“¡Te seguiré adonde vayas!”

Lucas 9,57-62.

Ciclo C, Domingo 13º durante el año

Jesús camina decididamente a Jerusalén, es decir: hacia la cruz y hacia la Resurrección. En el camino da unas lecciones a los que le quieren seguir y a los que Él llama a sumarse a ese caminar.

Jesús invita a los hombres para que sean sus discípulos. Esto significa entonces que Él quiere que los hombres compartamos su vida para que siguiendo su ejemplo lleguemos a reproducir su imagen en nosotros.

Pero compartir la vida de Jesús es más, es mucho más que ser discípulo de cualquier otro maestro. Cuando Jesús habla de seguirlo hace referencia a cargar con la cruz, y alude a la pasión: “Si alguno quiere seguirme, que cargue con la cruz …”. Y aún así, el seguimiento no termina en el Calvario sino que continúa en la Resurrección y en la Gloria. Jesús promete y pide al Padre que los que lo siguen estuviesen allí donde Él estará (ver Jn.12,26; 14,3; 17,24). 

En la visión del Apocalipsis se ve a los resucitados que “siguen al Cordero donde quiera que vaya”. Apoc.14,1-5.

Siguiendo a Jesús, ¿hacia dónde vamos caminando?

Se encuentra quien, en un momento de entusiasmo fervoroso, toma la iniciativa y le dice a Jesús: “¡Te seguiré adonde vayas!”. Jesús apacigua ese entusiasmo momentáneo y poco maduro. Le hace reconsiderar el paso que piensa dar citándole un viejo refrán: mientras los animales sin utilidad para el hombre, y hasta dañinos, tienen donde refugiarse, Jesús y los que le siguen no tienen donde pasar la noche. En el texto inmediatamente anterior se cuenta que los samaritanos le negaron a Jesús el alojamiento.

Jesús dice a todo entusiasmado: la decisión de seguirlo no puede ser el resultado de un entusiasmo pasajero, sino debe ser un compromiso de toda una vida. Y esta vida de caminar con Jesús no ofrece garantías de seguridad, ni ventajas materiales. Sino, al contrario, es necesario tener un corazón desapegado a las riquezas materiales, porque “no se puede servir a Dios y al dinero”. Lc.16,13.

¿Por qué Jesús más bien frena al entusiasta que le promete: “¡Te seguiré adonde vayas!”?

Al segundo Jesús lo llama a seguirlo. Éste pretende ponerle condiciones pidiendo una postergación: quiere ir primero a enterrar a su padre. Se entiende que pide algunos años de plazo hasta que algún día muera su padre. Mientras tanto llevaría una vida que no es cristiana. El deber de sepultar a su padre, un gesto aparentemente piadoso, es en realidad el pretexto para no comprometerse con Jesús, por lo menos no en ese momento. Tal vez implicaría también recibir la herencia y asumir las expectativas y la presión de parte de los parientes de seguir con la tradición familiar. De este modo no quedaría nunca libre para seguir a Cristo.

La respuesta de Jesús deja en claro que los que no comparten su camino de la cruz para llegar a la Vida Nueva en la Resurrección, en realidad ya son muertos en esta vida. Han renunciado a la Vida en Cristo. Ya habrá algunos “muertos”, es decir: los que no siguen a Jesús, que enterrarán a su padre. Lo urgente es que él anuncie el Reino de la Vida.

¿Qué le hace ver Jesús a aquel que quiere postergar el seguirlo para más tarde?

El tercero quiere seguir a Jesús, pero quiere despedirse primero de su familia. Esto llevaría su tiempo. Habrá muchos de quienes despedirse. Y hay algo más: la decisión tomada sería reconsiderada por todos, y posiblemente cuestionada, tal vez con razones aparentemente muy buenas. El consejo de la familia podría pesar más que el llamado de Jesús.

Este último diálogo se parece a una escena en el Antiguo Testamento. Cuando el Profeta Elías llamó a Eliseo para que fuera su discípulo y sucesor, éste se encontraba arando. Al oír el llamado, Eliseo pidió permiso para ir a despedirse de sus padres, y Elías se lo permitió. El Profeta Elías podía quedarse esperando mientras Eliseo se despedía de su familia, pero Jesús tiene una urgencia mucho mayor. Él no permite ni un solo paso atrás.

Los que mantienen su corazón atado al pasado, los que no han renunciado totalmente a lo que eran o tenían, no están en condiciones de comenzar a vivir en el Reino de Dios. Es decir, no pueden experimentar esa renovación que ha venido a traer Cristo y que culminará en la glorificación final hacia la que Él conduce a todos los que le siguen. La imagen del arado es clara: quien se propone comenzar a arar, tiene que tener la mirada fija hacia adelante, en la dirección en la que abrirá el surco.

¿Qué quiere hacerle ver Jesús a un tercero, con las palabras: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.”?

Es imposible ser también cristiano. O se sigue a Jesús sin condiciones, o no se es cristiano en serio. No es lícito acomodar el Evangelio hasta que nos guste a nosotros. Tampoco existen exigencias especiales para los especialmente santos. El Evangelio vale por igual para todos los que quieren ser cristianos de verdad. Jesús no se contenta con un lugarcito al margen. Él exige ser el centro y el eje de nuestra vida.

Una respuesta a ““¡Te seguiré adonde vayas!”

  1. A veces solemos ser como aquel primer hombre “te seguiré adondequiera que vayas” pero es sólo un entusiasmo de momento que pronto olvidamos y nos perdemos en el camino. Cuan importante es decir SI a Jesús todos los días. Y reflejar ese Sí en nuestras obras y palabras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s