Debo cambiar el camino de mi vida…

Lucas 3, 1-6.

Ciclo C, Domingo 2º de Adviento

A veces se suele amenazar a un niño con ponerlo “en penitencia”.  Mucha gente asocia la penitencia con un acto penoso. Pero “penitencia” significa ante todo un cambio de mentalidad, una corrección del rumbo. Hacer penitencia es convertirse. Es lo mismo que “darse vuelta”,  “cambiar el camino”.

San Juan Bautista exhorta a realizar un gesto de lavado, como expresión externa de una decisión de cambiar la vida, de cambiar la manera de pensar y de actuar. Y todo esto tiene una finalidad: obtener el perdón de los pecados.

¿Para qué Juan Bautista exhortó a hacerse bautizar?

Los judíos se sentían el pueblo elegido por Dios. Rechazaron a los paganos, porque se los veía envueltos en sus errores religiosos, y en una vida desordenada e inmoral. Especialmente rechazaban a los romanos. Como invasores se habían apoderado injustamente del país de los judíos, y les habían impuesto su gobierno tiránico.

San Lucas indica que Juan recibió la Palabra de Dios en tiempos en que el emperador romano Tiberio gobernaba a casi todo el mundo entonces conocido. No se limita a mencionar a los gobernantes judíos.  De este modo, el Evangelista ubica los comienzos de la manifestación de la Salvación dentro del marco de la historia de toda la humanidad. Todos los hombres del mundo quedan invitados a convertirse y “ver la Salvación de Dios”. Dios no hace ninguna clase de exclusiones, y no rechaza a ninguna de sus creaturas.

¿Qué nos enseña San Lucas con su particular datación del comienzo de la Salvación en Jesucristo?

Después de sacar a los israelitas de la esclavitud de Egipto, Dios los condujo al desierto. Allí estableció su alianza o vínculo matrimonial con su pueblo elegido (Jer.2,2s; Dt.2,7; 32,10; Ez.16). Este pueblo preferido cometió muchas y graves infidelidades. Pero Dios lo llevará de nuevo al desierto para hablarle a su corazón, y el pueblo, como esposa del Señor, “responderá como en los días de su juventud.” Os.2,17. 

El desierto no es simplemente un lugar seco y solitario. Es el lugar de un nuevo encuentro con Dios.Su Palabra resuena en el desierto de este mundo, y llama a todos sin excepcion, a los miembros del Pueblo de Dios y a los paganos, a los justos e injustos, a los sabios e ignorantes, para que se preparen a recibir al Señor y Salvador.

¿Por qué «el desierto» es un lugar especial para el encuentro con Dios?

Estamos preparando la próxima Navidad. Jesús viene como Salvador para todos, sin excepciones. Que ninguno se sienta tan alejado y pecador como para no estar incluido en el Amor de Dios. Que nadie piense que puede rechazar a otro, por más pecador que éste sea, como si no fuera también un invitado a la Salvación.

La Salvación no tardará en manifestarse. Pero debemos preparar su llegada, así como quien nivela un terreno para construir una ruta. Tratemos de quitar todos los obstáculos, los valles de nuestro desánimo y dejadez, las montañas de nuestro orgullo y autosuficiencia. Tratemos de enderezar los caminos sinuosos que nos alejan de Dios. Y nivelemos las diferencias injustas entre nosotros haciendo crecer el amor fraterno. El Señor quiere realizar su obra salvadora en cada uno de nosotros, para formarse un nuevo Pueblo.

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