Lo único necesario.

Lucas 10,38-42.

Ciclo C, Domingo 16º durante el año

A primera vista parece que Jesús reta a Marta por trabajar mucho y elogia a María por no hacer nada. Sin embargo, la Iglesia celebra cada año el 29 de julio a Marta como Santa, y nos la propone como modelo de los que se dedican a servir en las tareas domésticas. Al fin y al cabo, sin Marta Jesús se habría quedado sin comer. Entonces, ¿qué es lo que critica Jesús en Marta y alaba en María?

Por las referencias del Evangelio de San Juan es casi seguro que el pueblo en que entró Jesús era Betania, y que estas dos hermanas tenían un hermano llamado Lázaro, que murió y fue resucitado por Jesús.

San Lucas observa que mientras Marta “estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa”, María, “que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra”.

El sentarse a los pies era la actitud habitual de los discípulos cuando escuchaban a sus maestros. María aprovechó la oportunidad y se sentó como discípula a los pies de Jesús. Esto sencillamente fue escandaloso. Las costumbres de aquella época no admitían a mujeres como discípulas. Un hombre no podía estar hablando públicamente con una mujer, y mucho menos para enseñarle. Solamente los varones estaban obligados a asistir al culto en el templo, los días de fiesta. En las casas de oración, las mujeres únicamente podían estar en un lugar apartado y secundario. Por eso, cualquier persona religiosa de aquel tiempo habría protestado. Todos habrían estado de acuerdo en que el lugar propio de María era la cocina. Escuchar al maestro era exclusivamente cosa de varones. Solamente ellos podían ser discípulos. Por esta razón, y no sólo por excesivo trabajo, Marta reclama a Jesús que mande a María a ayudarle en la cocina. Ciertamente Jesús había venido con un grupo de acompañantes, tal vez bastante numeroso.

¿Por qué reclama Marta que su hermana María le ayude en la cocina?

Pero Jesús sale en defensa de la actitud de María. Reconoce la laboriosidad de Marta. No la reta por ser muy trabajadora. Como tampoco alaba a María por ser perezosa. El Evangelio no constata que María habitualmente no quería trabajar. Dice solamente que en ese momento estaba sentada a los pies de Jesús para escuchar su Palabra. Marta hace algo bueno. Quiere servir de la mejor manera a Jesús. Pero Jesús le hace ver que es mejor dejarse servir por Él, escuchando su Palabra, cuando Él está presente. Jesús “no vino para ser servido sino para servir”. Mc.10,45. El valor más alto es ser su discípulo. Jesús no reta a Marta porque trabaje mucho, sino porque por tantas preocupaciones no se toma tiempo para escuchar lo que Jesús le quiere decir. Tampoco alaba a María porque no haga nada, sino porque escucha la Palabra de Dios en el momento oportuno.

Finalmente, ¿por qué Jesús reta a Marta y alaba a María?

Lo primero, “la única cosa necesaria” es escuchar a Jesús. A partir de su Palabra aprenderemos a actuar en su Espíritu. Únicamente la Palabra de Dios nos enseña saber distinguir entre lo necesario, lo importante y lo superfluo.

No por casualidad San Lucas puso este relato de Marta y María a continuación de la parábola del buen samaritano. La hemos meditado la semana pasada. “Anda y procede tú de la misma manera”, Lc.10,37. dice Jesús allí: “hacelo como el buen samaritano, que ayuda donde hace falta ayudar”. El amor al prójimo se debe manifestar en obras concretas. Ambos textos juntos, la parábola del buen samaritano y el ejemplo de María de Betania, son la respuesta a la pregunta del doctor de la Ley: “¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”. Lc.10,25.Hay que orar y trabajar. “El que no quiera trabajar, que no coma”, 2Tes.3,10. escribe San Pablo. Cada cosa en su momento oportuno. El que no se toma suficiente tiempo para la oración y la escucha atenta de la Palabra de Dios no podrá actuar como cristiano. “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.” Lc.11,28.

¿Cuál es “la única cosa necesaria”?
¿Por qué?

¿La vida cristiana consiste en la oración o en el trabajo en favor de los demás?

La Palabra de Jesús está por encima de cualquier otro interés, y es absolutamente el comienzo de toda vida realmente cristiana.

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