El Salvador, el Cristo, el Señor.

Lucas 2,1-14.

Ciclo A, Natividad del Señor – Navidad

Cualquier peregrino que va hoy a Belén, puede constatar que un acceso de apenas 1,30 metros de altura lleva al lugar donde según la tradición nació Jesús. Y muchos sienten que este portoncito de tan pequeña dimensión contradice a la importancia del lugar donde nació el Salvador del mundo.

Todo el Evangelio de Navidad parece estar lleno de contradicciones. El emperador romano César Augusto es el hombre más poderoso de su tiempo. Gobierna sobre un inmenso imperio y todos le obedecen. Lleva títulos muy bien sonantes, y le gusta que lo llamen y lo traten como a un dios. Se puede llamar rey de toda la tierra. José y María son dos desconocidos que viven en Galilea, un rincón olvidado. César Augusto manda, José y María obedecen.

Según las palabras del Ángel Gabriel en la escena de la Anunciación, el Reino de Jesús no tendrá fin. El Rey Eterno nace ocultamente. Y además, no hay otro lugar para Él que un cajón del que comen los animales. Mensajeros celestiales anuncian los nombres del recién nacido: Salvador – Mesías – Señor. Pero en vez de anunciarlo en las ciudades y a las personas importantes, lo hacen de noche, en el campo y a unos pastores, gente sin influencia.

Cuando los antiguos profetas decían cosas difíciles de creer, mostraban algún signo extraordinario para convencer a sus oyentes de que lo que decían venía de Dios. Si lo que anuncian los ángeles es nada menos que el nacimiento del Salvador del mundo, se espera como señal un milagro fuera de lo común. En lugar de eso hablan de una cosa totalmente común y corriente: un niño recién nacido envuelto en pañales.

(Ya que Jesús es llamado “primogénito”, se quiso deducir que María haya tenido más hijos. Pero este término se usó independientemente de eventuales nacimientos posteriores. Aun quedando el único hijo, el primer varón es llamado “primogénito”. Lo prueba una inscripción en una lápida sepulcral que se encontró en Egipto. Es de una joven judía, llamada Arsinoe, y dice así: “En los dolores del parto del primogénito me condujo el destino al término de la vida.”)

¿Qué contrastes sobresalen en este Evangelio de Navidad?

Dios siempre ha elegido lo más débil y lo más humilde para llevar adelante su plan de Salvación. Parecería que César Augusto es el más importante. Sin embargo, la realidad vista con los ojos de la fe, es completamente diferente. Obligados por el decreto del emperador, José y María recorren unos 140 kilómetros para llegar a Belén. De esta manera Jesús nace en la ciudad de David, donde según los anuncios del profeta Miqueas debía nacer el Salvador (ver Miq.5,1-4). Si bien casi nadie se entera, este acontecimiento cambia la historia de toda la humanidad, representada por los gobernantes de entonces.

¿Qué nos dice que el Salvador nació precisamente en Belén?

Los primeros a los que se revela esta buena noticia son unos pastores.

Son los representantes de los pobres y sencillos, y también de los pecadores y de los marginados despreciados. No sabían leer ni escribir. Por eso ignoraban también las leyes de la religión y no las cumplían. Ellos, los pobres, sencillos y pecadores, serán también los primeros en recibir la palabra de Jesús.

¿Cómo vivían los pastores?
¿Qué fama tenían?

¿Qué nos dice que fueron justamente pastores a quienes se les anunció como a los primeros la buena noticia del nacimiento del Salvador?

“Durante la noche” no es simplemente una indicación de hora. Tiene un profundo significado simbólico. Sólo algunos renglones antes, Zacarías, el padre de Juan Bautista, había dicho proféticamente: este niño vino del cielo “para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte”. Lc.1,79.  En la Biblia, la noche también es el tiempo de los sueños. No se trata del surgir caótico de nuestros recuerdos, ni de una huida de la realidad. Se trata de soñar con un mundo mejor. Dice el Obispo brasileño Dom Helder Câmara: “Si sueña uno solo, es sólo un sueño. Si muchos sueñan juntos, es el comienzo de una nueva realidad”. En este niño recién nacido comienzan a cumplirse todos los sueños de la humanidad, para la gloria de Dios y como prueba de que Dios ama de verdad a los hombres, sus creaturas. Si bien las sombras de la muerte van a caer sobre este niño, las vencerá la luz de la noche de la Resurrección. Esa misma paz que aquí se va anunciando a los hombres, les da Cristo Resucitado a los que creen en Él. En Jesús Dios mismo está presente entre nosotros. Ya no existe motivo para tener miedo.

¿Qué nos enseña que “durante la noche” a los pastores “la gloria del Señor los envolvió con su luz”?

El hecho de que no todos están llenos ya de la luz y de la paz que trajo Cristo a este mundo, no habla contra la luz y la paz de Dios, pero sí muestra que los hombres pueden rechazar a Dios. Existe un motivo bien concreto de que la entrada al lugar del nacimiento de Jesús esté tan baja. Se puede ver todavía en la pared que la abertura antes era mucho más grande. Pero como no-cristianos, por curiosidad, solían entrar montados sobre sus caballos, los cristianos decidieron achicar simplemente la puerta de acceso. Desde entonces todo aquel que quiere acercarse al lugar donde Dios se hizo hombre, tiene que bajar primero de lo que él cree ser. “¡Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”. Mt.5,3.

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