El Señor es la Salvación.

Lucas 2, 16-21.

Ciclo B, Santa María, Madre de Dios (1º de enero)

Comienzo del Año Nuevo, Octava de Navidad, fiesta de María, Madre de Dios y Jornada Mundial de Oración por la Paz: es mucho para un solo día. Pero este día necesita también mucho para llegar a ser el comienzo de algo nuevo, y no ser solamente el momento de poner un nuevo almanaque.

La Iglesia, siguiendo una antigua tradición, consagra el primer día del año civil a la Virgen María, llamándola con el título más sorprendente que puede tener una creatura humana: la “Madre de Dios”.

Meditando sobre el misterio del Dios hecho hombre, la Iglesia ha llegado, después de siglos, a reconocer que la madre de Cristo también puede ser llamada, con todo derecho, “madre de Dios”. Esto tuvo lugar en un concilio que se realizó en la ciudad de Éfeso, en el Asia Menor, en el año 431.

El Evangelio de este día nos muestra a María y José bien arraigados en las costumbres religiosas del pueblo judío. Habla de que ocho días después de nacer el niño fue circuncidado. La circuncisión consiste en cortar el prepucio, o sea, la piel que recubre el extremo del miembro viril. Su práctica estaba muy extendida entre los pueblos primitivos, tal vez ante todo por razones de higiene. Para los descendientes de Abraham fue la señal física de pertenecer al pueblo de la Alianza. Fue un signo de garantía de que Dios Yavé iba a cumplir con sus promesas divinas. (ver Gén.17). El hecho de que Jesús fue circuncidado expresa que como hombre verdadero fue un auténtico judío, “nacido de mujer, nacido bajo la ley”, Gál.4,4. y por eso ha tenido que ser circuncidado al octavo día como todos los niños varones de su pueblo.

¿Qué significó la circuncisión para el pueblo judío?

¿Qué nos enseña el hecho de que Jesús fue circuncidado?

Al circuncidar a un niño, se le solía imponer también el nombre. En aquel entonces no se eligió un nombre porque sonaba lindo, o estaba de moda. El nombre expresaba una relación especial con Dios. En el fondo era una brevísima oración. El portador debía llegar a ser lo que indicaba su nombre. El nombre revelaba el destino y la misión de una persona. Por eso, cuando Dios elige a alguien para darle una misión determinada, le impone directamente un nombre, como en el caso de Abraham (Gén.17,5) o de Isaac (Gén.17,19). El mismo Dios se revela manifestando su nombre de “Yavé” (Ex.3,13-15).

“Jesús”, o en otra forma pero significando lo mismo: “Josué”, era un nombre bastante frecuente. El primero que lleva este nombre en la Biblia es el sucesor de Moisés, Josué, quien introdujo al pueblo del desierto en la tierra prometida. El segundo que llevó este nombre fue un sumo sacerdote, y el tercero, Jesús, hijo de Sirá, es el autor del libro de sabiduría «Eclesiástico». Liberador de las penurias del desierto, guía que introduce en la tierra prometida, sumo sacerdote y hombre de sabiduría. Con eso ya se caracteriza quién es ese niño al que se le debía poner este nombre.

“Jesús” significa: “Yavé es Salvación”, o también: “Dios, el Señor, salva”. Este nombre se le había sido dado a Jesús por el Ángel. Normalmente fue el padre que imponía el nombre a su hijo. Aquí es Dios mismo que dio este nombre a su “Hijo muy querido”, Lc.3,22. en quien tiene puesta toda su predilección (ver Lc.3,22), antes de su concepción en el seno de María. La misión de Jesús pertenece al plan de Salvación de Dios. Jesús es “el Hijo, el Elegido” Lc.9,35. que Dios Padre envió a este mundo. “Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Mt.1,21. En Él y por medio de Él se cumplen las promesas de la Alianza de Dios con su pueblo. Jesús, con su palabra, vida y muerte, testimonia a los hombres que Dios no nos abandona, al contrario, nos socorre de un modo inesperado. En Jesús está presente realmente Dios quien nos salva.

¿Qué nos dice el nombre “Jesús”?

La invocación del Nombre de Jesús trae la Salvación, así como la invocación del nombre de Yavé daba la salvación a los israelitas (ver Núm.6,22-27). Este Nombre está puesto sobre este nuevo año. Con Jesús, el Cristo, debe llegar a ser un año en que nuestra confianza en la presencia salvadora de Dios se fortalezca. Cuando sintamos que nuestras fuerzas son pocas y que llegamos a nuestros límites humanos, diremos: “El Señor es la Salvación”. Al observar que muchos otros dioses, poder, dinero, placer, lujo, pretenden dominar este mundo, diremos: “El Señor es la Salvación”. Cuando nos asalten dudas y desánimo, cuando sintamos miedo a una enfermedad, a una catástrofe y a la muerte, diremos: “El Señor es la Salvación”.

Dios nos bendijo para siempre en Jesucristo. Caminando con Jesús, experimentaremos la Paz que únicamente Dios nos puede dar. Así este año nuevo llegará a ser un verdadero “Año del Señor”.

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