A Dios, ¿le importan mis angustias?

Marcos, 4,35-41.

Ciclo B, Domingo 12º durante el año

El siglo décimo entró en la historia de la Iglesia como el «siglo oscuro». Hubo mil y un problemas y peligros para la Iglesia. El barquito de Pedro se parecía a un bote agujereado por todas partes. Cómo la Iglesia pudo sobrevivir ese tiempo, sólo Dios lo sabe.

Cuando San Marcos escribió su Evangelio, el entusiasmo de la primera generación ya había pasado. Algunas comunidades se encontraban muy divididas. La joven Iglesia sufría la primera ola de persecuciones. Esteban había sido apedreado, Pedro crucificado y Pablo decapitado. La Iglesia que, como Jesús, anunciaba el Reino de Dios, sufría el martirio.

¿En qué circunstancias históricas se escribió este texto bíblico de la tempestad calmada?

Marcos, con su relato de la tempestad en el mar, quiere decir: Con esto tienen que contar: suele haber tempestades en el mar, y las hay también en la Iglesia; y también hay tempestades en la vida y en el corazón de cada uno. El cristiano no tiene asegurada la tranquilidad. Solamente tiene la seguridad de que no está solo en medio de las tempestades. Pase lo que pase, el Señor está con sus discípulos.

¿Qué nos quiere enseñar este texto bíblico?

Jesús mandó a sus discípulos a “cruzar a la otra orilla”, es decir, al territorio pagano de la Decápolis, al dominio absoluto del demonio, según la mentalidad de aquella época. Las fuerzas del mal obstaculizan por todos los medios la evangelización.

Desde siempre el hombre se sentía expuesto y amenazado por la fuerza incontrolable del mar. Por eso se creía que allí, en el mar, habitan los demonios, los poderes que amenazan a destruir al hombre. A continuación de este texto bíblico, se lee que los espíritus impuros, expulsados por Jesús de un hombre, entraron en los cerdos, y éstos se precipitaron al mar y se ahogaron. (ver Mc.5,1-13). En el libro del Apocalipsis se describe una bestia, enemiga de Dios, que “emergía del mar.” (ver Apoc.13,1-8). Hacia el final del mismo libro se anuncia una nueva creación donde “el mar ya no existe más.” Apoc.21,1.

Nuestro texto quiere dar una respuesta a la pregunta: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”. No se trata cómo la barquita pudo continuar el viaje, sino la pregunta importante es: ¿Quién es más fuerte que los demonios?

En los Salmos se compara el “tumulto de los pueblos” que se rebelan contra Dios, con el rugir del mar (p.e. Salmo 65). La Biblia muestra muchas veces que solamente Dios tiene el poder de dominar las fuerzas contrarias del mar (Sal.74; 89; 104; 107; Job 38,8-11; Jer.5,22; 31,35). Aquí Jesús domina soberanamente las fuerzas caóticas de la destrucción y de la muerte. Él hace lo que solamente Dios puede hacer. Él es Hijo de Dios, aún más: Él mismo es Dios. “¡Verdaderamente, este hombre es Hijo de Dios!” Mc.15,39., será la profesión de fe del centurión.

En la Biblia, ¿qué simboliza el mar?

¿Quién solamente puede dominar el mar?

En el libro del Antiguo Testamento, Jonás, se cuenta que este profeta huía de su misión de predicar a los paganos. En lugar de irse a Nínive, se embarcó en otra dirección. Entonces “se desencadenó una tempestad tan grande que el barco estaba a punto de partirse. … Mientras tanto, Jonás había descendido al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente”. Jon.1,5. Entonces el jefe de la tripulación le mandó invocar a Dios, para que no perecieran. Pero recién cuando Jonás había abandonado el barco, arrojado por los marineros al mar, sobrevino la calma. Entonces un pez lo llevó de vuelta para que por fin cumpla con su misión de predicar a los paganos.

El relato didáctico de Jonás, una especie de breve novela, nos enseña que Dios ama a todos los hombres, no solamente a su pueblo elegido. El relato evangélico de la tempestad calmada está hecho casi con las mismas palabras que son usadas en el libro de Jonás, como para que los lectores veamos en Jesús a un nuevo Jonás. Pero en contraste con éste, Jesús tiene poder para dominar las fuerzas de la creación y del mal con su propia palabra. A continuación de nuestro texto se cuenta que Jesús desembarca en la otra orilla y libera a los paganos de sus demonios. Nuevamente en contraste con Jonás, Jesús cumple, hasta la entrega de su vida, la Voluntad de Dios de llevar la Salvación a todos los hombres.

¿En qué sentido Jesús es un nuevo Jonás, y más que Jonás?

Ahora es la Iglesia la que tiene la misión de llevar la salvación a todos los hombres. Sin duda le soplan fuertes vientos en contra; muchas fuerzas se lanzan contra ella para acallar su voz e impedir la Evangelización. Siempre hubo persecución, divisiones y falsos predicadores. Pero en medio de todas las contrariedades no perderemos el ánimo: el Señor sobre todas las fuerzas del mal y de la muerte está con nosotros en el barco de la Iglesia. Nuestra fe ha de ser suficientemente madura como para superar el miedo, y no desesperarnos nunca, tampoco en momentos en que Dios permite una tempestad y él parece estar durmiendo.

Una respuesta a “A Dios, ¿le importan mis angustias?

  1. Liliana Nelida López

    Tras leer este texto se me viene a la mente una canción”Rugen tormentas, y a veces nuestra barca parece q ha perdido el timón. Miras con miedo no tienes confianza….” A veces eso es lo q nos pasa…creemos que estamos solos y no es así….”Yo estaré con Uds todos los días hasta el fin de los tiempos”nos prometio Jesús!!!!

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