Todos se reunían asiduamente…

Hechos 4, 32-35.

Ciclo B, Domingo 2º de Pascua

La Resurrección de Jesús inaugura una nueva creación. Ya aquí y ahora podemos y debemos vivir con Cristo esta Vida nueva. Pregunta San Pablo: “¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. … Considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.” Rom.6,3s.11.

Esta Vida nueva, regalo de Dios, debe manifestarse en el nuevo estilo de vivir de los que creemos en Cristo.

San Lucas, en el primero de sus célebres resúmenes del Libro de los Hechos, nos hace ver cuatro aspectos a los que los primeros cristianos daban suma importancia:

1º: Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles. Hoy diríamos: se reunían con perseverancia para los encuentros de catequesis.

2º: Participaban en la vida común, o sea: la convivencia fraterna, alegre y sencilla.

3º: Participaban en la fracción del pan, o sea: en la Misa.

4º: Daban importancia a la oración. (ver Hechos 2,42-47).

¿A qué aspectos de la vida en el Espíritu de Jesús los primeros cristianos dieron suma importancia?

El texto que tratamos es el segundo de los resúmenes sobre la vida de la Comunidad de los primeros cristianos. Acentúa dos rasgos:

1º: la eficacia del testimonio de los Apóstoles sobre la Resurrección. Ella es la base nueva. Solamente sobre ella se puede construir la vida de la comunidad cristiana. Los primeros cristianos vivían un estilo nuevo porque eran “creyentes”: creyeron en Jesús y en la Resurrección.

2º: La concordia total que existía entre ellos. No había divisiones de ninguna clase. Esta unanimidad se manifestaba en la comunión de bienes. Ningún cristiano consideraba su propiedad personal como posesión exclusiva, sino que todo era común entre ellos. El ideal de la Antigua Alianza: “no habrá ningún pobre a tu lado”, Dt.15,4. nunca se había cumplido a lo largo de la historia del pueblo judío. San Lucas pretendía mostrar que en la Comunidad de Jesucristo sí se cumplía. Nos propone un ideal de Comunidad cristiana.

En los mismos escritos del Nuevo Testamento se ve que el ideal de tener todos los bienes en común, no fue práctica extendida ni permanente. Dos ejemplos, el de Bernabé y el de Ananías y Safira con sus explicaciones (He.4,36 – 5,11.), demuestran que el vender sus propiedades para compartir lo suyo con los necesitados, era algo verdaderamente excepcional, y no tanto la regla. Más adelante se nos habla de María, madre de Juan Marcos, que poseía una casa que servía para las reuniones (He.12,12.). Las exhortaciones de San Pablo a sus lectores para que sean generosos, suponen que ellos conservaban sus propiedades. Además, vender la vaca y quedarse sin leche, no podía resolver para siempre el problema. En el Concilio de Jerusalén, las “tres columnas de la Iglesia”, Santiago, Kefas y Juan, pidieron a los hermanos de la Comunidad de Antioquía que se acordasen de los pobres de la Comunidad de Jerusalén (Gál.2,10).

¿Cómo vivían los primeros cristianos la comunión de bienes?

Si bien no logramos vivir el ideal de Comunidad, no por eso dejamos de estar llamados a intentar a realizarlo.

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