“No llores.”

Lucas 7,11-17.

Ciclo C, Domingo 10º durante el año

¿Quién no habrá sentido alguna vez el profundo dolor al tener que enterrar “los restos mortales” de un ser querido?

La viuda de Naím tenía crueles motivos para sentirse acongojada: después de que había fallecido su esposo, ahora tenía que enterrar también a su hijo. Además de ser joven, era su único hijo. Así que la viuda quedó del todo desamparada y en la miseria. Se quedó con nadie que la hubiese podido sustentar.

¿Por qué la muerte de su hijo es para la viuda de Naím especialmente dolorosa?

El único consuelo para ella fue tal vez que los vecinos no la dejaron sola, sino compartían su dolor. El texto únicamente dice que “mucha gente del lugar la acompañaba”. Ante la certeza de la muerte, ¿qué  palabras habrían podido decir para darle a la viuda esperanza? Seguramente, la tristeza invadía a todos.

Naím, de hecho, fue un pueblo más bien pequeño. La viuda y la “gran multitud” muy bien representan a toda la humanidad. Cuando la muerte implacable golpea a los hombres, impotentes frente a la muerte, no les queda otra que  sacar el cadáver de su pequeño mundo, y llorar.

Ante la realidad de la muerte, ¿qué podemos hacer con nuestros recursos meramente humanos?

Pero para Dios nada es imposible. Donde se terminaron todas las posibilidades humanas, interviene Él. Se encuentran dos cortejos: el cortejo de la muerte, en medio del cual está la viuda, a la que los demás no tienen cómo devolverle alguna ilusión. Y el cortejo de la Vida, conducido por Jesús. ¡La Vida y la muerte frente a frente!

Parece totalmente fuera de lugar que Jesús en un doloroso entierro diga a la viuda “No llores.”, pidiéndole que deje de lamentarse por la muerte de su único hijo. Pero a continuación queda claro que Jesús ya sabía lo que iba a hacer. Él tiene poder también sobre la muerte. El evangelista le da aquí la primera vez el título «Señor». Jesús es el Señor de todo el universo, y tiene dominio también sobre la muerte. Él vino a este mundo para dar una solución también a la desesperación provocada por el dolor y el tener que morir.

¿Por qué no estuvo fuera de lugar que Jesús le haya dicho a la viuda: “No llores.”?

¿Por qué el evangelista Lucas le da a Jesús aquí la primera vez el título «Señor»?

La Biblia relata de modo muy parecido una resurrección del hijo de una viuda, realizada por el gran profeta Elías (ver 1Rey.17,17-24.). Pero también hay un gran contraste: Elías clama a Dios y realiza una serie de gestos para que reviviese el niño. Mientras Jesús, de manera directa y por su propia autoridad, ordena al muerto que se levante. Jesús es más que un gran profeta. Él es Dios.

Con todo derecho podríamos traducir la orden “levántate” con “resucita”. Porque, en el texto original griego, la misma palabra se emplea para referirse a la Resurreción del mismo Jesús (Lc.9,22; 24,6). Jesús demuestra, a modo de anticipo y prefiguración, que Él es el “autor de la vida”, He.3,15. como, después de la Resurrección de Jesús y de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, lo proclama públicamente San Pedro. Como Dios dio la orden para que fuese a surgir toda la creación, el Señor Jesús da la orden que los muertos resuciten.

Jesús pronuncia la misma palabra “levántate / resucita” también ante el cadáver de la hija de Jairo, el jefe de la sinagoga (ver Lc.8,54). Es muy sugestivo que Jesús, Él mismo joven, mande soberanamente a dos jóvenes, un muchacho y una chica, que se levanten/resuciten. No pasó mucho tiempo, hasta que el mismo Jesús resucitó soberanamente.

¿Cómo demuestran los textos bíblicos que Jesús es más grande que Elías?

Es llamativo que en el relato de la viuda de Naím no se aluda a la fe como condición previa al milagro. Es que Jesús nos ofrece la Vida gratuitamente. Sólamente necesitamos recibirla.

Después de la resurrección del muchacho, la gente, sí, reacciona con fe entusiasta. Descubren que en Jesús “Dios ha visitado a su Pueblo”. También podríamos traducir: “Dios ha mirado con amor a su Pueblo”. Es una visita de Dios que muestra su gran misericordia y su poder, y abre la puerta de la esperanza a la Vida en plenitud, o sea, a la Vida eterna.

¿Qué quiere decir que “Dios ha visitado a su Pueblo”?

El nombre del pueblo «Naím» significa: «la hermosa». Es realmente hermoso saber que Dios saca la Vida hasta de la muerte. Las galaxias se podrán desintegrar. Excepto el caso que uno no quiera recibir la vida como una gracia, Dios no permite que la vida de uno de sus hijos se pierda. Jesús, como el Señor de la Vida, infunde esperanza a los que se habían quedado sin esperanza alguna. La tristeza que causa la muerte, cede a la alegría de que Jesús, algún día, enjugará todas nuestras lágrimas.

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