Camino con la luz de la fe en mi alma…

Marcos 10, 46-52.

Ciclo B, Domingo 30º durante el año

Existen miles y miles de Bartimeos. Ese mendigo ciego es todo un símbolo de todos los marginados, abandonados, impedidos y aislados. Por su enfermedad no se puede valer por sí mismo. No le queda otra que recurrir a la limosna para poder sobrevivir. Su grito por la solidaridad y la “justicia demasiado largamente postergada” molesta muchas veces. Entonces no lo queremos oír. Queremos hacerlo callar. Decimos que en el país no hay pobres. O trasladamos villas de emergencia a otro lado, para que no estorben la hermosa imagen que pensamos presentar a los turistas internacionales.

Para Jesús el grito por ayuda y salvación no significa molestia. En Él está Dios presente que dijo: “Yo he visto la opresión de mi pueblo.” Éx.3,7. Jesús se sabe enviado por el Padre “a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.”  Lc.4,18s. Dios escucha el grito del pobre.

Los discípulos, junto con una gran multitud, acompañan a Jesús. Pero no están dispuestos a seguirlo. Se tapan los oídos ante el triple anuncio de Jesús de que estaba en camino hacia la muerte. Permanecen sordos y ciegos para lo que Jesús les quiere revelar. Quedaron ciegos después de la multiplicación de los panes (Mc.8,21). Y más ciegos aún quedarán cuando Jesús sea crucificado. Únicamente el centurión pagano comprenderá y exclamará: “¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!” Mc.15,39. 

¿En qué se muestra la ceguera de los discípulos de Jesús?

En extraña oposición a los discípulos que no quieren abrir los ojos, Bartimeo es consciente de su ceguera, y quiere ver. Jesús había preguntado a Santiago y Juan: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”. Ahora pregunta a Bartimeo: “¿Qué quieres que haga por ti?”. La misma pregunta acentúa la diferencia de la respuesta. Mientras que los dos hermanos deseaban sentarse junto a Jesús, a su derecha y a su izquierda, el ciego Bartimeo, cansado ya de estar sentado, desea poder ver para poder seguir a Jesús.

Ese mendigo no puede ver a Jesús. Pero ha escuchado de Él. Y el escuchar de Jesús se convirtió en fe. Llama a Jesús por su propio nombre, que significa: “Yavé, Dios salva”. Y agrega el título “Hijo de David” para mostrar que lo reconoce como Salvador del pueblo. Es la profesión de fe más perfecta para él posible. El hijo de Timeo reconoce en Jesús al Mesías al que todos esperan.

Lo quieren hacer callar. Escucharás voces interiores que te quieren alejar de Cristo: “¿Para qué perder tiempo en la catequesis? Allí no te pagan nada. La fe es cosa de débiles, para mujeres y niños. La oración igual no sirve…”. Y las voces que te envuelven, por ejemplo de colegas o vecinos, cuando tocás el tema de la religión y te contestan con una sonrisa irónica. Bartimeo no afloja. “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá”, Mt.7,7. dijo Jesús. Grita más decididamente aún. Ya no se quiere contentar con algunas monedas que al pasar algunos le han tirado y brillan sobre su capa. ¿Qué significan algunas ideas brillantes para quien quiere ver la Luz? No se contenta con algunas lindas palabras o alguna ideología que podría ser muy brillante; quiere encontrarse de veras con Cristo.

Jesús se detiene y lo hace llamar. Dios necesita a los que llamen a los ciegos también de nuestros días: “¡Ánimo, levántense! Cristo los llama.”

Bartimeo tiró su capa. Para él su capa era todo: su abrigo, su cama, su casa, su equipaje. Dirá San Pablo: “Por Cristo he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo, y estar unido a él.” Flp.3,8s. Bartimeo “se puso de pie de un salto”, para no perder un solo segundo, y corrió hacia Jesús. En Él encontró no solamente la luz para sus ojos, sino en Él, quien es la Luz del mundo, encontró la Luz de su vida. El pobre mendigo ciego no solamente llegó a poder ver, sino se convirtió en un “iluminado”, uno que conoce el misterio del camino de Cristo, que a través de la entrega en la cruz lleva a la gloria de la Resurrección. Sigue a Jesús como discípulo. El que antes no podía encontrar el camino a una casa en este mundo, ahora conoce el camino que lleva a la casa eterna de Dios.

¿Por qué y cómo el mendigo ciego “comenzó a ver”?

 

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