¿Qué futuro podemos esperar?

Marcos 13, 24-32.

Ciclo B, Domingo 33º durante el año

Después de la ilusión de progreso, un tanto ingenua, de la década de los 60, hoy por hoy no le damos mucho futuro a nuestro globo. Muchos jóvenes hablan de “no future” (“no hay futuro”), y se retiran al mundo ilusorio de las drogas, o se encierran en la felicidad privada dentro de las cuatro paredes.

El modo bíblico de hablar del fin del mundo estimuló en todos los tiempos la fantasía. Nunca faltaban unos cuantos exaltados que creían reconocer signos seguros del inminente fin del mundo en algunas catástrofes y guerras de la época correspondiente. Unos cuantos, con sus especulaciones, logran hacer negocios muy buenos con la curiosidad y el miedo de la gente. Y así ocurrió ya en el tiempo en que se redactaba este texto del Evangelio según San Marcos.

Alrededor del año 70, tales especulaciones sobre el fin del mundo habían llegado a un punto culminante. Los judíos se habían sublevado contra las tropas romanas. Después de tres años de horrible guerra, los romanos conquistaron a Jerusalén y destruyeron el Templo. Fue un tiempo de terribles espantos. No quedó piedra sobre piedra de su centro de culto. Nadie sabía si iba a salvar su vida.

Los judíos no se podían imaginar que la historia siguiese después de la destrucción de Jerusalén. Para ellos el fin del Templo fue idéntico con el fin del mundo. Se imaginaban ese fin del mundo como una catástrofe cósmica, como el derrumbe de la creación que Dios había hecho al principio.

¿Qué significó para los judíos la destrucción del Templo de Jerusalén?

El mensaje del Evangelio es siempre buena noticia. Este texto no nos anuncia el fracaso de la creación de Dios. Habla, sí, en imágenes entonces familiares, tomadas del Antiguo Testamento, que expresan el hecho de que nuestra vida y todo el mundo están amenazados por la destrucción. ¿Cuántas estrellas ya cayeron del cielo de los espectáculos, unas cuantas de ellas suicidándose? ¿O en nuestra vida no se nos oscureció nunca el horizonte?

Pero Jesús insiste en que no hay razón para vivir en angustia o caer en histeria. Lejos de anunciar que todo terminará en la destrucción, hace ver que el fin de las posibilidades humanas es el comienzo de las posibilidades de Dios. Jesús habla claramente de su venida en “poder y gloria”. Y no viene para destruir, sino para salvar.

El tema fundamental de nuestro texto no es la fragilidad de este mundo, sino el futuro del hombre. Y éste es maravilloso. Se verá venir al “Hijo del hombre” “lleno de gloria”. Ya en el libro profético de Daniel leemos que “en aquel tiempo los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos.” Dan.12,3. Y San Pablo afirma, llenándonos de esperanza: “Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.”  Rom.8,18s. 

Parece que en nuestro mundo el hombre está demás miles de millones de veces. ¿Cuántos niños mueren cada día de hambre? ¿Cuántos viven peor que los perros? Pero lo que quedará de este nuestro mundo gigantesco, será el hombre, maltratado, pero amado y salvado por Cristo. Cuando parece que todo se derrumba, podemos confiar en sus promesas. En medio de los desastres de la historia y de nuestra vida personal, pisando el suelo movedizo de esta tierra, podemos basar nuestra fe en Jesucristo, más que sobre roca. Rocas se pueden quebrantar. Pero las palabras de Jesús no pasarán. Él congregará a todos sus elegidos en su Reino eterno. El que confía en Dios, aunque aparentemente caiga en un precipicio, caerá en las manos del Padre celestial.

¿De qué manera también estos textos que tratan del fin del mundo, son buena noticia?

Este texto bíblico enseñó a los primeros cristianos a saber distinguir entre la destrucción del Templo de Jerusalén, que sucedió todavía sin que pasara su generación, y el día y la hora del fin del mundo. De estos últimos momentos dice Jesús que “nadie los conoce, solamente el Padre celestial”. Es cosa totalmente inútil especular sobre fechas del fin del mundo.

Quien pierde su tiempo en pretender calcular el futuro fin del mundo, corre el riesgo de perder el tiempo presente. El tiempo final, el tiempo de la plenitud de la Salvación ya comenzó. Cuando Jesús fue crucificado “se oscureció toda la tierra”, Mc.15,33. “la tierra tembló, las rocas se partieron.” Mt.27,51. “Se conmovieron” los fundamentos de este mundo. Pero en la Resurrección de Jesús ya surgió la Nueva Creación: “las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron,” Mt.27,52. se lee en el Evangelio según San Mateo. Y también la reunión de los elegidos desde los cuatro puntos cardinales ya comenzó en la Iglesia de Cristo.

¿Qué pensar de las predicciones de fechas del fin del mundo?

¿En qué nos debemos fijar en este nuestro tiempo?

Vivimos en los tiempos finales. Expuestos todavía a las tribulaciones de este mundo, pero también ya salvados por Cristo. En la primavera la vida brota en las ramas, secas durante el invierno. De la misma manera surge ya la Vida eterna en medio de este mundo marcado todavía por la muerte. Para los palestinos, el verano es la buena estación del año. Para los que confían en Cristo, el encuentro definitivo con Él será el comienzo de la felicidad eterna.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s