Jesús de Nazaret: «He venido a traer la división.» (!!!)

Lucas 12,49-53.

Ciclo C, Domingo 20º durante el año

Al nacer Jesús, ¿los ángeles no anunciaron “la paz a los hombres” Lc.2,14.? ¿No es Jesús el “príncipe de la paz”, Is.9,5. anunciado por los profetas? ¿No ha predicado él mismo que son felices y serán llamados hijos de Dios aquellos que “trabajan por la paz” Mt.5,9.? ¿No envió a sus discípulos con el mandato de decir al entrar en una casa: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Lc.10,5.? ¿Y al despedirse de sus discípulos no prometió: “Les dejo la paz, les doy mi paz” Jn.14,27.? Sin embargo, hoy leemos que Jesús ha dicho que están equivocados aquellos que piensan que Él vino a traer la paz. Dice que ha venido a traer la división! ¿No se contradice Jesús tremendamente?

Tratemos de comprender el texto más profundamente. Dice Jesús que ha venido a traer fuego sobre la tierra. La imagen del fuego es familiar en el Antiguo Testamento. En el fuego se manifiesta Dios.

Pensemos solamente en la zarza ardiente en la que Moisés descubrió la presencia de Dios (ver Éx.3,1-6). O en la columna de fuego en la que el Señor iba delante de los israelitas cuando salieron de Egipto (Ex.13,21s). Y en el monte Sinaí Yavé se manifestó en medio de truenos, relámpagos y fuego (ver Éx.19,16-18). San Juan Bautista anunciaba que el Salvador tenía que bautizar con Espíritu Santo y fuego (ver Lc.3,16). En Pentecostés descendió el Espíritu Santo sobre los apóstoles como llamas de fuego (ver He.2,3). Jesús desea ardientemente que el mundo sea inundado con el fuego de su Espíritu Santo. Como el fuego purifica el oro en el crisol de toda impureza, el Espíritu Santo nos purifica de todo lo que no es digno de hijos de Dios, y así nos quiere llevar a la plenitud de la Vida. No se trata de quemar a los demás, de suplicar que caiga sobre ellos fuego del cielo para consumirlos! Jesús desea ardientemente que el Espíritu Santo ilumine y purifique nuestro propio interior, nuestro corazón. Quiere que nos dejemos inflamar por su amor divino.

¿Qué quiere decir que Jesús ha venido “a traer fuego sobre la tierra”?

Bautizar significa “sumergir”. El bautismo que Jesús tenía que recibir se refiere sin duda a su muerte. Tenía que sumergirse en el mar de los sufrimientos para resucitar y conquistar así la Vida Nueva para el mundo. Y se angustia porque todavía esta nueva Vida no ha llegado a realizarse en plenitud en todos los hombres.

¿Qué clase de bautismo tuvo que recibir Jesús?

La muerte y Resurrección de Jesús son causa de la reconciliación de los hombres entre sí y con Dios. El Espíritu Santo los une a todos en un solo cuerpo en Cristo. Las dos expresiones del bautismo y del fuego nos llevan al mismo fin: el establecimiento de la paz verdadera y definitiva.

Pero no se trata de una paz que deja las cosas como están. La paz de Jesús no es compatible con el culto al dinero y el egoísmo. “Para edificar la paz se requiere, ante todo, que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres… Entre estas causas deben desaparecer principalmente las injusticias.” (Concilio Vaticano II). La paz de Jesús exige transformar el mundo.

Por eso, el Señor nos advierte para que no alentemos falsas ilusiones sobre una rápida y fácil instauración de la paz en este mundo. Algunos podrían creer por ingenuidad, otros por impaciencia, que la paz total ya se daría ahora mismo. A ellos se refiere el Señor cuando dice que no piensen que Él ha venido a traer la paz. Está hablando de esa paz a corto plazo, que ciertamente no vamos a encontrar. Al contrario, cuánto más lo tomamos en serio a Él, tanto más dificultades vamos a encontrar. Pero sí, nos prometió la paz interior en medio de las dificultades.

¿Qué quiere decir Jesús al afirmar que no ha “venido a traer la paz a la tierra”?

Jesús no es “buenito”, es bueno, buenísimo. Cosa que es muy distinta. Su mensaje no es un calmante para tranquilizar la mala conciencia de nadie. Más bien es como un espejo que pone delante de nosotros. Nos cuestiona. Por eso pocos aplaudían a Jesús. Sus compueblanos, en Nazaret, intentaron tirarlo desde un alto barranco. Los poderosos de entonces le hicieron la vida imposible, hasta entregarlo finalmente en manos de los odiados romanos.

Lo mismo que ayer, Jesús sigue siendo causa de división.

Él mismo cita un texto de Miqueas, uno de los profetas del Antiguo Testamento (ver Miq.7,6). Allí se encuentra un lamento porque en los tiempos de gran corrupción el hombre piadoso encuentra contradicción hasta dentro de su propia familia. Jesús nos quiere decir: hay que seguirlo a Él, decididamente, no importa lo que los propios padres o hijos piensen. Jesús necesita seguidores. No le bastan admiradores.

En el tiempo de San Lucas, hacerse cristiano significó en muchos casos romper con la propia familia y dividirla. A los judíos estaba prohibido casarse con paganos. Habría sido traición de la fe de los antepasados.

Esto valía también para el casamiento con un cristiano. Sufrimientos, discusiones y discordia entraron en una familia por causa de la fe, por causa de Jesús.

¿Qué quiere decir Jesús al afirmar que ha “venido a traer la división”?

La división de la que habla Jesús, se produce por seguirlo a Él, aceptando su Evangelio todo entero. De ningún modo se justifica una división de la familia por causa de nuestros atropellos, actitudes agresivas y caprichos. Tampoco porque un miembro de la familia deja la fe católica y se adhiere a una nueva doctrina. La simple posibilidad de buscar alguna doctrina nueva lo enfurecía al apóstol San Pablo. Les escribe a los Gálatas: “Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó para la gracia de Cristo, para seguir otro evangelio. No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo. Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado (de la comunidad)!” Gál.1,6-8. Traicionar la fe católica valía siempre como uno de los pecados más graves.

¿Se puede justificar el abandono de la fe católica con este texto bíblico que habla de la división de familias?

Jesús espera de nosotros que seamos constructores de la Paz. Nos propone el amor como lo primero. Pero nos advierte que aquél que toma en serio su enseñanza, tiene que prepararse para todo, menos para una vida cómoda.

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