El juicio de mi Salvación o condenación ya comenzó…

Juan 3, 14-21.

Ciclo B, Domingo 4º de Cuaresma

Dentro de pocas semanas lo viviremos de nuevo: en la celebración de la Muerte del Señor, el Viernes Santo, se descubre la cruz, y el sacerdote, levantándola, proclama: “Este es el árbol de la cruz donde estuvo colgado el Salvador del mundo”. Nosotros estamos acostumbrados a mirar a la cruz como signo de Salvación. Y por eso la hemos convertido en un adorno que no nos causa espanto. No así los contemporáneos del autor de nuestro texto bíblico. Para ellos la muerte en la cruz fue el fin espantoso y vergonzoso de un criminal. Para los adversarios de Jesús y los que polemizaron contra los primeros cristianos, la muerte en la cruz fue la prueba de que ese Jesús no podía ser el Mesías. De otro modo, Dios no lo habría abandonado de esta manera.

Para los adversarios de Jesús y de los primeros cristianos, ¿qué significó la muerte en la cruz?

Este Evangelio quiere demostrar que Jesús, sí, es el Mesías. Hace ver que Jesús no murió por sus propios pecados, ya que no cometió ninguno, sino por nuestros pecados y “conforme a la Escritura”. Por eso, muchas veces los Evangelios citan las Escrituras de la Antigua Alianza para demostrar que Jesús es el Salvador. Aquí el evangelista alude a la serpiente de bronce que hizo Moisés (Números 21,4-9). Después de salir de Egipto, al caminar por el desierto, los israelitas estaban perdiendo la esperanza de llegar algún día a la tierra prometida. La desesperación invadió el pueblo. Murmuraban contra Dios y Moisés. Entonces llegaron serpientes venenosas. Por sus mordeduras murió mucha gente. Ya que el pueblo se arrepintió de su rebeldía, Dios mandó a Moisés que colocara una serpiente de bronce en el extremo de un mástil. “Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.”  Núm.21,9.

Es fácil captar el mensaje que quiere dar el evangelio: Hay que elevar los ojos hacia un signo que está en lo alto para ser salvado. Quien mira a Jesús levantado en lo alto de la cruz podrá alcanzar la Vida.

Todos los hombres, sometidos a la muerte, deberán mirar con fe hacia Cristo para obtener la Vida eterna. En la “elevación” de Jesús en la cruz va incluida la exaltación a la gloria. La muerte es un paso necesario de la elevación. La cruz no es la máxima humillación, sino un aspecto de la glorificación. Jesús es elevado, exaltado, y se sienta a la derecha del Padre. Él es el vencedor de la muerte y da la vida a todos los que creen en Él.

Dios Padre aceptó la entrega de la vida de su Hijo Jesucristo cuando estaba levantado en la cruz. El Evangelio destaca el hecho de que la muerte y la glorificación de Cristo son la prueba máxima del amor de Dios a los hombres. “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.” Jn.3,16.

¿Qué razones aduce el Evangelio para demostrar que la muerte de Jesús en la cruz no ha sido un fracaso?

¿Qué significó para Jesús el haber sido levantado en la cruz?

Ante Jesucristo todos tenemos que tomar una decisión. Son posibles dos actitudes: creer, o no creer en Él. Dios no se nos impone a la fuerza. No obliga a nadie a responder a su amor con amor. Toma en serio nuestra libertad respetando nuestra decisión personal. Espera nuestra respuesta libre: la fe.

Quienes aceptan a Jesucristo como Salvador, ya desde ahora viven participando del amor, de la luz, de la verdad y de la alegría que nos ofrece Dios. Y, unidos a Jesús, su muerte será igualmente el paso a la plenitud de la Vida.

Quienes no aceptan a Cristo, no pueden decir: “Dios me condenó”. Ellos mismos se condenan al elegir una vida de odio y tinieblas. Ellos mismos se condenan ya desde ahora a una “vida de infierno”. Una vida de odio, prefiriendo las tinieblas, será siempre un infierno. Y así quedarán para siempre.

¿Qué nos da el mirar con fe a Jesús levantado en lo alto?

¿Por qué nadie puede afirmar con razón: “Dios me ha condenado.”?

En un texto del libro de Daniel (cap.7), el “Hijo del hombre” aparece triunfalmente con motivo del juicio final. Se esperaba el juicio al fin de los tiempos, el “último día”. Esta idea se encuentra también en los Evangelios sinópticos (es decir: Mateo, Marcos y Lucas), y sigue siendo válida. El Evangelio según San Juan pone particularmente el acento en que el juicio ya ha comenzado. El juicio, salvación o desgracia, se está realizando aquí y ahora por nuestra actitud frente a Jesús.

¿Cuándo toda persona es juzgada?

Dios nos llama a caminar en la luz de Cristo, y no perdernos en las tinieblas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s