Unidos a Jesús, Buen Pastor…

Juan 10,27-30.

Ciclo C, Domingo 4º de Pascua

Un hombre está sentado debajo de una palmera, en medio del desierto, y toca el violín. Se acerca un león, hace una vuelta alrededor del artista, se acuesta y escucha la música. Llega otro león, olfatea, se acuesta y escucha. Se acerca un tercero, levanta las orejas, se acomoda y disfruta de los sonidos armoniosos. Entonces llega un cuarto león, se acerca al artista … y lo devora junto con su instrumento. Arriba, entre las hojas de una palmera un mono codea a un compañero y le dice: “¿No te lo he dicho? Cuando llegue el sordo, ¡sonamos!”.

“Mis ovejas escuchan mi voz … y me siguen.” ¿Pero si las ovejas no escuchan? Entonces tampoco van a seguir a Jesús. Más bien lo van a matar! ¡Qué importante es saber escuchar! No por casualidad repite Jesús en el Evangelio tantas veces: “¡El que tenga oídos, que oiga!”.

Hay quienes oyen muy bien con su oído, pero no con el corazón.

El primer sermón del nuevo párroco había entusiasmado a todos. El próximo domingo todos ya esperaban con gran expectativa las palabras del sacerdote. Pero éste repitió exactamente el sermón del domingo anterior, lo mismo que el tercer, cuarto y quinto domingo. Finalmente uno de sus feligreses perdió la paciencia y le dijo: “¿Por qué predica usted siempre lo mismo?”. Contestó el párroco: “¿Por qué ustedes viven todavía de la misma manera que hace seis semanas? Si comienzan a vivir lo que les digo, les voy a predicar algo nuevo”.

También nosotros estamos en peligro de escuchar la Palabra de Dios, pero de no tomarla muy en serio. Fácilmente ponemos filtros, sea para “modernizar” y adaptar las palabras de Jesús, sea, para silenciar del todo los textos bíblicos exigentes, de tal modo que no cuestionen nuestro estilo cómodo de vivir. Seleccionamos sólo aquellos mensajes que nos gustan. Entonces no le obedezco tampoco a Jesús. No le pertenezco. No le confío.

Jesús quiere establecer conmigo una relación personal, de confianza de amigo, de buen Pastor. Muchos se imponen por la fuerza. En cambio Jesús es pastor de su pueblo porque ha creado una relación de amor. El pastor y las ovejas “se conocen” mutuamente. Y el mejor modo de “conocerse” es amarse. Así como las ovejas siguen dócilmente una voz que ya conocen, así como un buen pastor conoce e indentifica a cada uno de los animales que debe cuidar, de esa manera los cristianos siguen a Jesús porque conocen su voz, conocen su enseñanza, y saben hacia dónde nos lleva. Él llama a cada uno de nosotros por su nombre.

¿Escuchamos a Jesús con el corazón?

¿Le seguimos incondicionalmente, obedeciéndole en todo?

Sin embargo, Jesús no vino a darnos la “felicidad” de una mentalidad de consumo, no vino a darnos recetas fáciles para solucionar problemas por un momento. Lo que Él nos da es la Vida, y no cualquier vida, sino la Vida eterna. Decir Vida eterna es decir: Él nos da todo. Una felicidad tan inmensa solamente se puede alcanzar cuando se está en manos de Jesús. No estoy perdido al margen del universo. Jesús me conoce personalmente. Soy importante para Él. Y Él nos dice que no hay nadie que tenga el poder para arrancarnos de su mano. Ningún payé, ninguna mala onda, ninguna fuerza de un astro, ninguna cosa de macumba y ningún truco del espiritismo, ni el diablo, y mucho menos el vecino que anda en cosas raras, nada ni nadie nos puede separar de Dios, si nosotros queremos estar de verdad con Él. El Padre celestial es superior a todo y a todos. Y es de la misma manera bueno con nosotros que Jesús. Los dos son una sola cosa. Quien pertenece a Cristo, pertenece a Dios Padre.

¿Qué nos ofrece Jesús?

¿Qué significa que Jesús me conoce personalmente?

¿Qué me separa de Jesús?

A lo largo de la historia del Pueblo de Dios, se aplicaba el nombre de “pastor” al rey. Había que reprender más de una vez a los reyes por no cumplir como buenos pastores. (ver p.ej. Ez.34,1-16). Los profetas dijeron que los malos pastores del Pueblo de Dios, en vez de cuidar y alimentar a las ovejas las mataban para comerse su carne y vestirse con su lana. El pueblo se dio cuenta que no hay ningún gobernante que llene todas las aspiraciones. Por eso cantaban: “El Señor es mi pastor; nada me puede faltar …”.  Sal.23 (22). Nadie puede prometer que hará feliz a los demás, porque se sabe bien que ninguno puede asegurar ni siquiera su propia felicidad. El único que puede llamarse “pastor” es Jesús, porque sólo Él  puede dar lo que ningún otro puede dar.

Sin embargo, Jesús quiso que el nombre de “pastor” fuese aplicado también a los hombres que colaboran con Él en cuidar a su rebaño. Al apóstol Simón Pedro le encargó el servicio de ser pastor de toda la Iglesia, diciéndole: “Apacienta mis ovejas”. Jn.21,15-17. Y el mismo San Pedro escribió más tarde a sus colaboradores: “apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado.” 1Ped.5,2. Por eso llamamos al Papa, sucesor de Pedro, “pastor universal”, y al Obispo “pastor diocesano”, y el párroco es el pastor de la Comunidad parroquial. Ellos son pastores como ministros, o sea: “servidores” del Pueblo de Dios. Pero no nos olvidemos que todos los bautizados estamos unidos a Jesús el Buen Pastor. En comunión con los legítimos pastores todos debemos ayudar a afianzar la unión del rebaño de Cristo. Todos debemos procurar la unión con Cristo y entre los hombres, comenzando en nuestra familia y en el barrio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s