“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”

Lucas 24,1-12.

Ciclo C, Domingo de Pascua de Resurrección (Vigilia)

Las mujeres fueron al sepulcro de Jesús “el primer día de la semana al amanecer”, es decir, al amanecer del día que pronto se llamó “Domingo”: “Día del Señor”, precisamente por la Resurrección del Señor Jesucristo. En la Biblia, todas las apariciones del Resucitado ocurren en un día Domingo, como también la venida del Espíritu Santo, el Domingo de Pentecostés. El “Día del Señor” fue el amanecer de la Nueva Creación en Jesucristo y su Espíritu. En el Señor fue renovada la primera creación que había caído bajo la corrupción del pecado y las tinieblas de la muerte.

Los cristianos santificaron desde el comienzo este día. Siempre se reunían el día Domingo para escuchar la Palabra de Dios y para la “fracción del pan”, es decir: la celebración de la Eucaristía o Santa Misa.

¿Por qué motivos los cristianos celebramos el día del Domingo?

Estas mujeres que observan estrictamente el descanso del sábado, representan la piedad judía. Estaban preocupadas por ungir el cadáver de Jesús. Esperaban encontrarse con Jesús bien muerto, a pesar de que el Señor había dicho claramente que resucitaría al tercer día. Se ve que ellas estaban muy lejos todavía de la fe cristiana. Ante la piedra removida y la ausencia del cuerpo de Jesús no sabían qué pensar. De ninguna manera asociaron estos hechos con el anuncio de la Resurrección.

¿En qué se ve que las mujeres no esperaban la Resurrección de Jesús?

El mero hecho de la tumba vacía no es ninguna prueba de que Jesús haya resucitado. La tumba puede estar vacía por muchas razones. No es sino una pregunta que espera una respuesta. Y los jefes judíos encuentran en seguida una respuesta: “Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo”. Mt.28,13. La respuesta verdadera y definitiva la da finalmente Dios por medio de las “apariciones”, o “manifestaciones” de Jesús. Encontrándose con el Resucitado sabrán por fin por qué la tumba estaba vacía. Para tener fe en el Resucitado es necesario tener un encuentro con Él.

¿Por qué la tumba vacía, por sí sola, no es una prueba suficiente de que Jesús resucitó?

En nuestro relato del Evangelio según San Lucas no aparece todavía el Señor Resucitado. Solamente hay dos testigos: dos hombres con aspecto resplandeciente, una señal de que vienen de Dios. La primera reacción de las mujeres es de temor, como la de cualquiera que se encuentra con el misterio insondable de Dios. Se trata de dos hombres. Según una exigencia bíblica (ver Dt.19,15.), son necesarios al menos dos testigos para que un testimonio sea válido.

Todos los evangelistas omiten cualquier descripción del hecho de la Resurrección misma. La Resurrección misma no fue vista por ningún ser humano, ni pudo serlo. Porque ella fue un acontecimiento estrictamente sobrenatural. No se puede constatar por medio de los sentidos de nuestro cuerpo mortal, ya que no fue un simple levantarse del sepulcro para seguir viviendo como antes, como en el caso de la resurrección de Lázaro. La Resurrección de Jesús es el paso a otra forma de vida, a la Vida gloriosa. En este mundo, y en referencia a la vida gloriosa, somos como niños que se encuentran todavía en el vientre de su madre, y por eso no pueden ni imaginarse lo que será la vida después de nacer.

¿Por qué ningún evangelista describe el hecho mismo de la Resurrección de Jesús?

Los dos mensajeros del cielo explican lo que de otra manera no se podría captar. Y comienzan reprochando a las mujeres por su falta de fe: ¿por qué buscan a Jesucristo en una tumba y con perfumes de los que se utilizan para embalsamar los cadáveres? Y siguen, dando el anuncio central, sobre el que se funda toda la fe de los cristianos: el Señor no está en el sepulcro, sino que ha resucitado. ¡Jesús vive!. Las mujeres deberían haber recordado que cuando Jesús les anunció su muerte, habló también de la Resurrección.

Deben recordar las palabras de Jesús, ya que ellas tienen para cualquiera una importancia fundamental para poder llegar a creer en Jesucristo Resucitado.

¿En qué se funda la fe cristiana?

Los Once tampoco esperaban la Resurrección. Para ellos, las cosas que decían las mujeres no eran otra cosa que delirios. Solamente uno de los Apóstoles, Pedro, quiso investigar si fue así como decían las mujeres. No se dice que Pedro, al ver el sepulcro vacío, haya llegado a la fe. Parece que su admiración fue una mezcla de asombro, extrañeza y estupor. No fue todavía fe.

¿Cómo reaccionaron los Apóstoles a lo que decían las mujeres?

Hay un cuento que dice así: El ojo dijo: “Detrás de estas neblinas veo una gran montaña”. Contestó el oído: “No escucho ninguna montaña.”, y la nariz: “No huelo ninguna montaña!”, y la mano: “En vano trato de tocar una montaña”. No pudieron entender la extraña ilusión del ojo, y sacaron la conclusión: el ojo no puede estar bien sano!

Jesús mismo les tuvo que abrir los ojos de la fe a sus discípulos. También nos tiene que abrirlos a nosotros, si no, vemos solamente problemas en lugar de encontrarnos con el Resucitado.

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