Resucito con Cristo a la Vida eterna…

Marcos 16, 1-8.

Ciclo B, Domingo de Pascua (Vigilia)

Después de ser arrestado Jesús, sus discípulos huyeron (Mc.14,27s.50). No esperaban ninguna resurrección. Para ellos el capítulo sobre Jesús estaba cerrado.

Tampoco las mujeres, que “pasado el sábado” fueron al sepulcro de Jesús, esperaban ningún mensaje que les dijera que el Señor vive. Fueron al sepulcro esperando encontrarse con Jesús bien muerto. Bajo una apariencia piadosa, como es la de ungir el cuerpo de un difunto, se esconde una gran falta de fe. A pesar de que Jesús había dicho claramente que resucitaría al tercer día, las mujeres consideraban que su muerte era definitiva, y por eso querían ungir su cuerpo con perfumes que sirven para embalsamar a cadáveres.

¿En qué se nota que los discípulos y las mujeres no contaron con ninguna resurrección?

Estas mujeres que observan estrictamente el descanso del sábado, representan la religión judía, y a todos aquellos que ante la cruz de Cristo no ven más que la derrota y el fracaso. El mensaje de la resurrección no es fácil de admitir, y también en los mejor intencionados, como estas mujeres, encuentra dificultad.

Sin embargo, Dios convirtió aquella madrugada del primer día de la semana en el amanecer del primer día de la nueva creación. Sobre la vieja creación, caída bajo las tinieblas del pecado, comenzó a desparramarse la luz del verdadero sol, de la verdadera luz del mundo: Cristo. Así como Dios creó la primera vez de la materia muerta aquel misterio que nosotros llamamos vida y que no sabemos explicar, ahora en Jesús Resucitado surge la primera vez el misterio más grande todavía de la Vida gloriosa.

Las mujeres fueron al sepulcro tristes, agobiadas, oprimidas por el peso de la muerte. El tener que morir es como una inmensa piedra que aplasta a todos los hombres. Lo que encuentran las mujeres es algo totalmente distinto de lo que esperaban: el sepulcro ya está abierto. La inmensa piedra que parecía cerrar definitivamente la tumba, ya fue quitada. Hay una puerta abierta, una nueva salida. En el lugar del cadáver está un joven, vestido de blanco, signo de victoria y no de duelo. Está sentado allí donde nadie se habría atrevido a sentarse: en el lugar en el que se coloca a un muerto, como queriendo decir: la muerte ya no tiene poder. Triunfa la Vida.

¿Con qué sorpresas se encuentran las mujeres en el sepulcro de Jesús?

La piedra retirada da acceso no sólo al sepulcro vacío, sino también a la Vida Nueva que depende exclusivamente del poder de Dios. El orden de las frases: “Ha resucitado. No está aquí.” tiene su importancia. La lógica no es: el sepulcro está vacío; por eso Jesús resucitó. Sino: Jesús resucitó; por eso el sepulcro está vacío. La fe en la Resurrección no nace del sepulcro vacío, sino de una revelación divina.

“Ha resucitado. No está aquí.”
¿Por qué el orden de estas frases es importante?

Las mujeres, lejos de alegrarse por la buena noticia, muestran más bien terror. El evangelista las presenta como personas sin fe, aun cuando se les habla claramente sobre la Resurrección del Señor.

La reacción de las mujeres es la de aquellos que no comprenden el verdadero sentido de la Resurrección, y la imaginan como algo terrible que provoca espanto y miedo, pero no alegría. La Buena Noticia de la Vida Nueva, el Evangelio, ha calado tan poco en sus corazones, de modo que no comunican a los demás esta alegre noticia. Desobedecen al mandato de anunciar que Cristo vive.

El joven vestido de blanco invita a las mujeres a dejar el miedo.

El hecho de que Jesús se haya levantado de entre los muertos, no es para llenar con miedo a nadie. Se trata de una victoria sobre la muerte que debe traer paz y alegría a todos.

¿Por qué la Resurrección de Jesús es causa de alegría, y no de miedo?

Inmediatamente después de recibir el Evangelio, las mujeres son enviadas a llevárselo a los discípulos, y en particular a Pedro. Cuando arrestaban a Jesús, los discípulos, huyendo, dejaron solo al Señor. Pedro lo negó tres veces. El Señor Resucitado los convoca de nuevo a estar con Él. Les envía un mensaje de perdón para todos los que no lograron serle fieles.

Los discípulos deben volver al lugar donde siempre han vivido y trabajado, donde conocieron a Jesús y trataron con él. Deben dejar Jerusalén, adonde se han ido solamente para celebrar la Pascua. Deben volver a su vida diaria. Allí encontrarán al Señor, y no en manifestaciones espectaculares. A Jesús Resucitado se lo debe encontrar ahora en el prójimo, en los trabajos de todos los días, en la Palabra de Dios, en los Sacramentos, en la Comunidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s