Soy débil y fuerte a la vez.

Mateo 16, 13-20.

Ciclo A, Domingo 21º durante el año

Se le preguntó a un sacerdote misionero que trabaja en la India: “¿Qué pasa con Mahatma Gandhi en la India?”. Contestó: “Lo mismo que aquí con Jesús. Se lo venera, pero no se lo toma en serio.”

Se puede pensar muchas cosas distintas de Jesús. Pero no se puede eludir tomar posición frente a Él. Todos tendremos que responder a la pregunta decisiva: “¿Qué digo yo quién es Jesús?”.

Cuando Jesús preguntó a sus discípulos qué pensaba la gente de Él, había cantidad de ideas equivocadas. Nadie se había dado cuenta de quién era Jesús. Unos pensaban que había resucitado Juan Bautista, otros creían que había regresado alguno de los Profetas que habían predicado siglos antes.

San Juan Bautista, ese predicador austero que vivía en el desierto, había impresionado mucho a la gente. Pero en ningún momento había dicho que él fuera el Salvador. Todo lo contrario: los había preparado para cuando llegara el Mesías. Sin embargo, mucha gente ya se sentía conforme con el Bautista y no esperaba a otro más. Al ver a Jesús pensaron que era el mismo Juan Bautista que había retornado de la muerte. También Herodes Antipas, cuando la fama de Jesús llegó a su oído, creía que éste era Juan Bautista resucitado de entre los muertos. (ver Mt.14,1s.).

Elías había vivido hacía muchos siglos, y la tradición decía que no había muerto, y que retornaría al fin de los tiempos para “poner en orden todas las cosas.” Mt.17,11. Elías se había enfrentado con fuerza a la gente poderosa. Realizó milagros asombrosos. Hasta hizo caer fuego del cielo sobre sus enemigos. Y no había dudado en tomar la espada para matar a los falsos profetas. El pueblo judío vivía momentos muy dolorosos bajo gobernantes extranjeros que los humillaban y explotaban. Tenían muchos motivos para desear que volviera Elías e hiciera lo mismo que en tiempos pasados. Los que decían que Jesús era Elías, estaban expresando sus propios deseos.

Jeremías llamó a convertirse, antes de que los terriblos castigos cayeran sobre Israel. Había tenido que sufrir muchas persecuciones porque a nadie le gustaba su predicación. Era un verdadero servidor sufriente de Dios, parecido a Jesús, el Servidor sufriente por excelencia, anunciado por el profeta Isaías (ver Is.42 – 52). En aquellos tiempos ninguno creía en los males que se avecinaban. Sin embargo, los anuncios de Jeremías se cumplieron. Los enemigos vinieron y destruyeron Jerusalén. Ahora que oían predicar a Jesús, pensaban que sería otro profeta más, igual que los anteriores, un enviado más de Dios.

Para la gente de entonces, ¿quién era Jesús?

¿Por qué para algunos era Juan Bautista resucitado de entre los muertos?

¿Por qué otros creían que era Elías?

¿Por qué hubo otros que creían que Jesús era Jeremías?

Solamente Pedro pudo dar la respuesta correcta: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.  Jesús lo felicitó por esta respuesta. Pero inmediatamente explicó que Pedro no había respondido por sí mismo, sino que una revelación de Dios Padre le ha hecho comprender quién es Jesús. No es solamente un gran santo que hace milagros. No es solamente un gran maestro y profeta, y menos aún algún reformador político o algún revolucionario.

¿Qué contestó Pedro a la pregunta quién es Jesús?

¿Por que Pedro pudo dar la respuesta correcta?

Ante la respuesta acertada de Pedro, Jesús dice ahora delante de los demás Apóstoles, quién es Pedro. En arameo, el idioma que hablaba Jesús, “Pedro” es la misma palabra que “piedra, roca”. Cuando Jesús comenzó a reunir a los Apóstoles, llamó a Simón y le cambió el nombre (Jn.1,42). En aquel tiempo “Pedro” no era ningún nombre, sino que significaba simplemente: “piedra”, o mejor: “roca”. Pedro debe ser el fundamento firme de la Iglesia.

Después de confesar Pedro a Jesús como “Mesías, el Hijo de Dios vivo”, ¿qué dijo Jesús sobre Pedro?

Estamos acostumbrados a llamar “iglesia” al edificio en el que celebramos la Misa. La palabra «iglesia» viene del griego y significa: «convocación, reunión, asamblea». Hablando con precisión, «Iglesia» se llama la Comunidad  que se reúne en esos edificios. A éstos los llamamos también “iglesias” porque son como una imagen y símbolo de la Comunidad cristiana. Todos nosotros, los bautizados, somos piedras vivas, y formamos el Templo santo de Dios, donde el mismo Dios habita. (ver 1Pe.2,5; Ef.2,21; 1Cor.3,16).

¿Qué significa la palabra «iglesia»?

En un edificio grande todo tiene que estar bien construido. Si los ladrillos no están bien unidos, si las columnas o las paredes no están bien afirmadas, todo se viene abajo, y habrá una gran catástrofe. Jesús, como sabio arquitecto, comenzó a poner un buen fundamento. Ha fundado su Iglesia sobre la roca.

Evidentemente Pedro era un hombre muy débil. Tal vez mucho más débil que otros Apóstoles. Basta recordar sus tres negaciones de Jesús. Es clara la intención del Señor: no quiere que nadie piense que Pedro es la Roca por la fuerza que él tiene como hombre. Si Pedro es Roca es porque Jesús le concede esta firmeza y la estabilidad. El mismo Jesús es la Piedra firme; es la “piedra angular” (ver Mt.21,42; He.4,11).  Jesús es el que obra en Pedro, para que, a pesar de su debilidad humana, pueda sostener estable y unida a toda la Iglesia. Para esto el Señor, que tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, hace participar a Pedro de su autoridad. Como un patrón le confía las llaves a su mayordomo para que pueda disponer de los bienes del dueño de casa, Jesús le entrega a Pedro las llaves del Reino de Dios. Tener las llaves significa tener la autoridad sobre la casa, sobre la Casa de Dios que es la Iglesia. El que tiene las llaves puede admitir a otros, o les puede cerrar las puertas.

Pedro tiene el poder de “atar y desatar”, es decir: de prohibir y autorizar en la tierra, y sus decisiones quedan confirmadas por el mismo Dios.

¿Por qué Pedro, a pesar de ser un hombre débil, puede ser el fundamento firme de la Iglesia?

El fundamento, una vez colocado, debe quedar allí para que el edificio no se venga abajo. Por supuesto, que estamos hablando del fundamento visible, de Pedro y sus sucesores, los Papas. El invisible no puede ser otro que el mismo Cristo. Lo afirma terminantemente San Pablo (1Cor.3,11). El fundamento invisible, Cristo Resucitado, y el visible, el Papa, sucesor de Pedro, son la mejor y única garantía para que las fuerzas del mal no puedan destruir a la Iglesia.

2 Respuestas a “Soy débil y fuerte a la vez.

  1. “CAMINO A LA CONVERSION,PODEMOS ENCONTRARNOS CON SERES QUERIDOS QUE PUEDEN SER OBSTACULOS O PARTÍCIPES DE NUESTRO CRECIMIENTO ESPIRITUAL”

  2. DE LA MANO DE CRISTO LA DEBILIDAD NOS FORTALECE!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s