucciones para levantar lindos templos. Mostró cómo levantar al hombre (si bien lindos templos, bien usados, también pueden ayudar a levantar al hombre).

El enfermo con la mano “seca” es toda una imagen de aquella miseria hacia la que lleva un legalismo mezquino. El hombre queda paralizado. Necesita ser sanado por Jesucristo para que pueda “extender la mano” para recibir la Vida, y, a su vez, saber tender una mano a su prójimo necesitado.

¿Qué debe estar en el centro de todas nuestras preocupaciones?

Jesús deja a los fariseos mudos con la pregunta: “¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla.” Pone firmemente en claro que siempre es lícito hacer el bien, salvar la vida. Por eso, no tuvo problemas para “transgredir” alguna prescripción hecha por hombres, para que sus díscípulos no sufran hambre. Recuerda un suceso que se puede leer en el Primer Libro de Samuel (21,1-7): David le pide al sacerdote Ajimelec alimentos para sus muchachos, y éste le entrega pan consagrado ya que no hubo otro pan que el de la ofrenda, reservado a los sacerdotes. (Marcos llama al sacerdote “Abiatar” que era el hijo de Ajimelec.) Aquellos muertos de hambre pudieron alimentarse porque el sacerdote y el mismo David no dieron prioridad a las leyes sino a la necesidad de las personas.

Dios Padre desea la Vida para el hombre que ha creado a su imagen y semejanza. Desde su intimidad con el Padre, Jesús conocía muy bien su misión: “Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.” Jn.10,10. 

Jesús, siendo Hijo eterno de Dios Padre y el “Hijo del hombre”, y conociendo por ello a la perfección la Voluntad divina, con toda razón puede hablar con autoridad, presentándose también como dueño del sábado.

¿Por qué Jesús puede hablar con toda autoridad, y hasta declararse “dueño del sábado”?

Todos los mandamientos, leyes, prohibiciones y preceptos sólo pueden tener la finalidad de ayudar al hombre que crezca como hijo de Dios.

Jesús vino para devolverle a la ley este sentido original. Vino para perfeccionarla, llevándola a su plenitud. No vino para abolirla (ver Mt.5,17-20).

Jesús no dice que el día del descanso no sea importante. Pero sí, insiste en que “el sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.”

A Jesús no le interesa un código de leyes frías o una interpretación fundamentalista de los mandamientos que endurece el corazón. Jesús se indigna y se aflige ante aquellos hombres de duro corazón que no pueden descubrir el amor. A Él le interesa en primer lugar el amor a Dios y al prójimo. La clave para entender a Jesús lo expresan sus palabras: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”. Mt.5,48. Para Jesús, la función de toda ley es ayudarnos a aspirar a imitar el amor perfecto de Dios Padre.

Para Jesús y los cristianos, ¿qué sentido y función tiene la ley?

El amor siempre se ingenia buscando que el prójimo pueda vivir. Pero vivir bien no es igual a estar cómodo. Al contrario, exige con frecuencia sacrificios y, en todo caso, la renuncia al egoísmo. El amor verdadero muchas veces exige estar dispuesto a aceptar grandes sufrimientos.

Para madurar uno mismo y para ayudar a crecer a los demás como personas humanas e hijos de Dios, las leyes no tienen por qué promover una vida solamente cómoda. Dar el primer valor a la vida del hombre, no significa renunciar a exigirle que, con esfuerzo, desarrolle todas sus capacidades.

¿Amar es lo mismo que procurar que los demás tengan una vida cómoda? ¿Qué busca el amor verdadero?

Los fariseos ya no soportan las obras y las enseñanzas de Jesús en favor del hombre. No sólo mantienen su corazón endurecido, sino también muestran una capacidad sorprendente para aliarse con un grupo en lo demás muy diferente y frecuentemente contrario, como fueron los herodianos, una facción netamente política, cercana al rey Herodes Antipas. Llama la atención cómo grupos muy distanciados pueden unirse en la complicidad para buscar la forma de matar al que da la Vida.

Marcos 2, 18-22.

Ciclo B, Domingo 8º durante el año

¡Con qué cariño y expectativa se suele preparar una fiesta de casamiento! Y llegado el día tan añorado, la alegría reina por todas partes. Una cara larga estaría totalmente fuera de lugar.

Desde siempre, una boda es por excelencia un momento de alegría. La Biblia compara la relación entre Dios y su pueblo con el matrimonio. El profeta Oseas, por ejemplo, dice: “Yo te desposaré para siempre; te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.” Os.2,21s. Y en el libro de Isaías se lee: “Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios.” Is.62,5. 

¿Con qué compara la Biblia el amor de Dios hacia su pueblo?

Jesús se presenta como el esposo. Ha llegado la fiesta de bodas del Mesías que llama a todos a su Reino. El banquete de bodas ya está preparado, y todo está a punto. Sólo hace falta aceptar la invitación  para sentarse a la mesa en el Reino de Dios. Y además hay que llevar el traje de fiesta, o sea, llevar dignamente el vestido bautismal, viviendo cristianamente (ver Mt.22,1-14). Estamos en la plenitud del tiempo de la Salvación. En el relato de las bodas de Caná (Jn.2,1-12), se le reprocha al novio Jesús que haya guardado el mejor vino para el final. Es que al vino inferior de la Antigua Alianza sigue el vino mejor de la Nueva Alianza en Cristo. Y Jesús nos da no solamente el vino mejor, sino además en una cantidad increíble. Es que en Jesucristo se nos ofrece la Vida en abundancia. Se celebra el triunfo del Amor de Dios. Es tiempo de felicidad.

¿Cómo justifica Jesús el hecho de que sus discípulos no ayunaban como lo hicieron los discípulos de Juan y los fariseos?

Mientras Jesús estuvo con los suyos, era tiempo de fiesta. Normalmente, en un banquete de bodas no hay nadie que piense en ayunar. Sería algo completamente extraño. Pero llegó también el momento en que el esposo les fue quitado a sus amigos, muriendo clavado en la cruz. El Viernes Santo fue un día de tristeza. Ningún discípulo de Jesús habrá tenido ganas de probar ni siquiera un bocado. Entonces ayunaron.

Para los discípulos de Jesús, ¿cuándo llegó el tiempo de ayunar?

Hoy, también nosotros los discípulos de Jesucristo, aun después de su Resurrección, tenemos momentos propicios para ayunar. No hemos llegado todavía a la fiesta de las bodas celestiales. En esta tierra seguimos siendo peregrinos. Por la fe y la esperanza gozamos ya de la Salvación en Cristo, pero todavía no hemos llegado definitivamente a su plenitud. Constantemente necesitamos morir a todo lo que nos podría alejar del camino hasta llegar final y felizmente a las bodas celestiales del Cordero, Jesús, quien fue inmolado y nos redimió con su sangre (ver Apoc.19,7s.; 5,9.12).

¿Por qué la Iglesia llama a ayunar en ciertos días de penitencia?

Los profetas venían anunciando una nueva creación. Jeremías habla de que Dios establecerá una nueva Alianza con su pueblo, poniendo su Ley en los corazones de los hombres (ver Jer.31,31-34). Palabras muy parecidas se encuentran en el libro del Profeta Ezequiel: “Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.” Ez.36,26. El libro del profeta Isaías prevé una creación totalmente nueva: “Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se le traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear…”. Is.65,17s. Hacia el final del mismo libro Dios promete: “Así como permanecen delante de mí el cielo nuevo y la tierra nueva que yo haré —oráculo del Señor—, así permanecerán la raza y el nombre de ustedes.” Is.66,22. Esta creación nueva comenzó en la persona, las obras y en la predicación de Jesús. Pero el Reino de Dios llegará plena y definitivamente recién a su plenitud al final de los tiempos.

Entonces habrá “un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más”. Apoc.21,1. El mar representa las fuerzas del mal que amenazan nuestra vida. El mar ya no existirá más” significa que el mal ya no tendrá más ningún poder sobre nosotros. Entonces se verá “la Ciudad santa, la nueva Jerusalén”, “embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo”. Apoc.21,2.

Con Jesús comenzó en la historia de la humanidad algo totalmente nuevo, que no se puede comparar ni compaginar con lo conocido hasta entonces. Lo anterior a Cristo es como un vestido viejo o como odres viejos. Solamente un corazón nuevo puede recibir la Buena Nueva junto con la Vida nueva en Cristo.

Somos todos unos paralíticos…

Marcos 2, 1-12.

Ciclo B, Domingo 7º durante el año

Le acercaron a Jesús a un paralítico, porque tenían fe en su poder de curarlo. Y Jesús valoró la gran fe que la gente demostró.

Pero ocurre una cosa inesperada: Ciertamente Jesús sabía que todos esperaban que lo curase al enfermo de su parálisis. Esto fue tan evidente que nadie consideró necesario decir una palabra para pedir expresamente esta gracia.

Pero en lugar de esto escuchan que Jesús le perdona al paralítico sus pecados, y no dice nada sobre la enfermedad. Sigue leyendo →

Jesús toca al intocable.

Marcos 1, 40-45.

Ciclo B, Domingo 6º durante el año

En algunos aspectos, un leproso en el tiempo de Jesús se puede comparar con un enfermo de Sida de hoy. Todos tenían miedo al contagio. La lepra fue una enfermedad espantosa. En aquel entonces no hubo remedio. La lepra llevaba implacablemente a una muerte horrible. Por eso los leprosos fueron obligados a vivir separados de los demás. Habitaban en desiertos o en cementerios hasta morir del todo, en completa soledad. Sigue leyendo →

¿La suegra tuvo fiebre por rabia?

Publicado el 02/02/20122 comentarios

Marcos 1, 29-39.

Ciclo B, Domingo 5º durante el año

Humanamente hablando, la suegra de Simón tenía motivo más que suficiente para sentirse mal! ¿Qué había pasado? Su yerno Simón, y el hermano de él, Andrés, habían abandonado su trabajo de pescadores. Sus amigos Juan y Santiago hasta habían dejado solo a su propio padre Zebedeo, y se fueron todos detrás de un tal Jesús de Nazaret. ¿Quién iba a alimentar a la familia? ¿Cómo se le ocurre de repente a su yerno Simón abandonar a su hija con los pequeños niños? ¡Realmente fue para acalorarse y enfermarse! Sigue leyendo →

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Jesús y los demonios…

Marcos 1, 21-28.

Ciclo B, Domingo 4º durante el año

¡Cuántas personas están llenas de miedo ante los poderes del mal! Están aterrorizadas por algún payé o por la magia negra. Se espantan frente a algún espíritu malo. Muchos están realmente obsesionados y “poseídos” por el poder del mal. Llegan a ser sus esclavos, y no pocas veces se enferman gravemente. Los hay de veras los poderes demoníacos. Sigue leyendo →

Este mundo tantas veces miserable y el Reino de Dios…

Marcos 1, 14-20.

Ciclo B, Domingo 3º durante el año

Un león, un zorro y un burro salieron juntos a cazar, y lograron atrapar a un ciervo. Entonces el león mandó a repartir la presa. El burro la dividió en tres partes iguales. El león se enfureció, y arrancó al burro el cuero de la cabeza. Sigue leyendo →

Vení, y lo verás…

Juan 1, 35-42.

Ciclo B, Domingo 2º durante el año

Este texto bíblico nos habla de los primeros discípulos de Jesús. De uno se menciona su nombre: Andrés. Del otro no se da su nombre. Es que podría llevar el de cualquiera de nosotros. La pregunta de Jesús: “¿Qué quieren? ¿Qué buscan?” está dirigida a todos nosotros. ¿Qué buscamos realmente en esta vida? ¿Cuál es nuestro verdadero interés? Sigue leyendo →

Dios es fiel. Jamás nos abandonará.

Marcos, 14,12-16.22-26.

Ciclo B, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi)

Hace menos de 250 años, en la tierra colorada de la Provincia de Misiones, durante la solemne fiesta de Corpus Christi, los aborígenes desfilaban en procesión exhibiendo las flores y pájaros más hermosos en señal de alianza: con Dios, con los hombres y con el mundo.

La fiesta del «Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo», o «Corpus Christi» como la llamamos tradicionalmente, es la fiesta de la Alianza de Dios con nosotros. Sigue leyendo →

¿Quién manda en el mundo?

Mateo 28, 16-20.

Ciclo B, Santísima Trinidad

1. Para recordar aspectos importantes del texto bíblico, ver: «Encuentros bíblicos, Ciclo A» – Ascensión del Señor.

2. Ya que el texto bíblico se repite, transcribimos esta vez como comentario los números 22 y 23 de: Juan Pablo II, Carta encíclica sobre la permanente validez del mandato misionero, «Redemptoris Missio»:

Todos los evangelistas, al narrar el encuentro del Resucitado con los Apóstoles, concluyen con el mandato misional: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Sepan que yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» Sigue leyendo →

Donde sopla el Espíritu de Jesús, todos nos sentimos entendidos…

Hechos 2, 1-11.

Ciclo B, Pentecostés

La fiesta de la Pascua se prolonga por espacio de cincuenta días. Lo llamamos «Tiempo pascual» o «Cincuentena pascual». Culmina con la fiesta de «Pentecostés». Sigue leyendo →

Quiero vivir el cielo en este mundo!!!!

Publicado el 18/05/20121 comentario

Marcos 16, 15-20.

Ciclo B, La Ascensión del Señor

“No queremos esperar un cielo para el futuro. ¡Queremos vivir el cielo en este mundo!”. Estas palabras reflejan la mentalidad de mucha gente de hoy. Quieren ser felices aquí y ahora, en esta tierra. El cielo, el más allá – pocos parecen ambicionarlos. Sigue leyendo →

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Para que mi gozo sea perfecto…

Publicado el 10/05/20121 comentario

Juan 15, 9-17.

Ciclo B, Domingo 6º de Pascua

Habrá pocas palabras que pueden ser entendidas de tantos modos distintos, y por eso también malentendidas, como la palabra «amor». Sigue leyendo →

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“Sin mí, nada pueden hacer.”

Juan 15, 1-8.

Ciclo B, Domingo 5º de Pascua

Todo marchaba bien, con una organización casi perfecta. La banda de música tocaba lindo. Los monaguillos, con velas e incienso, habían ensayado cada paso y gesto. En medio de la procesión de Corpus Christi caminaba con paso solemne el Señor Cura Párroco portando la gran custodia, que solamente una vez al año se saca de la sacristía, para este evento. Pero qué sorpresa desagradable: cuando el sacerdote apoyaba la custodia sobre el primer altar, se dio cuenta de que se había olvidado de poner en ella la Hostia. El Párroco, se puede decir que estaba asustado, hizo detener la procesión, Sigue leyendo →

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Los pastores y el Pastor…

La representación más antigua, encontrada en las catacumbas, muestra a Jesús llevando sobre sus hombros una oveja.

Juan 10, 11-18.

Ciclo B, Domingo 4º de Pascua

La figura del pastor es tan antigua como la humanidad. Antes que los hombres se acostumbraban a cultivar la tierra, vivían como nómadas con sus ganados, cabras y ovejas. Sigue leyendo →

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Jesús no es un fantasma…

Lucas 24, 35-48.

Ciclo B, Domingo 3º de Pascua

Desde la muerte de su padre, Ramón anda triste. Extraña a su papá. Un día va a escondidas a un espiritista para comunicarse con su padre difunto. Quiere saber cómo le va en la otra vida. Y realmente, en un ambiente enrarecido, le hacen escuchar la voz de su padre difunto. Es el mismo modo de hablar, el mismo timbre de voz, como cuando vivía con ellos! Y le dicen que su padre le está hablando desde el “más allá”. Ramón queda no solamente impresionado, sino asustado, y de ese momento en adelante cumple ciegamente todo lo que el “pae” le diga. Sigue leyendo →

Todos se reunían asiduamente…

Hechos 4, 32-35.

Ciclo B, Domingo 2º de Pascua

La Resurrección de Jesús inaugura una nueva creación. Ya aquí y ahora podemos y debemos vivir con Cristo esta Vida nueva. Sigue leyendo →

Resucito con Cristo a la Vida eterna…

Marcos 16, 1-8.

Ciclo B, Domingo de Pascua (Vigilia)

Después de ser arrestado Jesús, sus discípulos huyeron (Mc.14,27s.50). No esperaban ninguna resurrección. Para ellos el capítulo sobre Jesús estaba cerrado.

Tampoco las mujeres, que “pasado el sábado” fueron al sepulcro de Jesús, esperaban ningún mensaje que les dijera que el Señor vive. Fueron al sepulcro esperando encontrarse con Jesús bien muerto. Sigue leyendo →

Y Pedro se puso a llorar…

Marcos 14, 66-72.

Ciclo B, Domingo de Ramos

Lo mismo que su padre y su hermano Andrés, Simón era un sencillo pescador de Betsaida, un pueblo insignificante en la orilla oriental del lago de Genezaret. En ningún otro apóstol se encuentra tan clara la manera de ser de los galileos, tal como los describe el historiador Flavio Josefo: apasionados, ardorosos, rápidos en la toma de decisiones. Sigue leyendo →

“El Amor es más fuerte que la muerte.”

Juan 12, 20-26.

Ciclo B, Domingo 5º de Cuaresma

Recién había cumplido 18 años. Estaba llena de salud e ilusiones. Como todos los días sábado estaba esperando la llegada de su novio. Pero en lugar de la visita del novio le trajeron la noticia de que el muchacho había fallecido en un accidente. Bajo la fecha del día del entierro de su novio, escribió en su diario: “El amor es más fuerte que la muerte”. Sigue leyendo →

El juicio de mi Salvación o condenación ya comenzó…

Juan 3, 14-21.

Ciclo B, Domingo 4º de Cuaresma

Dentro de pocas semanas lo viviremos de nuevo: en la celebración de la Muerte del Señor, el Viernes Santo, se descubre la cruz, y el sacerdote, levantándola, proclama: “Este es el árbol de la cruz donde estuvo colgado el Salvador del mundo”. Nosotros estamos acostumbrados a mirar a la cruz como signo de Salvación. Y por eso la hemos convertido en un adorno que no nos causa espanto. No así los contemporáneos del autor de nuestro texto bíblico. Para ellos la muerte en la cruz fue el fin espantoso y vergonzoso de un criminal. Sigue leyendo→

“No hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.”

Publicado el 09/03/20121 comentario

Juan 2, 13-25.

Ciclo B, Domingo 3º de Cuaresma

El templo de Jerusalén era la gloria máxima de los judíos, y el centro de unidad del pueblo. Fundamentalmente, Jesús no se opone al culto exterior. Ama al templo de Jerusalén. Lo llama “la casa de mi Padre”. Justamente por eso, y siendo el Hijo de Dios, no puede aguantar que el templo que debe ser un lugar para encontrarse con Dios, se convierta en un mercado y comercio. Sigue leyendo→

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“Éste es mi Hijo muy querido, escúchenlo.” (¡¡¡!!!)

Publicado el 01/03/20121 comentario

Marcos 9, 2-10.

Ciclo B, Domingo 2º de Cuaresma

En algún lugar de la playa hubo un letrero que recomendó: “En el caso de que usted sea arrastrado por una fuerte corriente de agua, no gaste sus energías sin sentido, agotándose. Déjese llevar por el agua, y la corriente le traerá de vuelta a la costa.” Sigue leyendo →

Las puertas del paraíso están abiertas…!

Marcos 1, 12.13.

Ciclo B, Domingo 1º de Cuaresma

Después de crear Dios a los animales salvajes, los hizo desfilar a todos: los tigres y las víboras, los leones y los cocodrilos, las avispas y los yacarés… Todos exhibían orgullosos sus armas de ataque y defensa: garras y dientes filosos, caparazones y glándulas venenosas. Solo y muy triste, y como perdido, estaba allí también un cordero. Tenía miedo, porque no tenía nada con que defenderse.Sigue leyendo →

Solidario hasta las últimas consecuencias…

Marcos 1, 6-11.

Ciclo B, Bautismo del Señor

Hace años apareció en Francia un libro con el título: “Los santos van al infierno”. Describió la obra de los sacerdotes obreros, que abandonaron sus casas parroquiales y vivían con los obreros en plena solidaridad. Trataron de imitar a Jesús, quien se hizo solidario con nosotros. Sigue leyendo →

Ya no se oirá hablar de violencia en el país…

Isaías  60, 1-6.

Ciclo B, Epifanía del Señor (6 de enero)

En un debate, el tema fueron los graves problemas de la violencia, de asaltos y asesinatos, del abuso de drogas. Aparte de más posibilidades para ejercer deportes, un participante reclamó “también una educación en valores espirituales”. Sigue leyendo →

El Señor es la Salvación.

Lucas 2, 16-21.

Ciclo B, Santa María, Madre de Dios (1º de enero)

Comienzo del Año Nuevo, Octava de Navidad, fiesta de María, Madre de Dios y Jornada Mundial de Oración por la Paz: es mucho para un solo día. Pero este día necesita también mucho para llegar a ser el comienzo de algo nuevo, y no ser solamente el momento de poner un nuevo almanaque. Sigue leyendo →

¡Al principio el establo, al final la cruz…

Publicado el 24/12/20111 comentario

Lucas 2, 15-20.

Ciclo B, Natividad del Señor

En la noche de Navidad del año 1223, tres años antes de morir, San Francisco de Asís sale al bosque. Le sigue muchísima gente. Sigue leyendo →

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“Dios te salve, María…”

Publicado el 16/12/20112 comentarios

Lucas 1, 26-38.

Ciclo B, Domingo 4º de Adviento

Un artista del siglo 15 pintó la escena de la Anunciación del modo siguiente: Dios Padre envía desde el Cielo rayos de luz sobre María. En medio de ellos baja el Niño Jesús. Y lo sorprendente: aunque no haya llegado todavía a esta tierra, ya lleva la cruz sobre el hombro. Sigue leyendo →

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Lo que soy, y lo que no soy…

Publicado el 09/12/20111 comentario

Juan 1, 6-8.19-28.

Ciclo B, Domingo 3º de Adviento

Las autoridades querían saber quién era ese predicador que a sólo 30 kilómetros de la capital, al otro lado del Jordán, atraía a muchísima gente. Sigue leyendo →

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Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor…

Publicado el 01/12/20112 comentarios

Marcos 1, 1-8.

Ciclo B, Domingo 2º de Adviento

Estamos meditando las palabras iniciales del Evangelio según San Marcos. Sigue leyendo →

«Adviento»: Jesucristo viene en todo momento…

Marcos 13, 33-37.

Ciclo B, Domingo 1º de Adviento

Este Domingo comenzamos un nuevo año litúrgico. Referente a las lecturas bíblicas iniciamos el Ciclo B, el año particularmente del Evangelio según San MarcosSigue leyendo →

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Ante Dios no podré esconder ni disimular nada…

Mateo 25, 31-46.

Ciclo A, Domingo 34º durante el año (Fiesta Cristo Rey)

Al escuchar esta descripción del Juicio final con el destino terrible de los condenados, se nos pone la piel de gallina. Todos estamos en camino hacia el gran Juicio final. Ante el trono de Dios no podremos esconder ni disimular nada.Sigue leyendo →

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Los talentos que Dios me dio, no son para esconderlos…

Publicado el 09/11/20112 comentarios

Mateo 25, 14-30.

Ciclo A, Domingo 33º durante el año

 

El infierno estaba repleto. Y aún había una larga fila a la entrada. Finalmente, el diablo mismo tuvo que salir para mandar a la gente a otro lado. “Hay todavía un solo lugar vacante destinado al pecador más grande”, dijo. Y se puso a escuchar los pecados de cada uno. Sigue leyendo →

En el presente preparo mi futuro: seré feliz o desgraciado.

Mateo 25, 1-13.

Ciclo A, Domingo 32º durante el año

Más de una vez un naufragio se convirtió en una gran desgracia porque los botes salvavidas no estaban en condiciones. ¡O cuántas veces ya ocurrió que en caso de un incendio los extinguidores estaban vacíos! Y muchos murieron en un accidente porque al reventarse un neumático no supieron hacer la maniobra adecuada. ¡Cuántos males lamentamos simplemente porque no hubo previsión!

Lo que es tan claro en la vida diaria, también vale acerca del Reino de Dios. Sigue leyendo →

No tengo más que un solo Maestro y Jefe.

Mateo 23, 1-12.

Ciclo A, Domingo 31º durante el año

“No se hagan llamar maestro o doctor”, y sin embargo existen los maestros de la escuela, “maestros mayores de obra”, los doctores del hospital o sanatorio, los “doctores de la Iglesia”, los Doctores en teología, y el Magisterio del Papa y de los obispos.

“A nadie en el mundo llamen padre, y sin embargo hablamos con toda naturalidad de los padres de familia, de los Padres de la Iglesia, llamamos a un sacerdote “Padre”, hablamos del “Padre Obispo”, y algunos hasta llaman al Papa “Santo Padre”. Sigue leyendo →

Cuanto más amo a Dios, tanto más puedo amar de veras…

Mateo 22, 34-40.

Ciclo A, Domingo 30º durante el año

La enseñanza de Jesús molestaba. Lo demuestra la actitud de grupos de activistas que se confabulaban para hacerlo caer en alguna trampa, y poder así denunciarlo ante la autoridad. Sigue leyendo →

¿Peco cuando pago mis impuestos?

Mateo 22, 15-21.

Ciclo A, Domingo 29º durante el año

A nadie le gusta mucho tener que pagar impuestos. Y mucho menos le gustaba al pueblo judío tener que pagarlos a los romanos, como se les exigía desde el año 6 después de Cristo. Sigue leyendo →

¿Acepto la invitación de ir a la fiesta?

Mateo 22, 1-14.

Ciclo A, Domingo 28º durante el año

Érase una vez un muchacho que terminó de aprender el arte de la carpintería. Para reconocer su buen desempeño, al despedirlo, el maestro le regaló una mesita que era de madera común y no tenía ninguna apariencia llamativa. Pero tenía una gran virtud. Sigue leyendo →

La gran diferencia que cambia toda mi vida…

Mateo 21, 33-43.

Ciclo A, Domingo 27º durante el año

Una elemental lógica dice que quien recibe más debe rendir más. Pero la experiencia también dice que muchas veces ocurre todo lo contrario. Sigue leyendo →

¿Me ganarán las prostitutas?

Mateo 21, 28-32.

Ciclo A, Domingo 26º durante el año

Alguno dirá: “¿Para qué esforzarme por vivir según los mandamientos de Dios, si el mismo Jesús dice que los pecadores públicos y las prostitutas entrarán antes en el Reino de Dios?”. Sigue leyendo →

“Nunca es tarde cuando la dicha es buena.”

Mateo 20, 1-16.

Ciclo A, Domingo 25º durante el año

“Nunca es tarde cuando la dicha es buena”. Sigue leyendo →

Hasta setenta veces siete…

Mateo 18, 21-35.

Ciclo A, Domingo 24º durante el año

“Errar es humano, y perdonar es divino”. De acuerdo, si esto significa que a pesar de nuestra buena voluntad nos equivocamos y cometemos pecados, y Dios siempre está dispuesto a perdonarnos si nos arrepentimos sinceramente; si “Perdonar es divino” significa también que nosotros imitamos el perdón de Dios cuando perdonamos al hermano. Pero Sigue leyendo →

¿Qué me importa lo que hagan los demás?

Publicado el 01/09/20111 comentario

Mateo 18, 15-20.

Ciclo A, Domingo 23º durante el año

Un cartel con una calavera y dos huesos cruzados con la leyenda “Peligro” donde hay cables de alta tensión, es expresión de solidaridad. Lo mismo vale de tantas otras señales que nos previenen de peligros. Por ello nadie se incomoda. Todos admiten que poner tales señales es una obligación, y destruirlas es delito.

No existe la misma conciencia cuando un peligro proviene de la conducta equivocada de parte de alguna persona. Sigue leyendo →

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Cuando mis pensamientos no son los de Dios…

Publicado el 25/08/20111 comentario

Mateo 16, 21-27.

Ciclo A, Domingo 22º durante el año

En el Evangelio del Domingo pasado escuchamos a Jesús llamar a Simón Pedro “roca”, sobre la cual edificará su Iglesia. Y le dio las llaves del Reino. Y hoy lo llama “Satanás”. Sigue leyendo →

Soy débil y fuerte a la vez.

Publicado el 18/08/20112 comentarios

Mateo 16, 13-20.

Ciclo A, Domingo 21º durante el año

Se le preguntó a un sacerdote misionero que trabaja en la India: “¿Qué pasa con Mahatma Gandhi en la India?”. Contestó: “Lo mismo que aquí con Jesús. Se lo venera, pero no se lo toma en serio.” Sigue leyendo →

Cuando no tengo derecho de exigir, aún puedo suplicar…

Publicado el 10/08/20111 comentario

Mateo 15, 21-28.

Ciclo A, Domingo 20º durante el año

 

Para los judíos, Tiro y Sidón fueron el colmo de la degeneración y de la inmoralidad, solamente comparables con Sodoma y Gomorra. Sigue leyendo →

Soy capaz de caminar sobre el mar…

Mateo 14, 22-33.

Ciclo A, Domingo 19º durante el año

En el relato de la multiplicación de los panes, al evangelista no le interesa explicar el modo de cómo se multiplicó el pan. Igualmente, aquí, no le interesa cómo es posible caminar sobre el agua. Sigue leyendo →

No tenemos más que cinco panes y dos pescados…

Mateo 14, 13-21.

Ciclo A, Domingo 18º durante el año

Un periodista compró un pan de un kilo y medio y se paró en esquinas de calles muy concurridas de diferentes ciudades. En Hamburgo se rieron de él. En Nueva York fue detenido por la policía. Sigue leyendo →

Lo más precioso para mí…

Mateo 13, 44-46.

Ciclo A, Domingo 17º durante el año

Los relatos del tesoro escondido en el campo y de la perla de gran valor son parábolas gemelas, ya que su mensaje es muy parecido. Jesús, después de dejar a la multitud, las cuenta en particular a sus discípulos. Las dos parábolas encierran un mensaje especial para todos los que quieren ser de verdad discípulos de Jesús.Sigue leyendo →

En mi corazón crece trigo, y también yuyos…

Mateo 13, 24-30.36-43.

Ciclo A, Domingo 16º durante el año

En un asado de fiesta te sirven el mejor vino. Pero el vaso sucio te da asco, y te vienen ganas de rechazar el vino aunque sea de primera calidad. Muchos se sienten tentados a rechazar lo mejor que hay: el Evangelio, el amor de Cristo, porque les llega por medio de una Iglesia tan humana. Sigue leyendo →

En la greda no crecerá ni yuyo…

Mateo 13, 1-9.18-23.

Ciclo A, Domingo 15º durante el año

En el sueño un joven entra en un negocio. Detrás del mostrador atiende un ángel. El joven le pregunta: “¿Qué vende usted, Señor?”. El ángel, con amabilidad, contesta: “Te regalo todo lo que quieras”. Sigue leyendo →

Felices “los pequeños” y los humildes…

Mateo 11, 25-30.

Ciclo A, Domingo 14º durante el año.

Un tatú se encuentra con un zorro en el campo, y tiene que escuchar una vez más burlas por motivo de sus cortas patas. El tatú no se altera para nada, Sigue leyendo →

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Mateo 10,37-42.

Ciclo A, Domingo 13º durante el año

Bhagwan, un gurú de la India, hizo hablar mucho de sí. Consiguió que mujeres y hombres de todas las edades dejasen a su familia, patria, trabajo y amigos, a causa de su persona. El caso del líder de una secta norteamericana, Jim Jones, lamentablemente no fue la única tragedia en que un caudillo fanático, exigiendo obediencia ciega a su persona, llevase a suicidarse a decenas y centenares de sus seguidores. Ni hablar de Hitler, Stalin, Ceausescu, y todos los demás dictadores que pretendían saber qué es lo mejor para la humanidad y exigían sacrificios indescriptibles, y hasta la vida. Las palabras de este Evangelio: “el que pierda su vida por mí …”, ¿no suenan fatalmente parecidas?

En el fondo ningún ser humano debe arrogarse el derecho de exigir un seguimiento incondicional como lo hizo Jesús. Nadie debe hacerlo – excepto Dios. Pues lo que viene de Dios es absolutamente válido. Él sabe mejor que nadie lo que realmente nos hace bien. Nadie ni nada debe competir con Dios, ni siquiera la relación con la persona más querida. Para poder ser discípulo de Jesús y cumplir con la misión que Él encomienda, es necesario tener una total libertad para seguirlo sin otras ataduras. Quien se decide por Cristo, debe haber puesto todos los amores humanos en segundo lugar, incluso su propia vida.

¿Por qué Jesús puede exigir un seguimiento incondicional?

Jesús no nos da una larga lista de posibles amores que pueden disputar un espacio en nuestra vida. Sólo pone el amor mayor que siempre sirve como el ejemplo más sublime: el amor entre padres e hijos. El mismo Jesús insiste en la obligatoriedad del cuarto mandamiento que exige el amor a los padres. Él no quiere decir que se los deje de lado, o que se eche de la casa a los hijos. Aquí Él nos está diciendo que si es voluntad de Dios que el amor mayor en este mundo se lo dediquemos a los padres, Él nos pide un amor más grande aún hacia Él. En otras palabras, Jesús nos dice que el mandamiento principal: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu vida y con todo tu espíritu”, Mt.22,37. lo tenemos que referir a Él, ya que Él es Dios. Ser discípulo de Cristo es algo muy diferente a ser socio de un club al cual se asiste cuando las ocupaciones lo permiten o cuando sentimos ganas de hacerlo.

¿Jesús nos exige que dejemos de lado a nuestros padres o hijos, para seguirlo a Él?

La lealtad y fidelidad total en el seguimiento a Cristo implicaba e implica frecuentemente dificultades, y hasta persecuciones. En tiempos de San Mateo el decreto de excomunión de parte de las autoridades judías contra todos aquellos que confesasen a Jesús como el Mesías trajo a muchas familias la división. Ciertamente Jesús no quiere fomentar las peleas en las familias. Pero el que quiere ser consecuente con la fe y con la vocación que recibe de Dios, no podrá siempre evitar conflictos con los que lo rodean. Aunque duela, en esos casos debe prevalecer el valor supremo, la fidelidad a Cristo.

Para un cristiano, ¿cuándo se justifica un conflicto con sus propios familiares?

Las relaciones humanas que por causa de Cristo pasan por una crisis, a veces muy dolorosa, pueden purificarse y crecer hacia una madurez insospechada. Pues una dependencia demasiado grande de otra persona humana anula a la persona así “amada”. Allí están aquellos padres que no quieren dar la libertad correspondiente a sus hijos, o aquellos hijos que no logran cortar el cordón umbilical con sus padres, aunque ya estén casados, o los seguidores de algún líder que le obedecen ciegamente. En todos estos casos el seguimiento incondicional a Cristo librará a estas personas de una dependencia que a la larga las ahogaría. Cuanto más dependientes nos hacemos de Cristo, tanto más libres seremos. Y solamente en libertad puede crecer el verdadero amor. Por eso vale también: cuanto más uno es amigo de Cristo, tanto más puede ser amigo de los hombres.

¿De qué modo los conflictos a causa de Cristo pueden ser provechosos?

Cada decisión propia, cada nuevo paso trae consigo, en un primer momento, una renuncia. El que quiere volar tiene que dejar la tierra. El aferrarse a su propia vida hace ciego para la Vida en plenitud que nos quiere dar Jesús. Muchos se ponen infelices justamente porque quieren ser felices a toda costa. Quien quiere ser feliz a toda costa, se pone a sí mismo siempre en el primer lugar, habla de lo que piensa que es su derecho, lo defiende, usa y se abusa de los demás para sus fines, y así se aísla. No raramente surgen celos y la envidia. Perder la vida como yo la entregué, nos dice Jesús, es la única posibilidad para ganarla para siempre. Jesús entregó su vida cargando con la cruz y muriendo en la cruz, y la recuperó gloriosa en la Resurrección. La vida es muy parecida al amor verdadero: se la consigue solamente entregándola, a imitación de Cristo.

¿Qué quieren decir las palabras de Jesús: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierde su vida por mí, la encontrará.”?

El Evangelio no sólo pone exigencias. Promete también el premio. “Profetas” y “justos” se llaman los hombres de Dios de la Antigua Alianza. Los discípulos de Jesús son equiparados con ellos. Los “profetas” o predicadores itinerantes habían dejado literalmente a su padre y a su madre, y dependían de la hospitalidad de los demás. Quien los recibe a ellos tendrá su premio. Todo trabajo, esfuerzo, sacrificio, servicio al prójimo, por más pequeño que sea, como ofrecerle un vaso de agua, no quedará sin recompensa divina.

Mateo 10,26-33.

Ciclo A, Domingo 12º durante el año

Ocurrió en el año 1964. En el teatro estatal de Moscú se estrena la “obra” “Cristo vestido de traje de gala”. Sobre el escenario está armado un altar que se parece a un mostrador de un bar. Botellas de vino y de caña forman una cruz. Sacerdotes y monjes, extremadamente gordos y borrachos, bailan alrededor del altar. Monjas panzonas andan rodando por el suelo. Toman wodka y cuentan chistes groseros. La intención fue clara: querían burlarse de la fe cristiana. En el segundo acto aparece el famoso actor Alejandro Rostowzew. Debe representar a Jesús. Tiene la Biblia en la mano. Según las indicaciones debe leer las dos primeras Bienaventuranzas, tirar después la Biblia en el piso y gritar: “Pásenme el traje de gala” para manifestar así que lo que dice la Biblia son todas unas bobadas. Pero ocurre algo imprevisto. En lugar de tirar la Biblia en el momento indicado, Alejandro Rostowzew, con tono digno y serio, sigue leyendo:

“Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”. En el teatro se hace un silencio absoluto. Después de una pausa de una terrible tensión el actor sigue leyendo todas las Bienaventuranzas incluidas las palabras de Jesús: “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”. Los presentes se olvidan de respirar. Esperan lo que pasará. Rostowzew hace una gran señal de la cruz sobre sí mismo y exclama las palabras de uno de los criminales crucificados: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino”. – Rostowzew había sido una estrella en el mundo del teatro. Después de ese día nadie vio ni oyó más nada de él.

Desde el comienzo la misión de la joven Iglesia se encontró con el hostigamiento y hasta la persecución. A nuestro texto precede el envío de los Apóstoles. Jesús les previno que serán odiados por todos y perseguidos a causa de su Nombre. Estas palabras del Señor quieren fortalecer a los Apóstoles en su difícil misión. La persecución no debe desanimar a los mensajeros del Evangelio. La exhortación “¡No teman!” suena tres veces en este párrafo, e introduce tres buenas razones para tener ánimo en medio de la persecución.

En primer lugar, Jesús ha elegido a sus discípulos y los envía para una misión. Esta misión consiste en nada menos que en continuar la obra que Él ha comenzado. El Evangelio es un tesoro que hay que repartir a manos llenas. Jesús quiere que todos los hombres participen del Reino de Dios. Hasta ese momento Jesús había instruido a sus Apóstoles en privado, en secreto, separados de la multitud, o con otras palabras: ocultamente, en la oscuridad. Llega el momento en que todo tiene que salir a la luz. Hay que anunciar el Evangelio públicamente, gritarlo desde lo alto de las casas, aprovechando para ello todos los medios de comunicación posibles. No se puede ser cristiano oculto para toda la vida. Jesús nos quiere decir: “No tengan miedo de decir en público lo que han aprendido en la Santa Misa, en la oración, en la catequesis, en el estudio, en los Encuentros bíblicos”. Nuestra fe no es cosa privada. Cristo es el Señor y Salvador de todos. Y el mundo lo ha de saber.

¿Qué nos mueve para dar testimonio público de nuestra fe en Jesucristo?

En segundo lugar: el poder de los hombres tiene sus límites. Por supuesto, los discípulos enviados por Jesús sentían miedo. Si Jesús fue llevado a la cruz por anunciar el Reino de Dios, ¿qué puede esperar el cristiano cuando salga a hacer lo mismo? Claro que tiene que contar con la misma suerte! Pero Jesús hace ver que el miedo a los hombres no tiene razón de ser. A lo sumo, podrán matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No podrán impedir que sus discípulos participen en la gloria del Reino de Dios. Comparado con lo que Dios les tiene preparado, morir como mártir tiene poca importancia. Por eso, el que teme y ama a Dios, se siente maravillosamente libre: ya no teme ningún poder humano. Y si un cristiano tiene que sufrir por Cristo y con Él, eso no significa que Dios lo haya abandonado. Al contrario, significa que está unido a Cristo. Y debe acordarse de la parábola del grano de trigo (Jn.12,24-26), y del comentario de San León Magno: “Con la persecución la Iglesia no disminuye, sino crece, porque los granos que caen renacen multiplicándose.”

¿Cómo los cristianos podemos vencer el miedo a la persecución?

En tercer lugar: los discípulos de Jesús pueden confiar siempre en la asistencia y providencia de Dios. Si el Padre celestial cuida de los pájaros, ¿cómo no va a cuidar de sus hijos? Los gorriones eran los más baratos de todas las aves comestibles. Eran los más comunes. Y sin embargo, Dios cuida de cada uno de ellos. ¿Como no va a tener en cuenta a cada uno de los cristianos? ¡Dios Padre los tiene tan en cuenta que se preocupa hasta por cada uno de sus cabellos! ¡Un solo cristiano vale infinitamente más que una enorme cantidad de gorriones! Es de la familia de Dios y un hermano de Jesús.

¿Cómo nos hace sentir el saber que valemos más que muchos pájaros?

El ser de la familia de Dios obliga a manifestar la fe en el Hijo de Dios ante todos los hombres, sin avergonzarse. Quien se avergüence y reniegue de Él, queda excluido de la familia de Dios. Jesús no puede considerarlo como hermano, y, en definitiva, Dios no será su Padre. A los que sean valientes les espera una gran recompensa: el día en que deban presentarse a rendir cuentas delante de Dios, el mismo Cristo se pondrá a defenderlos delante de su Padre celestial.

Mateo 9,36—10,8.

Ciclo A, Domingo 11º durante el año

Cuando Jesús recorría las ciudades y los pueblos, y observaba a las multitudes, “tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”. Todos tienen necesidad que alguien los guíe, los defienda y los alimente. En el libro del profeta Ezequiel se lee que Dios reprocha a los jefes del pueblo de Israel porque se han comportado como malos pastores con el pueblo que es el rebaño del Señor. Los gobernantes se aprovechan de la gente y la maltratan en vez de cuidarla. Por eso Dios anuncia: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar. Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma”. Ez.34,15s. También anuncia que suscitará al frente de las ovejas a un solo pastor, a su «servidor», quien las apacentará. (Ez.34; ver también Zacarías 10). Jesús, el «Servidor de Yavé», es el Buen Pastor. En sus curaciones y en su trato con los pecadores y marginados se manifiestan la compasión y la misericordia de Dios.

¿Por qué Jesús dice de sí mismo: “Yo soy el buen Pastor.” Jn.10,11.?

Después de la muerte y la Resurrección de Jesús, esta misericordia de Dios tiene que seguir siendo anunciada, ofrecida y, ante todo, vivida. Jesús les da a sus doce Apóstoles su propio poder, para hacer exactamente lo que Él hacía. Mateo subraya así la continuidad entre la misión de Jesús y la de sus apóstoles.

Después de su muerte y Resurrección, ¿de qué manera sigue siendo Jesús el buen Pastor?

Varios profetas se referían con la imagen de la cosecha al Juicio final (Is.17,5; Jr.13,24; Jl.4,12s). La misión es de urgencia, porque ya vivimos en los tiempos finales. Los discípulos no deben hablar de un Reino lejano al cual iremos en tiempos futuros, o después de nuestra muerte. El tiempo de la cosecha es ahora. La Salvación se ofrece ahora. Estamos bajo el juicio del Evangelio, no recién en el “Último día”, sino hoy.

¿Qué nos dice la imagen de la cosecha?

No hay suficientes brazos para el gran trabajo de la cosecha. El trabajo a realizar es el mismo que en la comparación anterior se describía con las palabras de cuidar a las ovejas. Llama la atención que Jesús no diga a todos los discípulos que se ocupen ellos mismos de la tarea pastoral. Dice que rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. Se entiende que el dueño de los sembrados es Dios Padre. Queda muy claro que para ser pastor no es suficiente tener buena voluntad, y mucho menos se trata de considerarse a sí mismo capaz de juntar gente, de “predicar” o “hacer sanaciones”, formando rancho aparte. Es Dios el que elige y envía a los pastores a los que Él quiere enviar.

¿Qué nos dice el pedido de Jesús: “Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”?

Y lo hace de una manera bien humana y bien concreta. No hay nada de un envío directo desde el cielo. Jesús convocó a los doce Apóstoles, y les dio su propio poder y su propia autoridad. Representan a las doce tribus de Israel, y son las columnas del Nuevo Pueblo de Dios. Entre ellos está “en primer lugar” Simón Pedro. Su sucesor es el Papa. Los sucesores de los demás Apóstoles son los demás Obispos. Ellos, con la ayuda de los sacerdotes y diáconos, “ordenados” por ellos, deben continuar la misión de Jesús Buen Pastor. Algunos laicos son encargados por los pastores de la Iglesia a colaborar en la tarea pastoral. Harán un buen trabajo solamente si lo hacen estrechamente unidos al Obispo, y, en la Parroquia, al párroco.

¿Qué nos dice que Jesús no envió a la cosecha a todos sus discípulos, sino en un primer momento sólo a los Doce?

Es interesante mirar la lista de los doce Apóstoles. Entre ellos está Mateo que había sido publicano, o sea, uno de los cobradores de impuestos, quienes en aquel tiempo eran considerados pecadores muy grandes. Y está también uno que fue capaz de traicionar a Jesús. El Señor no elige a sus enviados por sus méritos personales, ni llama a los que son mejores que los demás. Sin embargo, los envía en su Nombre. Así queda claro que la obra de Salvación no es obra de los hombres, sino obra de Dios. Ni un defecto de un sacerdote, inventado o real, es un pretexto para no reconocer en él a un representante de Cristo, negándole el respeto y la obediencia que se deben a los pastores.

¿Qué nos sugiere el hecho de que entre los Doce figuran hombres como Mateo y Judas Iscariote, “el mismo que lo entregó”?

Al principio la misión de los discípulos se dirige sólo a Israel. Después de resucitar, Jesús los envía a todos los pueblos y a todas las creaturas, para ofrecerles la Salvación a todos.

Mateo 9,9-13.

Ciclo A, Domingo 10º durante el año

Alguna vez Jesús habló con palabras durísimas de cada cual que cause escándalos (ver Mt.18,6s). Pero, ¿no fue Él mismo quien más escándalos causó? Algún día, sus mismos discípulos le avisaron: “¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?”. Mt.15,12. También en Nazaret, el pueblo donde se había criado, Él fue “motivo de escándalo” para aquella gente y para su propia familia (ver Mt.13,53-58). Fueron muchos que se irritaron con las palabras y actitudes de Jesús.

Hay escándalos que causan un inmenso mal. Jesús, motivado por la pasión por el Reino de su Padre, se vio muchas veces obligado a armar escándalos para lograr el bien.

Elegir a un publicano como uno de los colaboradores más cercanos, fue sumamente escandaloso, y, a la vez, altamente significativo. Aquellos cobradores de impuestos fueron odiados, porque colaboraron con los paganos romanos y sus tropas de ocupación extranjera. En el Evangelio mismo son mencionados junto con los pecadores y las prostitutas (ver Mt.11,19; 18,17; 21,31).

Los maestros de la ley los incluían en la misma categoría que a los asesinos, los ladrones y los impuros.  Pero Jesús distingue a ese hombre, considerado pecador público, invitándolo a formar parte de su pequeño grupo selecto. Y Mateo no lo piensa dos veces; le sigue a Jesús inmediatamente. Y seguro que sabía que aquel oficio lucrativo para llenar sus propios bolsillos, no lo iba a poder recuperar nunca más.

¿Por qué fue escandaloso que Jesús llamase a Mateo para que integrara el grupo de los Apóstoles?

Jesús no solamente llamó a Mateo para que sea su discípulo, sino ante todo lo invitó a entrar en el Reino de Dios. Y esta alegría no fue únicamente para Mateo. Jesús abrió las puertas del Reino de Dios a todos los que habían sido excluidos durante tanto tiempo. Se agregaron “muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con Él y sus discípulos”. Al banquete del Reino quedan invitados todos, sin exclusión alguna, así como lo anunció el profeta Isaías: “¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta, y sus ganancias en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares.” Is.55,1s. 

Compartir la mesa era un gesto que demostraba cercanía y una cierta comunión de vida. Los que se sientan a la misma mesa refuerzan sus lazos de amistad si ya son amigos, sellan un pacto de hermandad, o se reconcilian si estaban enemistados (ver Gén.31,54).

¿Qué quiso enseñar Jesús con el hecho de compartir la mesa con publicanos y pecadores?

Los fariseos quedaron consternados al observar que Jesús comía con publicanos y pecadores, considerados una causa perdida. Los judíos cumplidores de la ley no podían compartir la mesa con gente así. Tenían que respetar ciertas reglas de pureza ritual. Debían evitar todo contacto con publicanos y pecadores. En la práctica, sólo se sentaron a la misma mesa con los del mismo grupo.

Jesús no comparte esa mentalidad de dividir a la gente en dos castas: justos y pecadores, dignos e indignos, respetables y despreciables. Para Él todos tienen la misma dignidad de ser hijos del Padre celestial. Por eso justifica plenamente su proceder. En primer lugar, contesta: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.” Se trata de mucho más que de un argumento de sentido común. Jesús cumple con lo anunciado por los profetas: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar… Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma”. Ez.34,15s. Jesús ha venido a sanar al pueblo (ver Os. 6,1; Is.26,19; 29,18s; 35,3-6a; 61,1). Jesús muestra la preferencia de Dios por los marginados, los pobres, los oprimidos, los pecadores. Para hacerle entender a Juan Bautista que Él es el Mesías esperado, responde a sus enviados: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!”. Mt.11,4-6. 

¿En qué consiste la misión de Jesús?

Dios ama a todos, especialmente a los más débiles, y espera de su pueblo que le responda también con amor y fidelidad (ver Os.2,21s). Jesús, de modo solemne, recuerda la importante cita del profeta Oseas: “Yo quiero misericordia y no sacrificios”. (ver Os.6,6). En sus enseñanzas, Jesús hace ver con varias parábolas (ver Lc.15) que Dios Padre tiene un corazón realmente divino con la miseria de todo hombre, y espera que también nosotros, sus hijos, tengamos compasión, los unos con los otros (ver Mt.18,23-35). Jesús insiste en el Amor a Dios y al prójimo como ley suprema (ver Mt.22,34-40; Jn.15,12-17).

Para todo discípulo de Jesús, ¿qué es lo más importante?

Los fariseos se consideraban a sí mismos “justos”, pero en realidad ”no hay ningún justo, ni siquiera uno… Todos están extraviados”. Rom.3,10b.12a. Jesús se sabía enviado por el Padre a las ovejas perdidas (ver Mt.9,36; 10,6; 15,24), a los pecadores, que, justamente por ser conscientes de estar necesitados de la misericordia de Dios, reciben con alegría la invitación de sentarse a la mesa en el Reino de Dios.

Para que mi vida tenga futuro…

Publicado el 28/02/20113 comentarios

Mateo 7,21-27.

Ciclo A, Domingo 9º durante el año.

“El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe considerarse como uno de los más graves errores de nuestra época.” GS 43. Hace muchos años ya (1965), los padres del Concilio Vaticano II lamentaron esta falta de coherencia entre lo que profesamos con los labios y lo que realmente hacemos en casa y en la vida pública.

Jesús dirige una severa llamada de atención a sus discípulos, o sea, a nosotros los cristianos. Sigue leyendo →

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Como los pajaritos y los lirios del campo… (¿?)

Publicado el 21/02/20112 comentarios

Mateo 6,24-34.

Ciclo A, Domingo 8º durante el año.

“Viste, el mismo Jesús dice que hay que vivir como los pajaritos y florecillas, sin preocuparse por nada, sin fatigarse, sin trabajar.”

A primera vista, parece que las palabras de Jesús les dan razón a los que viven al día, sin pensar en el futuro. Pero la verdad es, que este Evangelio no es buena noticia para los perezosos. De ninguna manera Jesús promueve la haraganería. Sigue leyendo →

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¿Ojo por ojo? ¿Cómo terminar con tanta violencia?


Mateo 5,38-48.

Ciclo A,  Domingo 7º durante el año.

“Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.” Recibir una bofetada en la mejilla derecha era considerado una ofensa extremadamente humillante y grave, porque el golpeador usaba el dorso de su mano, y no la palma.  Sigue leyendo →

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Todos los dramas empiezan pequeños…


Mateo 5,17-37.

Ciclo A, Domingo 6º durante el año.

“¡No te dejes sorprender con la mano en la masa!”. Un poco mejor que este “11º mandamiento”, practicado tantas veces, sería el principio: “Lo que no está prohibido, está permitido”. Pero también todo aquel que tiene tal idea está lejísimo de lo que piensa Jesús.  Sigue leyendo →

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Un poco de sal buena es suficiente…

Publicado el 01/02/2011Deja un comentario

Mateo 5,13-16.

Ciclo A, Domingo 5º durante el año

Los que por razones de salud deben comer sin sal saben que las comidas sin sal son insípidas. Como la sal da sabor a las comidas, así los cristianos debemos penetrar al mundo con el sabor del Espíritu del Evangelio. Debemos quitar el sabor amargo a un mundo que está en peligro de hundirse en el aburrimiento, la soledad, la frustración y la desesperación. Debemos devolverle el sabor de una nueva esperanza y del amor cristiano.

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¿Cómo puedo llegar a ser realmente feliz?

Publicado el 25/01/2011Deja un comentario

Mateo 5,1-12a.

Ciclo A, Domingo 4º durante el año

Algunos dicen que la dicha más grande es tener salud. Sin embargo existen muchos sanos que se sienten tremendamente desdichados, y, por el otro lado, hay muchos enfermos, y gravemente enfermos, que se sienten felices.

Dijo una vez un ciego: “Desde que estoy ciego, veo muchas cosas mucho mejor”.Sigue leyendo →

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Jesús toma la antorcha…

Mateo 4, 12-23.

Ciclo A, Domingo 3º durante el año

Es como en una carrera de relevo. Con el encarcelamiento y la muerte de Juan Bautista termina la etapa del Antiguo Testamento. De ahora en adelante es Jesús quien lleva la antorcha. Sigue leyendo →

Cuando conocí a Jesús, mi vida cambió…

Juan 1,29-34.

Ciclo A, Domingo 2º durante el año

Ariel volvió de un retiro de tres días. Sus amigos se sorprenden de su alegría con que les habla de su experiencia: “Fue para mí algo totalmente nuevo. La verdad es que yo no sabía nada de la fe. No conocía a Jesús. Pero ahora mi vida cambió. Solamente les puedo decir: participen también. Van a ver que vale la pena. ¡Es maravilloso!”.

Todos nos hemos encontrado ya con más de uno quien nos quiso convencer de algo nuevo que había descubierto. No quieren guardar como secreto su nuevo conocimiento. Quieren que los demás también se entusiasmen como ellos. Sigue leyendo →

Tenemos hambre de vida plena.

Juan 6, 51-58.

Ciclo A, Corpus Christi

La fiesta que tradicionalmente conocemos como “Corpus Christi”, se llama con su nombre completo Sigue leyendo →

¿Dios me condena?

Juan 3, 16-18.

Ciclo A, Santísima Trinidad

El premio Nobel Jaques Monod afirmó: “El hombre vive como un vagabundo en completa soledad y como un totalmente extraño al margen del universo, que es sordo para su música y no siente nada de sus esperanzas, sufrimientos y crímenes… Sigue leyendo →

El que tenga sed, venga a mí…

Juan 7, 37-39.

Ciclo A, Pentecostés

Como el soplo y el viento, como el fuego, también el agua es símbolo del Espíritu Santo. Sigue leyendo →

“Yo estaré siempre con ustedes…”

Publicado el 30/05/20111 comentario

Mateo 28, 16-20.

Ciclo A, Ascensión del Señor

Un piloto fue nombrado jefe de la empresa de líneas aéreas. Se reúne la última vez con todo el equipo de “su” avión, con quienes desde hace años compartía los vuelos. Sigue leyendo →

¿Cómo lo puedo encontrar a Jesús?

Juan 14, 15-21.

Ciclo A, Domingo 6º de Pascua

Marcelo comenzó a trabajar en una empresa de reforestación. Le toca trabajar lejos. No lo sabe exactamente, pero estará durante varias semanas ausente de su familia. Pronto pasará la camioneta para buscarlo. Sigue leyendo →

El cristiano conoce el único camino para vivir de veras…

Juan 14, 1-12.

Ciclo A, Domingo 5º de Pascua

Los papás  lo saben bien: no sirve para mucho decir a un niño que queda solo en una pieza sin luz que no necesita tener miedo. Cuando se cierra la puerta y el niño queda en la oscuridad, le sobreviene la angustia. Sigue leyendo →

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De pastores, ladrones y asaltantes…

Juan 10, 1-10.

Ciclo A, Domingo 4º de Pascua.

“¿Acaso también nosotros somos ciegos?” Jn.9,40., fue la pregunta desafiante de algunos fariseos. Estos dirigentes, falsos pastores, acabaron de excomulgar y de echar fuera al ciego de nacimiento curado por Jesús. El Señor los fustiga durísimamente. Sigue leyendo →

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Comenzando en el punto cero…

Lucas 24,13-35.

Ciclo A, Domingo 3º de Pascua. 

“¡Me imaginaba la vida entre dos muy distinta, mucho más linda!” “¡Sabe usted, mis hijos! Primero uno los cría sacrificando todo por ellos, y después ni se acuerdan de uno!”. Mucha gente tiene que vivir cómo sus sueños se destruyen. Y en la tumba de sus expectativas entierran también a Dios. Se parecen a los discípulos que con el cuerpo de Jesús habían enterrado todas sus esperanzas.Sigue leyendo →

El primer día de la semana…

Juan 20, 19-23.
Ciclo A, Domingo 2º de Pascua

 

El primer día de la semana, que pronto se llamará “Día del Señor”, o sea, Domingo, Jesús resucitó y, al atardecer de ese mismo día, se hace presente en medio de sus discípulos. ¡Y cómo transforma en un instante la escena!

Es fácil imaginarse la tristeza, el total desánimo y la tremenda desorientación de los discípulos de Jesús después de la ejecución de su Maestro. Sigue leyendo →

¡Cristo resucitó! ¡Con Él yo también resucito!

Mateo 28, 1-10.
Ciclo A, Domingo de Pascua de Resurrección (Vigilia)

La Resurrección de Jesús no tuvo otro testigo que el silencio de la noche pascual.Sigue leyendo →

Una burra con su cría…

Mateo 21, 1-11.
Ciclo A, Domingo de Ramos

En un primer momento, todo gira alrededor de una burra con su cría. Por la importancia que el evangelista le da a ese animal, nunca tenido en muy alta estima, nos quiere hacer ver: sin esa burra no entenderíamos el sentido de la entrada de Jesús en Jerusalén. Sigue leyendo →

Vida y muerte, o: ¿muerte y Vida?

Juan 11,1-45.
Ciclo A, Domingo 5º de Cuaresma

El hombre moderno está engolosinado con las “resucitaciones” que logra en el quirófano, y se dedica a explorar el campo que media entre los signos vitales y la muerte cerebral. Es capaz de pagar un dineral para que guarden su cadáver en un freezer, con la ilusión de que la ciencia avance y algún día lo puedan reanimar.Sigue leyendo →

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Cuando el corazón aprende a ver…

Juan 9.

Ciclo A, Domingo 4º de Cuaresma

Casos de sanación espontánea se conocen también en la medicina moderna. Pero en este relato del Evangelio podemos percibir más que una curación milagrosa.

La Biblia nos habla de que el hombre, apenas creado, ya se volvió ciego. Se deja encandilar por las falsas promesas del demonio. Enceguecido de rabia, Caín mata a su hermano Abel. Sigue leyendo →

La sed de Amor y Felicidad…

Juan 4,5-42.

Ciclo A, Domingo 3º de Cuaresma.

 

Existe el hambre y la sed del cuerpo. Si no hay pan ni nada para tomar, uno se muere. Existe también el hambre y la sed de felicidad y de amor.

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Una experiencia extraordinaria…

Mateo 17,1-9.

Ciclo A, Domingo 2º de Cuaresma.

Siempre existía y existe la tentación de buscar alguna experiencia sensacional para que nuestra vida no sea tan normal y aburrida. Sigue leyendo →

El hombre no vive solamente del último chiche del mercado…

Mateo 4,1-11.

Ciclo A, Domingo 1º de Cuaresma.

Comenzamos la Cuaresma. Son cuarenta días que recuerdan los que Jesús pasó en el desierto. Sigue leyendo →

El inocente entre los pecadores…

Mateo 3,13-17.

Ciclo A, El Bautismo del Señor

Ocurrió durante los juegos olímpicos. Una ganadora, en el momento de recibir el trofeo, se larga a llorar. Y no llora por felicidad, sino por estar decepcionada. Le resulta amargo recibir “solamente” una medalla de plata. A toda costa quería estar en el primer lugar, y no “solamente” ser segunda.  Sigue leyendo →

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“Unos magos….”

Mateo 2,1-12.

Ciclo A, Epifanía del Señor

El relato de la visita de los magos a Jesús recién nacido goza de todas las simpatías del mundo infantil, por la celebración del día de Reyes. Por eso mismo se ha rodeado de una cantidad de elementos fantásticos, a los que se da el valor central. Al mismo tiempo se dejan de lado otros elementos que para el evangelista San Mateo son fundamentales. Sigue leyendo →

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Padres responsables…

Mateo 2,13-15.19-23.

Ciclo A, Sagrada Familia (Domingo después de Navidad)

Este breve relato de la huida y vuelta de Egipto se desarrolla en un doble clima: por un lado, la persecución que sufre Jesús; y por el otro lado, la constante presencia de Dios, que se sirve de su mensajero y de los sueños para avisar a José lo que debe hacer.

Al componer este pasaje, Mateo tenía presentes a los judíos que no aceptaban a Jesús. Pero ante todo deseaba confirmar la fe de su Comunidad en Jesús, el Hijo de Dios. San Mateo nos invita a descubrir la presencia de Dios incluso en las situaciones adversas.

José sigue siendo aparentemente la figura destacada de esta historia, el representante de la familia de David que colabora para llevar adelante el plan salvador de Dios.

Cuando San Mateo relata la huida a Egipto y lo que se cuenta entre los dos textos que leemos en esta fiesta: la matanza de los niños de Belén, lo hace con la intención de que sus lectores recuerden otras escenas de la Biblia. Por el libro del Éxodo nos enteramos que una vez hubo otro rey que mandó matar a los niños del pueblo de Israel. Fue el faraón de Egipto. Hubo un niño que se salvó de la matanza, y pudo salvar más tarde a su pueblo: ese niño era Moisés. También otros detalles recuerdan los comienzos de la vida de Moisés, aparte de la matanza de niños inocentes: la huida del joven Moisés, porque el faraón trataba de acabar con él, y su vuelta a Egipto cuando habían muerto los que intentaban matarlo. (Éx.1-4). El paralelismo entre Jesús y Moisés es evidente. Jesús es el nuevo y verdadero Moisés que salvará definitivamente a su pueblo.

¿Qué elementos del relato de Mt.2,13-23 nos recuerdan la vida y la obra de Moisés?

¿Qué nos enseña este mismo texto por eso acerca de la persona de Jesús?

San Mateo entrelaza otros elementos que establecen una relación entre Jesús y el pueblo de Israel. La huida de Jesús y de su familia recuerdan el traslado de toda la familia de Jacob-Israel, que emigró a Egipto por designio de Dios (Gén.46). La vuelta a la tierra de Israel recuerda el camino que había recorrido el pueblo de Israel en sus orígenes.

Dios había dicho que el pueblo de Israel era su hijo (ver Os.11,1). Por eso intervino para salvarlo. Jesús, que es el verdadero Hijo de Dios, inicia desde Egipto el nuevo y definitivo éxodo: la Pascua que salva de la muerte y da la Vida eterna.

Mateo relaciona los comienzos de la vida de Jesús con los comienzos del pueblo de Israel. El pueblo de Israel, llamado hijo de Dios y perseguido por un tirano, es una figura profética de Jesús. Con Jesús comienza un nuevo pueblo de Dios. Él es el verdadero Hijo de Dios que vence a todos los tiranos, inclusive a la muerte, e introduce definitivamente en la tierra prometida del Reino de Dios.

¿De qué manera relaciona Mateo la vida de Jesús con el pueblo de Israel?

Se ve que San Mateo escribió este texto para demostrar de qué manera admirable se han cumplido en Jesús los anuncios de los Profetas. Sin embargo, la Iglesia nos propone este trozo del Evangelio para la fiesta de la Sagrada Familia. Ciertamente no vamos a encontrar en este breve pasaje una lista de todas las virtudes que tienen que adornar a una familia cristiana. Pero hay algunos elementos que pueden servir de ejemplo:

A María y José se les ha confiado el Hijo de Dios. Ellos tienen que ocuparse de todo lo que este hijo necesita para su sano desarrollo.

María y José, dejando de lado toda conveniencia personal, asumen con responsabilidad el papel de padres que Dios les encomienda. Con el riesgo de su propia vida, protegen y defienden la vida de este hijo que es el Hijo de Dios.

Lo que Dios les exige no resulta siempre claro, y a veces es extremadamente difícil. Herodes prefiere la seguridad de su poder y posición adquirida cruelmente. María y José, al contrario, prefieren la seguridad de la Palabra de Dios, aunque esto signifique tener que abandonarlo todo.

María y José estaban mutuamente comprometidos y habrán tenido sus propios planes para su vida. Ahora los deben olvidar. Lo único que interesa es Jesús. Ya no hay tranquilidad ni comodidad.

¿Qué nos enseña este texto bíblico sobre nuestra vida en familia?

Los padres de familia responsables se deben preocupar para que haya estabilidad y tranquilidad en sus hogares. Sin embargo, existe la tentación de conseguir esta armonía renunciando a los compromisos de la fe. Aquí debemos recordar lo que encontramos en muchos lugares del Evangelio: Jesús no nos deja en paz, sino nos deja la paz. Es el único que nos puede dar la paz verdadera. Y lo hará si lo ponemos en el primer lugar de nuestra vida.

El Salvador, el Cristo, el Señor.

Lucas 2,1-14.

Ciclo A, Natividad del Señor – Navidad

Cualquier peregrino que va hoy a Belén, puede constatar que un acceso de apenas 1,30 metros de altura lleva al lugar donde según la tradición nació Jesús. Y muchos sienten que este portoncito de tan pequeña dimensión contradice a la importancia del lugar donde nació el Salvador del mundo. Sigue leyendo →

Lo que José debía hacer…

Mateo 1,18-24.

Ciclo A, Domingo 4º de Adviento

El primer Adviento, la llegada del Salvador, significó para José un montón de dudas y sobresaltos. Dios le exigió mucho. Y él le respondió a Dios enteramente.Sigue leyendo →

Yo soy más grande que Juan el Bautista!!!

Mateo 11,2-11.

Ciclo A, Domingo 3º de Adviento

Un reportero relató el siguiente hecho ocurrido en Kabul, la capital de Afganistán:

“Yo observaba como un chico, de unos once años, caminaba apuradamente en dirección hacia la plaza central, descalzo, a pesar de la nieve y el frío. De sus hombros colgaba un cajón de madera rústico, lleno de cigarrillos importados. El chico habrá tenido la esperanza de ganar todavía algunos centavos antes de terminar el día. De repente un camión militar paró a su lado. Sigue leyendo →

Un camino para atravesar el desierto postmoderno…

Mateo 3,1-12.

Ciclo A, Domingo 2º de Adviento

Juan el Bautista fue un personaje muy importante. Era el guía de un gran movimiento popular. Su mensaje estaba centrado en la inminencia del juicio de Dios, y por eso mismo, en la urgencia de convertirse. Su bautismo, un rito de lavado y purificación, era el sello de esta conversión.

El comienzo de la vida pública de Jesús estuvo muy relacionado con el movimiento de Juan. En primer lugar, los primeros cristianos identificaron a Juan con el mensajero del que se habla en el libro del profeta Isaías (cap.40). Allí se anuncia la buena noticia de la llegada del Reino de Dios. Dios viene como rey para liberar a su pueblo que se encuentra en la esclavitud en un país extranjero.

Pero antes envía a su mensajero para que proclame que ha llegado el momento de preparar en el desierto un camino para el Señor. Al decir que Juan Bautista es este mensajero, indirectamente se nos dice que Jesús es Dios y que viene a salvar a su pueblo de la esclavitud y a instaurar su Reino.

¿Qué tiene que ver Juan Bautista con Jesús?

En segundo lugar San Mateo relaciona a Juan Bautista con el profeta Elías. No es común que en el Evangelio se describan las ropas de alguna persona. Sin embargo en este texto se dice cómo era la vestimenta de Juan Bautista: una túnica de piel de camello y un cinturón de cuero. En otro lugar de la Biblia (2Reyes 1,8) leemos que esta era la vestimenta que usaba el profeta Elías. Este era uno de los personajes más notables del Antiguo Testamento, que se distinguió por sus asombrosos milagros y por su violencia contra los paganos.

La tradición judía, atestiguada ya en la Biblia, afirma que antes de llegar el Mesías, Dios enviará nuevamente al profeta Elías para que anuncie y prepare su llegada. En otras partes del Evangelio de San Mateo (11,7-15; 17,11), Jesús mismo da testimonio de que este retorno de Elías se ha cumplido en la persona y en el ministerio de San Juan Bautista. De esta manera queda claro que Juan Bautista es el mensajero y precursor del Mesías, y Jesús es el Mesías. San Juan se presenta como el último de los profetas, el que viene a anunciar que ya está por cumplirse todo lo que ha sido anunciado y prometido en los libros de la Antigua Alianza.

¿Por qué se describe la vestimenta de Juan Bautista?

Juan Bautista se presenta en la zona desierta cercana a Jerusalén, a orillas del río Jordán. Allí cumple su misión de preparar al pueblo para la llegada del Salvador. Acompaña los lavados de penitencia con una predicación que amenaza con juicio y castigo. En sus palabras se escucha el eco de muchos profetas del Antiguo Testamento que anunciaron el juicio condenatorio de Dios sobre los pecadores. Las imágenes que usa – el hacha puesta en la raíz de los árboles que no den fruto, el fuego inextinguible, la horquilla que separa la paja del trigo – son figuras que inspiran temor.

En su predicación, ¿en qué insistió Juan Bautista?

Algunos dirán que hoy no hay que hablar en estos términos de castigo y condenación, y que solamente hay que predicar el perdón y la misericordia. Existe una difundida tendencia a parcializar la vida cristiana. Algunos fomentan el miedo, viviendo con angustia ante amenazas de castigos, mientras que otros viven totalmente despreocupados. Piensan que al final todos entrarán en el cielo sin ningún problema.

La Palabra de Dios insiste en las dos cosas: Dios ofrece misericordiosamente su perdón. Pero para recibirlo, hay que disponerse por medio del arrepentimiento y la penitencia.

¿Dios es buenito con todo el mundo?

Esto se ve en la predicación de San Juan Bautista. Él lava a las multitudes que confiesan sus pecados. Ellos podrán ser bautizados después por Cristo en el fuego del Espíritu Santo. A los endurecidos e hipócritas les exige que muestren buenas obras que den testimonio de una sincera conversión. Nadie tendrá seguridad en privilegios de raza, de grupo o de apellido. Lo que cuenta es “producir el fruto de una sincera conversión”.

¿Cuál es el signo de una sincera conversión?

La conversión es un cambio profundo del corazón, de la manera de pensar y de actuar. Es renunciar a sentirnos el centro de todo el mundo, y poner a Dios en el primer lugar de nuestra vida. A todos nos suele gustar que los demás nos aprueben, y nos cuesta dejarnos corregir. La conversión es aprender a sentir, pensar, hablar y actuar en el Espíritu de Jesús. Nada nos destruye tanto como el pecado, cualquiera sea su forma: egoísmo, ansias desmedidas de poseer, de gozar, de dominar. La conversión es volver a Dios con todo el corazón, y, a la vez, reencontrarse consigo mismo.

Todos vivían una “vida normal”…

Mateo 24,37-44.

Ciclo A, Domingo 1º de Adviento

Este domingo comenzamos un nuevo año litúrgico. El Concilio Vaticano Segundo había pedido que “la mesa de la Palabra de Dios sea preparada más ricamente para los fieles”. A fin de que “se abran con más amplitud los tesoros de la Biblia”, el Papa Pablo VI instauró en el año 1969 el Ciclo de tres años para la lectura bíblica dominical. Es decir, en este período se leen todas las partes importantes de la Biblia.

Referente a la lectura de los Evangelios, cada Ciclo propone meditar especialmente a uno de los tres evangelios según San Mateo, Marcos o Lucas. El Evangelio según San Juan se distribuye a lo largo de los tres años, y se lee ante todo en los tiempos litúrgicos fuertes. Con este Primer Domingo de Adviento iniciamos de nuevo el Ciclo A, el año del Evangelio según San Mateo.

Comenzamos, una vez más, el tiempo litúrgico del Adviento. “Adviento” significa “advenimiento”, llegada, y se refiere a la venida de Cristo.

Ésta es múltiple: la primera, que festejaremos en la Navidad; la última, que coronará la historia humana. Y, entre ambas, otra, que podemos llamar “inter-media”, en la cual Cristo viene en todo momento a cada persona, a cada comunidad, a cada generación. Esta constante y actual venida de Cristo a nosotros es fruto de la primera y anticipo de su llegada definitiva al fin del mundo.

¿Qué significa la palabra «Adviento»?
¿A qué se refiere?

En la época en que Jesús predicaba, los judíos hablaban del “Hijo del hombre” que tenía que venir. Interpretando algún texto de la Biblia y de algunos otros libros religiosos de ese tiempo, se esperaba la venida de una persona que debía llegar desde el cielo para hacer un juicio en nombre de Dios. Jesús nos dice que el “Hijo del hombre” es Él mismo. El Señor prefiere este nombre cuando se trata de su venida que tendrá lugar al final de los tiempos cuando venga como Juez.

Jesús se llama a sí mismo «Hijo del hombre». ¿Qué significa este título?

Los discípulos le habían preguntado a Jesús, cuándo será su venida como juez y el fin del mundo. La respuesta del Señor es bien clara: nadie sabe nada, sólo el Padre. Si bien no conocemos el día ni la hora, sin embargo es seguro que el Hijo del hombre vendrá. Por eso hay que estar siempre preparado, porque el Señor vendrá en el momento menos pensado.

¿Qué pensar de los intentos de averiguar la fecha del fin del mundo?

Los dos ejemplos que ilustran esta exhortación insisten en el descuido de los contemporáneos de Noé y del dueño de la casa; en la llegada imprevista del diluvio y del ladrón, y en la ruina que provocan ambos acontecimientos.

La comparación con la gente de la época de Noé calza perfectamente con el hombre moderno. Éste, a primera vista, parece ser ultraprevisor. Al menos, a juzgar por los cálculos que hace cuando lanza un satélite al espacio. Del Voyager, lanzado en 1977, ha hecho ya entonces cálculos fantásticos para su trayectoria por el espacio interestelar para los próximos treinta mil y más años! Y, sin embargo, el hombre moderno da toda la impresión de no saber para nada hacia dónde dirigir el barquito de su vida. ¡Pobre hombre moderno! Despierto en tecnología, pero dormido en cuanto a la sabiduría de la vida. Lo mismo que en los tiempos de Noé. Todos vivían una “vida normal”. Sólo Noé, bajo las burlas de sus contemporáneos, supo mirar más allá de “lo normal” y preparó la salvación de su familia. Los demás se despertaron recién cuando fue tarde. Los que se sentían seguros y se dedicaban solamente a beber y a comer, fueron arrasados.

¿Qué nos enseña lo que pasó en la época de Noé?

La segunda parábola está tomada del asalto del ladrón, también hoy en día muy actual. Sea que se trate de una ciudad europea, como Milán, o latinoamericana, como Medellín, o del barrio donde cada uno vive, todo el mundo corre el peligro de ser asaltado por ladrones. Y ya se sabe que ellos no golpean con las manos o tocan timbre. No avisan cuándo van a pasar.

Llama la atención que Jesús se haya comparado con un ladrón. Lo que quiere subrayar es que su venida será sorpresiva. El factor sorpresa puede ser: una enfermedad, un accidente, una traición, una zancadilla en la carrera, la misma muerte. “Mi hora” llegará inesperadamente. Y puede llegar en cualquier momento. Posiblemente ya no habrá más un mañana, o una próxima semana. Mi tiempo no es ilimitado. Ahora es la hora de la gracia. Por eso debo hacer el bien ahora. Mañana tal vez ya no podré hacerlo.

¿Qué nos enseña la parábola del ladrón nocturno?

Pero Jesús no nos invita a vivir angustiados. Sino nos manda vivir despiertos, estar preparados. Cristo vendrá no solamente como juez, sino también, y ante todo, como nuestro Salvador. Nos anima la esperanza de que seremos los felices que son llevados por Él al cielo para participar eternamente en su gloria.

Una respuesta a “EVANGELIO DOMINICAL

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