“¡Recé tanto, y no sirvió para nada!”

Lucas 11,1-13.

Ciclo C, Domingo 17º durante el año

Muchas veces Jesús pasaba toda la noche orando. Sus discípulos lo ven rezar frecuentemente. Lo pueden observar cómo lo hace. El ejemplo de Jesús los motiva a pedirle que les enseñe a orar también a ellos.

Y Jesús les da la oración del “Padre nuestro”. La formulación de San Lucas es un poco más breve que la que solemos usar, que es la redacción de San Mateo. Es que Jesús no les habrá querido dar a sus discípulos una fórmula rígida. Seguramente los primeros cristianos se expresaban de diversas maneras. Los evangelistas más bien sintetizan, de un modo un poco diferente, lo más importante de lo que Jesús enseñó a rezar. También nosotros podemos orar espontáneamente, y está muy bien hacerlo a partir del “Padre nuestro”. Pero cuando rezamos juntos necesitamos una fórmula común.

¿Por qué no coinciden literalmente las formulaciones del «Padre nuestro» en el Evangelio según San Mateo y, aquí, en el de San Lucas?

Dios quiere que lo llamemos “Padre”, o “Papá”. Él no es en primer lugar el “Sumo Hacedor” allá arriba y lejos, sino Él es como un padre de familia ejemplar. Él está cerca de nosotros, nos escucha, nos quiere, nos comprende y nos trata con cariño.

Aunque Lucas deja de lado el adjetivo “nuestro”, esta «Oración del Señor» igual la podemos llamar con razón «Padre nuestro». Toda ella está en la forma de “nosotros”. Dios es Padre de todos. No se contenta con que cada uno por su lado acuda a él. Quiere que, siendo todos sus hijos, vivamos unidos en su Familia, la Iglesia.

El nombre representa a la persona toda. Rezar “Santificado sea tu Nombre” es pedir que se dé el honor a Dios. Y la mayor gloria para Dios es que nosotros vivamos realmente como sus hijos. Nuestra primera aspiración debe ser que Dios reine, que se haga siempre su Voluntad. La Voluntad de Dios es siempre lo mejor para nosotros. Porque Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.

El “pan de cada día” significa todo lo que necesitamos para vivir: comida, ropa, casa, condiciones humanas en la sociedad. También estamos pidiendo el otro “pan”: el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, el Pan de la Vida eterna. Para vivir como hijos de Dios tenemos que alimentarnos de Dios, ante todo participando asiduamente en la Santa Misa. Después del pan de cada día, el perdón del pecado, la reconciliación con el hermano, y la protección del mal es lo que más nos hace falta.

Quien puede rezar la oración del “Padre nuestro” con corazón sincero, ha comenzado a ser un discípulo de Jesús.

Jesús, ¿qué nos enseña pedirle a Dios con las distintas súplicas del «Padre nuestro»?

La oración debe ser incansable, en espera de recibir de Dios su gran don: el Espíritu Santo. Él invadirá la Iglesia y el mundo a partir de Pentecostés. Dos parábolas ponen énfasis en la insistencia en la oración y en su eficacia. Si un amigo, nos dice la primera, da lo que se le pide ante la insistencia del otro, con más razón Dios actuará así con los que se dirigen a Él con perseverancia.

“Recé tanto, y no sirvió para nada!”. ¿Quién no habrá escuchado o dicho él mismo esta frase? Y sin embargo, Jesús afirma que la oración siempre alcanza su objetivo; el que pide recibe. Es interesante ver el cambio que introduce Lucas con respecto al texto de Mateo (7,11). En el Evangelio de San Mateo leemos que la oración consigue cosas buenas. San Lucas insiste que lo que se recibe no es automáticamente lo que se pide, sino el don del Espíritu. Éste nos permitirá afrontar las situaciones difíciles de la vida con las fuerzas de lo alto. Renovará toda nuestra vida desde las raíces. Lucas elimina así una posible comprensión mágica de la oración de súplica. Jesús nunca les prometió a los que le siguen una vida fácil, sin dificultades y pruebas, pero sí prometió su Paz, y la luz y la fuerza de su Espíritu en medio de las pruebas y dificultades.

Tenemos que dejar en las manos de Dios la manera en que Él nos escuchará. Dios no es nuestro cadete de ordenanza. Es nuestro Padre Divino que quiere nuestra Salvación integral.

La segunda parábola de Jesús justamente responde a la pregunta: ¿qué dará Dios Padre al que lo suplica? El huevo es símbolo de vida, el escorpión significa muerte. “Pescado” y “serpiente” tienen un significado parecido: el pez representa salvación, la serpiente desgracia. Dios nos da Vida y Salvación, nunca muerte y desgracia.

“Pidan y se les dará.”
¿Qué les da Dios a los que le suplican confiada e insistentemente?

Dios, por ser Padre bueno, quiere comunicarnos sus dones, especialmente su Santo Espíritu, que da la Vida verdadera. Pero se lo puede dar solamente al que se prepara y se abre hacia Él en la oración.

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