600 litros de agua cambiada en vino, son sólo el comienzo…

Juan 2, 1-12.

Ciclo C, Domingo 2º durante el año

En este texto bíblico se trata de algo más que impedir que una fiesta de casamiento en un pueblito se vaya al tacho. También se trata de algo más que de un milagro. Al evangelista Juan no le habría ocurrido colocar pasacalles con las palabras: “Salvación, sanidad, milagros”. No se trata de propaganda y sensaciones. No se necesitan milagros para creer: “¡Felices los que creen sin haber visto!”, Jn.20,29. dice el mismo evangelista. Ni aparece la palabra “milagro”. De él solamente se habla de paso: “El encargado probó el agua cambiada en vino”.

El evangelista dice que Jesús hizo un “signo”. Lo que interesa es: ¿Qué “significa” para nosotros la persona de Jesús?

¿En qué se centra el relato de las bodas de Caná?

Entre los presentes en la boda se menciona en primer lugar la madre de Jesús. Ella representa la comunidad del Pueblo de Dios.

En medio del pueblo está también Jesús compartiendo la vida de la gente, aparentemente como uno más. ¡Sí, Jesús estuvo en la boda, entre cantos y bailes! Parece que vino a aprobar con su presencia tanto nuestras fiestas y convivencias como la unión conyugal.

Los primeros discípulos de Jesús, y los primeros cristianos, procedían del ambiente de Juan Bautista. Éste era un asceta que “no comía ni bebía.” Mt.11,18. El primer acto de Jesús es llevar a esos discípulos a la fiesta, una fiesta con vino “que alegra el corazón del hombre.” Sal.104,15; Ecl.10,19. Jesús no es un aguafiestas.

¿Qué nos dice el hecho de que Jesús compartía la alegría de la gente?

Llega a faltar el vino. Es la situación del mundo sin Cristo. Es también nuestra vida sin Cristo. No hay alegría. Todo es vacío y seco. “No tienen vino.” Todos los intentos de subsanar esa carencia prescindiendo de Jesús, están destinados al fracaso. La primera que en su sensibilidad se da cuenta de la situación e intercede ante Jesús, es su propia madre. Él la llama “Mujer”. María es la mujer por excelencia, la “nueva Eva”, asociada desde el principio a la obra de Salvación, a la renovación de la vida en Cristo. Si cuando no había llegado la hora, Jesús socorre a los hombres por súplica de su madre, ¡cuánto más eficaz será su poder de intercesión cuando ya llegó dicha hora!

Llamando a su madre “Mujer”, ¿qué nos dice Jesús acerca de María?

¿Cómo se muestra la intercesión maternal de María?

La “hora” de  Jesús es el momento de su paso al Padre: su muerte, Resurrección y Glorificación. Esta hora no se adelanta por pedido de la madre de Jesús. Pero el Señor ofrece un signo de lo que será la realidad de esa hora.

¿Qué es la “hora” de Jesús?

Jesús da una cantidad de vino increíble: unos 600 litros. Significan la abundancia de la Vida en Cristo.

¿Y qué hay que hacer para participar en esa Vida abundante? María nos lo dice: “Hagan todo lo que Él les diga”.

En el desierto, el Pueblo elegido ratificó la Alianza con Dios con estas palabras: “Estamos decididos a poner en práctica todo lo que ha dicho el Señor.” Éx.19,8; 24,7. Pero frecuentemente no cumplieron con sus promesas. Ahora María nos señala a su hijo como el Enviado del Padre, en quien se cumple plenamente la Alianza de Dios con su Pueblo. La voz de Dios Padre dirá: “Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.” Lc.9,35.

María no quiere otra cosa más que acercarnos a su hijo Jesús, el único Salvador del mundo, el único que sabe lo que hay que hacer. Viviendo como Jesús nos lo enseña en el Evangelio, experimentaremos la verdadera Alegría.

Hay que hacer el esfuerzo de sacar el agua del pozo, ciertamente muy profundo, y acarrearla, y llenar los recipientes con agua, aunque sea turbia. Los sirvientes cumplen con su trabajo de todos los días. Y lo hacen bien: llenan las tinajas “hasta el borde”. El Señor espera de nosotros que cumplamos nuestra misión y tarea de la mejor manera posible. Que pongamos todo lo que humanamente podemos poner. Solamente entonces podremos experimentar la alegría de la fe.

Sólo los sirvientes, que habían sacado el agua, conocían el origen del vino. A los pequeños, a los pobres, a los humildes, como a los pastores de Belén, se les anuncia en primer lugar la “Buena Noticia”.

Aunque pensemos que somos unos pobrecitos no más, y que es poco lo que podemos poner, el Señor ya pondrá lo demás. Su Amor y su Poder cambia el agua de nuestra vida en vino riquísimo, cambia la tristeza en Alegría, lo transitorio en Eterno, la muerte en Vida.

¿Qué hay que hacer para participar en la Vida abundante que nos ofrece Jesús?

Jesús viene a ocupar secretamente el papel del esposo. La Iglesia es la esposa. (ver Is.62,4s). Al novio Jesús se le reprocha que haya guardado el mejor vino para el final. Es que al vino inferior de la Antigua Alianza sigue el vino mejor de la Nueva Alianza en Cristo. Los recipientes de las purificaciones rituales de la Antigua Alianza están vacíos. Esos ritos judíos ya no sirven. Jesús inaugurará la Nueva y eterna Alianza con una copa de vino, convertido en su Sangre redentora, cuando había llegado su “hora”. Cuando “al tercer día” resucitó, comenzó el tiempo de Salvación en plenitud. En Jesús se cumple la profecía de Isaías, que Dios “ofrecerá a todos los pueblos… un banquete… de vinos añejados, decantados.” Is.25,6-9.

¿En qué etapa de la Historia de Salvación estamos viviendo nosotros?

A San Jerónimo, después de predicar sobre este mismo tema de las bodas de Caná, se le acercó un oyente y, en tono burlón, hizo notar: “¡600 litros de vino! ¡Me interesaría cómo lograron tomar toda esa cantidad!” Contestó San Jerónimo: “Es que en Caná no se tomó todo el vino. De este vino bebemos todavía hoy.”

Caná solamente fue el comienzo. Jesús nos hace gustar este vino de Alegría ya anticipadamente en el Sacramento de la Eucaristía, cuando celebramos la Misa. Definitivamente lo compartiremos en la Fiesta de la Alegría eterna.

2 Respuestas a “600 litros de agua cambiada en vino, son sólo el comienzo…

  1. romualdo garcia

    600 litros de vino, vaya borrachera que se pegaron

    • Estimado hermano Romualdo: ¿leíste hasta el final? Te lo repito:

      A San Jerónimo, después de predicar sobre este mismo tema de las bodas de Caná, se le acercó un oyente y, en tono burlón, hizo notar: “¡600 litros de vino! ¡Me interesaría cómo lograron tomar toda esa cantidad!” Contestó San Jerónimo: “Es que en Caná no se tomó todo el vino. De este vino bebemos todavía hoy.”
      Caná solamente fue el comienzo. Jesús nos hace gustar este vino de Alegría ya anticipadamente en el Sacramento de la Eucaristía, cuando celebramos la Misa. Definitivamente lo compartiremos en la Fiesta de la Alegría eterna.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s