¿Cómo lo puedo encontrar a Jesús?

Juan 14, 15-21.

Ciclo A, Domingo 6º de Pascua

Marcelo comenzó a trabajar en una empresa de reforestación. Le toca trabajar lejos. No lo sabe exactamente, pero estará durante varias semanas ausente de su familia. Pronto pasará la camioneta para buscarlo. Marcelo ama mucho a su mujer y a los cinco hijos. Observando sus lágrimas trata de consolarlos: “No se pongan tristes. Yo les quiero mucho aunque esté lejos y no nos podamos ver algún tiempo. Pero yo pienso siempre en ustedes. Y vos, Ramona, mi querida mujer, si necesitás ayuda: yo he hablado con los vecinos. Te dan con gusto una mano si hace falta.” Y escuchando ya el ruido de la camioneta, intenta un chiste tratando de sobreponerse a su propia emoción: “Bien, ahora mi cuerpo se va al monte para trabajar, pero mi corazón se queda con ustedes!”.

Los discípulos están tristes porque ellos entienden que Jesús está presente sólo cuando Él está físicamente en un lugar y se lo puede ver y tocar. Piensan que cuando Jesús habla de ir al Padre les está diciendo que los abandonará, y solamente les dejará su recuerdo y sus enseñanzas. Como los hijos ante la muerte de su padre, los discípulos se sentirán huérfanos.

El Evangelio del 6º Domingo de Pascua se toma siempre de un largo discurso que Jesús dirige a sus discípulos en un ambiente de despedida durante la Última Cena. Las palabras del Señor iluminan la situación en que quedan sus discípulos una vez que Él no esté más con ellos. Que es lo mismo que decir: la situación en que nos encontramos nosotros hoy, cuando no contamos con la presencia física del Maestro.

Jesús aclara que su partida no es motivo de tristeza sino todo lo contrario: es un motivo de inmensa alegría, ya que para Jesús significa su glorificación, la vuelta al Padre, y para los discípulos es el comienzo de una nueva vida que se les dará gracias a su muerte y Resurrección.

Jesús se va para estar mucho más presente que antes, pero con una presencia distinta que solamente percibirán aquellos que lo aman sinceramente.

¿Por qué la partida de Jesús de este mundo es motivo de alegría para sus discípulos?

El amor verdadero nunca será un mero sentimiento o de puras palabras no más. El cristiano no se quedará en un sentimentalismo estéril. ¿Qué pensar de un hombre que jura mil veces que ama con todo el corazón a su familia pero deja a su mujer y a los hijos abandonados en la miseria sin preocuparse por nada?

No basta repetir bajo lágrimas de emoción: “Jesús, te amo con todo mi corazón!”. Insiste el Señor: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. … El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama.” Jn.14,15.21.

¿Qué tiene que ver el amor con los sentimientos?

Cuando la Biblia habla de los mandamientos o de la ley de Dios, no se refiere a ninguna imposición arbitraria, ni a algo puramente exterior al hombre. Lo que Dios manda ya lo ha escrito en lo más hondo de nuestro corazón. Y eso es lo que de veras nos conviene, porque plenifica nuestra vida.

¿Conviene cumplir con los mandamientos de Dios?
¿Por qué?

Jesús resumió todos los mandamientos en uno solo, doble: en el amor a Dios y al prójimo, y nos dio su mandamiento nuevo: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado.” Jn.15,12. Y Él demostró su amor entregando su vida por nosotros! El amor al prójimo en los hechos es la prueba de si mi amor a Dios es sincero. “El que dice: ‘Amo a Dios’, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.” 1Jn.4,20s.

Muchas personas se preguntan: “¿Dónde y cómo lo puedo encontrar a Dios?”. El camino pasa por el prójimo. Jesús se manifiesta a aquel que lo ama en sus hermanas y hermanos. Y también en los más antipáticos, y hasta en los enemigos. El amor no necesariamente tiene que ser acompañado de maravillosos sentimientos. Consiste en primer lugar en cumplir la Voluntad de Dios aunque cueste. El discípulo amado sigue a Jesús hasta la cruz.

¿Cómo se muestra el amor verdadero?

A los que amen, Jesús les promete el Paráclito. El Espíritu Santo se lo llama muchas veces en el Evangelio según San Juan con este nombre griego que se prefiere no traducir, porque en castellano no existe ninguna palabra que encierre todos sus significados. Si quisiéramos traducir “paráclito” de una sola vez, sonaría como: “el que ha sido llamado para que esté al lado”. Significa todo lo que había sido Jesús cuando estaba físicamente al lado de sus discípulos: el que hace comprender la verdad, el que ilumina, el que ayuda, el que asiste, el que sana, el que sustenta, el que protege, el abogado que nos defiende, el que nos anima en la fe, en la esperanza y en el amor. Es evidente que el mundo pecador, que no sabe amar, tampoco puede recibir al Paráclito.

¿Qué quiere decir que el Espíritu Santo es el «Paráclito»?

El Espíritu Santo mismo es invisible. Pero vale en todas las cosas de la vida lo que se lee en  «El Principito»: “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”

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