Los talentos que Dios me dio, no son para esconderlos…

Mateo 25, 14-30.

Ciclo A, Domingo 33º durante el año


El infierno estaba repleto. Y aún había una larga fila a la entrada. Finalmente, el diablo mismo tuvo que salir para mandar a la gente a otro lado. “Hay todavía un solo lugar vacante destinado al pecador más grande”, dijo. Y se puso a escuchar los pecados de cada uno. Pero todo lo que le contaron no le pareció suficientemente horroroso para merecer el último lugar en el infierno. Pero por allí estaba parado solito un hombre que no se había confesado aún. El diablo le preguntó: “Y vos, ¿qué hiciste?”. “Nada”, contestó el hombre. “Yo soy una buena persona, y llegué aquí solamente por equivocación”. “Pero algo tenés que haber hecho. Cada uno comete algo.” El hombre contestó: “Sí, vi los pecados y crímenes de toda clase de los demás, pero siempre me mantenía a distancia. Vi tremendas injusticias. Pero yo no cometí ninguna. Únicamente yo resistía siempre a la tentación y no hice nada.” “¿Absolutamente nada?”, preguntó el diablo dudando. “¿Estás totalmente seguro de que viste injusticias con tus propios ojos?”. “Vi cualquier cantidad de atropellos durante mi vida. Hasta alguna vez unos desalmados asaltaron a mi vecino y le acuchillaron.” “¿Y no hiciste nada?”, repitió el diablo. “No, no hice nada”, contestó el “buen” hombre. “Entonces, entrá, mi hijo; el último lugar del infierno es para vos!”. Y cuando hizo pasar al “buen” hombre, el diablo se puso al costado, para no contagiarse.

Este cuento expresa muy bien el núcleo del mensaje del Evangelio que escuchamos. El peor pecado es tal vez el no hacer nada. No hacer el bien.

Sorprende y asusta la dureza con que el divino Señor, siempre tan misericordioso, hace echar al infierno al que había escondido su talento.

Hay más pasajes en el Evangelio que confirman que aquellos que no hacen nada, sentirán la severidad de Dios. El hombre que no vestía traje de fiesta, es arrojado afuera a las tinieblas. Las chicas que no llenaron con suficiente aceite sus frascos, no pueden participar en la fiesta celestial. La puerta queda cerrada. En la escena del juicio final, que sigue inmediatamente a nuestro texto, los que no fueron solidarios con sus hermanos tendrán que irse al fuego eterno.

Al final, ya que Dios es infinitamente misericordioso, ¿todo el mundo va a entrar en el Cielo?

La comparación es clara: El hombre es ciertamente el “Hijo del hombre”, el Señor Jesucristo. El viaje que Él hace es el tiempo entre su Ascensión al Cielo y su Segunda Venida, cuando, “después de un largo tiempo”, Él regrese para la rendición de cuentas, es decir, para el juicio final. Su vuelta será, para cada uno de nosotros, el día de nuestra muerte, cuando Él nos llame a su presencia.

Los talentos, en esta parábola, simbolizan lo mismo que cuando nosotros decimos por ejemplo: “¡Este joven muestra talento!”. Representan los dones, cualidades y capacidades de cada persona. A los talentos que cada uno de nosotros ha recibido de Dios, pertenecen la salud, la inteligencia, la fe, la posibilidad de reconocer la voluntad de Dios, la firmeza de carácter, la pertenencia al Pueblo de Dios por el Bautismo, los bienes materiales.

En la parábola, ¿quién es “el hombre”?

¿A qué se refiere su viaje largo?

¿A qué se refiere su regreso?

¿Qué representan los talentos?

Jesús no esconde que cada uno recibe una cantidad diferente de talentos. No debemos confundir los medios con la meta. Dios le da a cada uno “según su capacidad”. No tendría sentido querer meter todo el océano en un vaso. Dios le da a cada uno los medios más que suficientes y los más indicados para él para que pueda alcanzar la meta. Lo importante no es el medio, a pie, a bicicleta, en colectivo o en auto; lo que cuenta es que llegue realmente a destino. Un talento todavía es más que sacar el primer premio en la lotería. Un talento como medida eran unos 60 kg. Supongamos que sean de plata o de oro, es mucho más de lo que uno necesita para sí mismo. Alcanza para hacer mucho bien a otros.

¿Qué nos dice el hecho de que cada uno recibe una cantidad diferente de talentos?

Cuando el Señor pida cuentas, lo decisivo no es cuántos talentos cada uno posee en ese momento, sino solamente lo que ha hecho con lo que se le confió. Cada uno tiene que recorrer su propio camino cumpliendo su misión específica, incomparable con la de los demás. El Señor elogia a los dos primeros servidores con exactamente las mismas palabras, aunque el uno entregó diez y el otro solamente cuatro talentos. Al final de nuestra vida, ante Dios no cuentan nuestros talentos, sino solamente cuánto nos hemos esforzado. Convertir dos talentos en cuatro supone el mismo esfuerzo que duplicar cinco en diez. Por eso también el premio es el mismo: el gozo del Señor, o sea, la felicidad eterna.

En el juicio final, ¿qué decidirá la suerte de cada uno?

El tercer servidor no malversó, ni malgastó nada. Lo devolvió todo íntegro a su dueño. Pero su grave error consiste en no haberse arriesgado. Quiso sólo conservar lo que tenía. Tuvo miedo. Claro que el que hace algo puede equivocarse. Pero el que no hace nada, ya está equivocado. Fácilmente uno se puede imaginar si se hubiese arriesgado y hubiese perdido su talento, igual habría sido recibido con honor por su Señor.

¿Por qué el Señor hace echar “afuera, a las tinieblas”, al que había recibido un solo talento?

Esta parábola denuncia el pecado de omisión. Jesús llama a trabajar por el Reino, a ser creativos, a arriesgarse valientemente.

Ser fiel no es solamente conservar la fe o las costumbres religiosas, es extender el Reino de Dios con los talentos recibidos. A Dios no le gustan los que solamente quieren conservar lo que tienen. O solamente se ponen a rezar que Dios haga todo. Sí, hay que rezar como si todo dependiese de Dios. Pero también hay que trabajar como si todo dependiese de uno mismo. ¡A Dios rogando, y con el mazo dando!.

4 Respuestas a “Los talentos que Dios me dio, no son para esconderlos…

  1. julio montero

    Me gustó la enseñanza ministro que Dios le Bendiga.

  2. Que buen mensaje no puede ser mas claro muchas gracias

  3. Muy buena enseñanza, lo transcribiré en mi pagina para darlo a conocer padre, con su permiso claro.

  4. GRACIAS PADRE MARTIN¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ POR HACERME COMPRENDER EL VALOR QUE TIENEN LOS TALENTOS QUE DIOS ME REGALO Y ME DA FUERZAS PARA SEGUIR ADELANTE

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