Cuando no tengo derecho de exigir, aún puedo suplicar…

Mateo 15, 21-28.

Ciclo A, Domingo 20º durante el año


Para los judíos, Tiro y Sidón fueron el colmo de la degeneración y de la inmoralidad, solamente comparables con Sodoma y Gomorra. Estos lugares tenían mala fama ante todo por los cultos a los dioses paganos. Tiro y Sidón designan la tierra de los paganos. A ellos los judíos les aplicaban con profundo desprecio el calificativo de “perros”.

La mujer que suplica por ayuda, es conocida también con el nombre de “sirofenicia”. Así la llama el Evangelio según San Marcos (Mc.7,26). Los habitantes de Fenicia, región en la que se encontraban Tiro y Sidón, estaban conocidos también con el nombre más antiguo de “cananeos”. Es decir: esa mujer que salió de aquella región pagana para rogarle a Jesús por la curación de su hija, no era judía. Era una extranjera, de origen pagano. Y no lleva nombre; representa a todo el mundo pagano.

¿A quiénes representa aquella mujer cananea que le pide ayuda a Jesús?

Es admirable la pedagogía de Jesús que le da a esa mujer la oportunidad para que demuestre toda su fe. Ella lo llama a Jesús “Hijo de David” y “Señor”, título que corresponde en el Antiguo Testamento a Dios. Se postra ante Jesús en señal de adoración. Con más razón llaman la atención los obstáculos que se le ponen hasta que finalmente sea atendida: primero Jesús no le contesta nada; después los discípulos que se sienten molestos, pretenden que el Maestro la despida; Jesús le da una negativa que parece ser muy dura y hasta ofensiva. Sin embargo, la mujer no se deja rechazar. Insiste en que se le ayude.

¿Cómo demuestra la mujer cananea que tiene fe en Jesús?

También en este texto bíblico se habla del pan. Antes de la multiplicación de los panes los discípulos dijeron a Jesús: “Despide a la multitud”. Igualmente ahora piden a Jesús que despida a esa mujer (no que la atienda), para que ella no les siga molestando. Y aparentemente, esta vez el Señor les da razón a los discípulos: “el pan es para los hijos, no para los cachorros”. Pero parece que la mujer con la fe grande sabe que en ocasión de la multiplicación de los panes, después de saciarse todos los presentes, sobró pan suficiente para muchos más.

¿Cómo se relaciona este texto con el relato de la multiplicación de los panes?

Para nuestros oídos las palabras de Jesús de que “no está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”, pueden resultar muy ofensivas, como un insulto. Para los antiguos orientales no eran tanto. En primer lugar, porque es un proverbio, un refrán. Lo que sí indica es que dentro de una casa hay cierta categoría y un orden que se deben respetar. No se usa la ofensiva palabra “perro”, sino “cachorro”, que es más cariñosa y se refiere al animal pequeño que juega con los niños, pero que a la hora de la comida debe ocupar su lugar debajo de la mesa y no sentado en ella. En el fondo, lo que dice Jesús es que hay que esperar a que se sacien los hijos, después será la hora de comer para los cachorros. En el plan de Dios primero hay que ofrecer la salvación a sus hijos, es decir: a los judíos. Llegará el momento en que esa misma salvación será ofrecida a los paganos. Jesús se sabía enviado por el Padre a las ovejas perdidas de Israel. Los apóstoles serán enviados a predicar a todas las naciones, pero la fe de una mujer adelantó esa hora.

¿Qué quiso dejar en claro Jesús al citar el refrán popular: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.”?

Ella no se da por vencida. Por un lado le da razón a Jesús. No piensa negar que Él es en primer lugar el Mesías para el pueblo judío. Pero afirma que esto no le impide a Jesús socorrerle también a ella. Sabe muy bien que no tiene derecho de exigir, pero que puede suplicar. Replica con otro refrán: mientras comen los hijos, también los cachorros están comiendo porque comen las migajas que caen de la mesa. Los cachorros pueden comer sin quitar el pan a los hijos.

¿Cómo logró la mujer cananea que Jesús finalmente le socorriese?

Existen indicios de que en el tiempo en que se escribió el Evangelio según San Mateo (después del año 70), los cristianos estaban divididos en dos grupos, los de origen judío que fácilmente se sentían superiores, y los de origen pagano. Mateo responde a esta situación de su comunidad. Se dirige a los sectores que aceptaban solamente con dificultad la entrada de los paganos en la Iglesia. Les recuerda que Jesús, si bien se sentía en primer lugar enviado a las ovejas perdidas de Israel, también se acercó a los paganos y descubrió en ellos una fe ejemplar, como en esta mujer cananea o sirofenicia, o en el centurión que le pidió la curación de un sirviente. De ese pagano aseguró Jesús que no había encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe (Mt.8,10). La misericordia de Dios es para todos los que la suplican con insistencia y humildad. La única condición de ser curados, de ser salvados, es para todos la fe.

Una respuesta a “Cuando no tengo derecho de exigir, aún puedo suplicar…

  1. “Padre,me gustan mucho sus reflexiones”

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