Una burra con su cría…

Mateo 21, 1-11.

En un primer momento, todo gira alrededor de una burra con su cría. Por la importancia que el evangelista le da a ese animal, nunca tenido en muy alta estima, nos quiere hacer ver: sin esa burra no entenderíamos el sentido de la entrada de Jesús en Jerusalén. Sin ella no podríamos comprender a Jesús como Mesías-Salvador.

La entrada en Jerusalén es claramente una manifestación de Jesús como Mesías. Ya el lugar que se menciona lo indica. Los judíos esperaban que el monte de los Olivos fuera el lugar donde debía aparecer el Mesías, y donde tendría lugar la resurrección de los muertos. Jesús se manifiesta expresamente como el Mesías, la Resurrección y la Vida. El Evangelio según San Juan acentuará particularmente este aspecto localizando en esa misma zona la resurrección de Lázaro, y citando la afirmación de Jesús: “Yo soy la Resurrección y la Vida”. Jn.11,25.

¿Qué nos quiere enseñar el autor al decir que Jesús y sus discípulos “llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos”?

El ceremonial que acompaña la entrada de Jesús en Jerusalén, es el de la fiesta de las tiendas, en la que se hacía más viva entre los judíos la espera del Mesías. Además la gente aclama a Jesús como “Hijo de David”, es decir, como Mesías. Jesús ya no prohíbe llamarlo así, porque no habrá más motivos de entenderlo mal como un Mesías triunfalista.

San Mateo explica en qué sentido Jesús es el Mesías. Para ello se sirve de una cita del profeta Zacarías (Zac.9,9s.). Éste anunció la llegada de un nuevo rey, hijo de David. Llegará a Jerusalén, así como entró en la ciudad el primer hijo de David que le sucedió en el trono: Salomón. Cuenta el libro de los Reyes que Salomón, después de ser ungido rey, entró en Jerusalén montado en una mula (ver 1Rey.1,32-40). Además Salomón fue un rey de paz; durante su gobierno no hubo guerras, ni él emprendió campañas de conquista como las que había hecho su padre.

Todos los rasgos de Jesús que presenta el Evangelio según San Mateo para describir su entrada en Jerusalén, se concentran en la idea del rey de la paz. Como Salomón, y en oposición al gran conquistador de la época del profeta Zacarías, Alejandro Magno, no viene montado en un caballo de guerra sino en una burra. Dispone de todas las cosas con autoridad, sin pedir permiso a nadie, como verdadero rey. Todo sucede como si todo perteneciera a Jesús. Él es el dueño de todo. A lo sumo, si alguien pregunta, los discípulos deben decir que ellos llevan los burros porque “el Señor los necesita”.

El Señor necesitaba los burros para dejar en claro que Él no seguirá los esquemas gastados de poder y de gloria militar, como por ejemplo de un Alejandro Magno o del César romano. El gesto humilde de Jesús revela que su Reino se manifiesta en la sencillez y la mansedumbre. Los siguientes renglones del texto del profeta Zacarías confirman esta idea. Allí se dice que el nuevo rey, “justo”, “victorioso” y “humilde”, destruirá todas las armas de guerra, suprimirá los caballos que sirven para la batalla, y finalmente anunciará la paz a las naciones. En Jesús se cumplen las profecías de las Escrituras, y así San Mateo se lo presenta a quienes hubiesen preferido una manifestación más ostentosa del Mesías.

¿Qué nos quiere decir el hecho de que Jesús se montó sobre una burra, y no sobre un caballo?

Jesús mismo había enseñado a sus discípulos: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo; como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.” Mt.20,25-28. Jesús, con su actitud, muestra que Dios se sirve de lo humilde y despreciado. Jesús nos quiere dar ánimo haciendo ver que Dios nos necesita a todos, aunque seamos pequeños y sin poder.

Las reacciones a la iniciativa de Jesús de entrar en la ciudad montado sobre una burra, son diversas. La gente lo festeja y lo aclama como Mesías. “Hosana” significa originalmente: “Sálvanos”, pero llegó a usarse de un modo parecido a nuestro “¡viva!”.

Sin embargo, la reacción de la ciudad, como cuando los magos comunicaron a los poderosos la noticia del nacimiento del Mesías, es de recelo y turbación. Jesús, con su actitud pacífica, amenaza la posición de los violentos.

En este ambiente hostil, el entusiasmo de la multitud y su valentía de confesar a Jesús como Mesías, parecen apagarse: se limitan a presentarlo como “el profeta de Nazaret”. Es como el inicio de lo que pasará pocos días más tarde. El pueblo, instigado por sus jefes, se volverá contra Jesús. En lugar de extender sus mantos sobre el camino, para que Jesús pasara por encima de ellos, a modo de alfombra, “lo desvistieron y le pusieron un manto rojo”, Mt.27,28. también para burlarse de Él. Los vestidos que antes habían sido un regalo, ahora son como un botín. “Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron”. Mt.27,35. Le ponen a Jesús una corona de espinas y una caña en la mano para burlarse de Él, diciendo: “¡Salud, rey de los judíos!”. Mt.27,29. Y le escupen en la cara.  Y en lugar de aclamar a Jesús como Mesías, todos gritaron: “¡Que sea crucificado!” Mt.27,22s..


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