Quien quiera triunfar, ¡se prepara!

Lucas 12,42-48.

Ciclo C, Domingo 19º durante el año

“No mueras en la sala de espera del futuro”. Así tituló un autor cristiano un libro suyo para la gente de hoy.

En el tiempo de Jesús, la gente esperaba una llegada fulminante del Reino de Dios. Pensaban que todo sería transformado en un abrir y cerrar de ojos. Los primeros cristianos fueron descubriendo que el Reino ya se hizo presente en la persona de Jesús, y que debía ir desplegándose a través de un proceso muy lento. Comprendieron que el Reino de Dios se lo debía hacer crecer constantemente con mucha perseverancia. Mientras tanto ya pasaron casi 2000 años. Y pueden pasar muchísimos siglos más hasta que llegue el momento de la consumación final del Reino. El día y la hora en que el mundo llegue a su fin, a su finalidad, nadie los conoce, sino sólo Dios Padre.

¿Qué iban descubriendo los primeros cristianos acerca de la llegada del Reino de Dios y el fin del mundo?

La parábola del servidor fiel enseña que la espera del Señor no es una espera ociosa sino llena de trabajo. No hay que estar esperando con los brazos cruzados hasta que llegue el fin del mundo. Hay que construir el Reino de Dios en este mundo. La Salvación eterna comienza en esta tierra, o no comienza nunca.

Quien quiera triunfar, se prepara. Se prepara el futbolista para competir por la copa, la bailarina para la danza, la modelo para un desfile de moda. Y con cuánto esfuerzo, dedicación y precisión! Nada dejan librado al azar! Porque tienen bien en claro que el éxito depende de la preparación.

Muy distinta es la actitud del hombre, incluso del cristiano, frente a la máxima competencia, que es vivir la vida humana en esta tierra de manera tal que pueda alcanzar la Vida definitiva. Cae muchas veces en la máxima improvisación. Y hasta hace todo lo contrario. Como un deportista que, en vez de entrenarse, se da a todos los vicios.

Jesús, con la parábola, hace ver la doble actitud que se puede tener ante la vida: actitud responsable o irresponsable. Y, consecuentemente, la doble suerte que nos espera: Salvación o perdición.

El hombre moderno no quiere pensar en que esta vida va a terminar. No le gusta que se le recuerde que si la vida la vive y la termina en la bondad, habrá triunfado para siempre. Y que si la vive y la termina en la maldad, habrá fracasado para siempre.

Los criterios sobre el éxito que predominan hoy, son totalmente opuestos a los del Evangelio: plata, fama, placer, poder. Aunque a la mayoría no le guste escuchar que el hombre ha de vivir preparándose para el encuentro con Dios, hay que decirlo, por amor al hombre, para ayudarlo a alcanzar el verdadero éxito.

Toda la vida del hombre ha de estar orientada hacia esta meta. Todo en todos los órdenes. También en el familiar, en el laboral, en el económico, en el cultural, en el político. Porque sólo en el encuentro definitivo con Dios se halla la plenitud de la Vida.

¿A quién considera el mundo de hoy “exitoso”?

Según el Evangelio, ¿quién será exitoso?

La parábola se introduce con una pregunta hecha por Pedro, y el relato se refiere a un servidor que debe distribuir a los demás en el momento oportuno la ración de trigo, es decir: el alimento necesario. Todo esto nos hace pensar que la parábola se refiere a los ministros de la Iglesia. Pero lo que se dice de los pastores en particular, vale también para todos en general. Porque la tarea de construir el Reino de Dios en este mundo es de todos los bautizados. Nos compete a todos la Evangelización: “llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad”.

Para esta misión todos hemos recibido distintos dones y talentos. Y de ellos deberemos dar cuentas al Señor “el día y la hora menos pensada”.

Para los que no cumplieron, el castigo será según que la desobediencia haya sido intencionada o no. Pero ¡ojo!, no conviene quedarse ignorante en las cosas de la fe. Porque si uno no quiere saber lo que dice el Señor, se trata de una ignorancia culpable. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

La tarea de “distribuir la ración de trigo en el momento oportuno”, ¿a qué nos compromete?

Las palabras de esta enseñanza de Jesús suenan como una amenaza para todos aquellos que recibieron mucho. Y es así: quienes han sido más favorecidos tendrán que dar una respuesta más generosa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s