Comenzando en el punto cero…

Lucas 24,13-35.

Ciclo A, Domingo 3º de Pascua. 

“¡Me imaginaba la vida entre dos muy distinta, mucho más linda!” “¡Sabe usted, mis hijos! Primero uno los cría sacrificando todo por ellos, y después ni se acuerdan de uno!”. Mucha gente tiene que vivir cómo sus sueños se destruyen. Y en la tumba de sus expectativas entierran también a Dios. Se parecen a los discípulos que con el cuerpo de Jesús habían enterrado todas sus esperanzas.

Dios comienza con ellos y con nosotros en el punto cero. Al principio está la decepción. Cleofás y su amigo están defraudados. Han perdido la fe en Jesús por el escándalo de la cruz. Huyen del lugar de la desilusión. Dejan el grupo de los discípulos y vuelven, cada uno a su viejo mundo. Ellos quieren escapar. Pero no pueden dar por terminado el capítulo de Jesús de Nazaret. “Hablaban sobre lo que había ocurrido”. Cuando dos, tres o más caminan juntos, buscan juntos, allí hay más que cuando uno se queda solo. Donde se comparte la vida, allí se hace presente el que es la Vida misma.

¿También nosotros nos sentimos desilusionados y tentados de “dejarlo todo”?

Jesús les sale al encuentro. Él está a nuestro lado aunque no nos demos cuenta. Su presencia de Resucitado se extiende a todo tiempo y todo lugar.

Está la experiencia que tuvieron los apóstoles y algunos otros, como las mujeres que fueron al sepulcro: se encontraron con Jesús Resucitado en las apariciones, con las que fueron favorecidos solamente ellos.

Y está nuestra experiencia, la misma que la de los discípulos de Emaús. Aunque  nuestros ojos, ni nuestros oídos nos indiquen que estamos en presencia del Resucitado, sin embargo su presencia es real y verdadera. Jesucristo Resucitado se hace presente de muchos modos. El relato de los discípulos de Emaús destaca algunas principales maneras de cómo y dónde podemos encontrarnos nosotros hoy con Jesús:

Donde no se lo encuentra es en una guerra santa y en el triunfalismo. Cleofás y su amigo habían confiado en Jesús como profeta, y esperaban que sería el caudillo victorioso que liberara a su país de la ocupación extranjera. Jesús no está en el triunfo militar. No es un Mesías poderoso y nacionalista.

¿Dónde no se lo encuentra a Jesucristo?

Tampoco sigue en el sepulcro. No se lo puede encontrar volviéndose hacia el pasado.

A Jesús Resucitado se lo encuentra en primer lugar en las Sagradas Escrituras. Pero a condición de que se las lea desde el Misterio pascual de la Muerte y Resurrección de Cristo. Y no desde la pura letra. Lo importante para comprender la Biblia no es saber de memoria una serie de versículos, sino descubrir el plan y el amor de Dios, manifestado plenamente en la persona de Jesucristo. Es necesario leer la Biblia con espíritu de humildad, escuchando como escuchaban los discípulos de Emaús a Jesús.

Jesús, caminando con los dos discípulos y explicándoles el sentido profundo de las Sagradas Escrituras, hizo arder su corazón. Pero recién lo reconocieron al partir el pan, o sea: al celebrar la Eucaristía o Santa Misa. Evidentemente está allí escondido, pues no lo pueden retener con la vista. Pero está allí realmente para alimentarnos con el Pan de la Vida. Como se rompe y se entrega el pan en la mesa para que podamos vivir, así Jesús entregó su vida en la cruz, para que nosotros tengamos la Vida de Dios.

Jesús entregó su vida por amor a los demás. Y pide lo mismo a sus discípulos. Él se revela a los que aman, así como se reveló a Cleofás y al otro discípulo cuando lo invitaron como a un desconocido todavía, a quedarse con ellos.

Después de encontrarse con el Resucitado, los dos discípulos dejan todo como estaba, y apuradamente, en media de la noche, vuelven a Jerusalén, el lugar de la crucifixión. Ya no los espanta la cruz. Se convirtió en signo de Vida Nueva.

En Jerusalén está también reunido el grupo de los Apóstoles y los demás que han llegado a creer en el Resucitado. Los discípulos de Emaús han comprendido que tienen que volver con sus hermanos. Su lugar está en la edificación de la Comunidad de Cristo, aportando su testimonio de vida y fe.

Cada uno de nosotros debe encontrarse personalmente con Cristo. Pero hay algo especial en el comienzo de la vida de la Iglesia: es la fe de Simón Pedro, que ha visto al Señor y fortalece la fe de sus hermanos. Los dos discípulos que se habían separado de los demás, ahora han descubierto que Jesús Resucitado está allí donde se encuentra la Comunidad de los hermanos en la fe reunidos alrededor de Pedro y de los demás Apóstoles, y hoy alrededor de sus sucesores: el Papa y los Obispos que están en comunión con él.

Nosotros hoy, ¿dónde y cómo nos podemos encontrar con Jesucristo Resucitado?


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