“No hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.”

Juan 2, 13-25.

Ciclo B, Domingo 3º de Cuaresma

El templo de Jerusalén era la gloria máxima de los judíos, y el centro de unidad del pueblo. Fundamentalmente, Jesús no se opone al culto exterior. Ama al templo de Jerusalén. Lo llama “la casa de mi Padre”. Justamente por eso, y siendo el Hijo de Dios, no puede aguantar que el templo que debe ser un lugar para encontrarse con Dios, se convierta en un mercado y comercio.

¿Cómo miraba Jesús al templo de Jerusalén?

Pero en este texto bíblico se trata de algo más que poner orden en la casa: Juan coloca la escena al principio de su evangelio, a modo de programa. Las primeras narraciones hablan de la superación y del reemplazamiento del Antiguo Testamento. El relato de las bodas de Caná (2,1-12) enseña que el agua de los ritos de purificación de la Antigua Alianza es reemplazada por el vino de la Nueva Alianza. El templo antiguo, gloria del judaísmo, es superado y reemplazado por el nuevo Templo: el Cuerpo glorioso de Cristo Resucitado.

“Se acercaba la Pascua de los judíos…”. Esta forma de mencionar la fiesta principal de los judíos indica distancia y separación frente a ellos. Además la pascua judía era fiesta de liberación. Evocaba el paso de la esclavitud a la libertad (Éxodo 12,17; 13,3-10). En el tiempo de Jesús, cuando los judíos sufrían la opresión de los romanos, surgía inevitablemente la idea de una nueva liberación. La liberación definitiva llegó finalmente por la Resurrección de Jesús. La Pascua de los judíos fue reemplazada por la Pascua cristiana.

¿Qué reemplazó el templo de Jerusalén?

¿Qué reemplazó “la Pascua de los judíos”?

Todos los varones israelitas estaban obligados a concurrir al templo por lo menos tres veces por año. Allí debían ofrecer animales para que fueran sacrificados. No todos tenían animales para llevarlos al templo, y los que venían desde lejos no podían hacer tan largos recorridos llevando los animales para ofrecer. Era una necesidad que alguien los proveyera en el templo. Igualmente era necesaria la presencia de los cambistas, ya que las ofrendas debían hacerse con monedas judías, que en ese tiempo ya no se acuñaban. No se debían introducir en el recinto sagrado las monedas romanas u otras en las que figuraban las imágenes del emperador romano y de dioses paganos. Así, con motivo de la fiesta, y para atender las necesidades de los peregrinos, se organizaba en el atrio del templo un gran mercado.

El texto dice que Jesús encontró este negocio, y que reaccionó expulsándolos a todos. Puntualiza que lo que se saca del templo son los animales que servían para los antiguos sacrificios.

El templo sin los animales para los sacrificios es lo que anunció uno de los antiguos profetas, Zacarías. Éste dijo que en los tiempos del Mesías ya no habría comerciantes en el templo (Zac.14,21). Con la llegada de los últimos tiempos se cambiaría el culto.

¿Por qué el texto bíblico subraya que fueron sacados del templo lo animales que servían para los antiguos sacrificios?

Jesús no habla solamente de cambiar el culto sino también el templo. Para los judíos estas palabras eran un sacrilegio, castigable incluso con la muerte. (Y de hecho, la purificación del templo le costó a Jesús la vida. El celo por la Casa de su Padre literalmente lo devoró.) Como signo de que Él es el Mesías, autorizado “para obrar así”, Jesús les dice a los judíos: “Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.”  Ellos no entendían estas palabras porque pensaban en el templo construido con piedras a lo largo de muchos años. Ese templo fue arrasado en el año 70. Pero el nuevo Templo, que Jesús iba a reconstruir en tres días, sería su Cuerpo resucitado. Jesucristo es el nuevo Templo, el lugar del encuentro del hombre con Dios.

Ya en Israel se sabía que Dios no puede habitar en una casa hecha por los hombres. Los profetas dijeron que ni los mismos cielos pueden contener a Dios. Anunciaron que llegaría el día en que el templo ya no sería necesario, porque Dios estaría presente en el pueblo y en el corazón de cada hombre. En Jesús nos encontramos con Dios. Él mismo es Dios. Pero también todos los que estamos unidos a Cristo por la fe y el Bautismo, formamos un gran templo espiritual:

“¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? … El templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.” 1Cor.3,16s.  “En Jesucristo todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu.” Ef.2,21s. 

Una respuesta a ““No hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.”

  1. “Padre Martín,que Dios derrame hoy en el día de su natalicio, abundantes Bendiciones del cielo, y no sólo por ello, sino por su gran humildad, sabiduría, entrega, preocupación y ocupación en servicio del Evangelio, que a Usted lo caracteriza. Muchas Felicidades hoy y siempre.”Lo quiero mucho,su hermana en Cristo Jesús.

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