Cuando el corazón aprende a ver…

Juan 9.

Casos de sanación espontánea se conocen también en la medicina moderna. Pero en este relato del Evangelio podemos percibir más que una curación milagrosa.

La Biblia nos habla de que el hombre, apenas creado, ya se volvió ciego. Se deja encandilar por las falsas promesas del demonio. Enceguecido de rabia, Caín mata a su hermano Abel. Los contemporáneos de Noé no ven los signos de los tiempos, y se hunden en el diluvio. Los habitantes de Babel miran con orgullo la torre que ellos han construido, y pierden de vista a Dios. Así llegan a no poder entenderse más los unos con los otros. Siempre los hombres se portan de esa manera. Su mirada se estrechó tanto que ven solamente algunas cosas creadas que apetecen, y son ciegos para el Creador mismo. Los profetas continuamente advierten al pueblo por su ceguera. Pero esto sirve para poco.

¿Cómo describe la Biblia la ceguera humana?

El Evangelio no pone ningún nombre al ciego de nacimiento. Si quisiéramos ponerle uno, no podría ser otro que “Adam”: el hombre creado de “adamá”, de barro. Así que este ciego nos representa a todos.

Jesús, al pasar, mira a este Adam, a este hombre, ciego desde el nacer, desde el comienzo. El ciego mismo posiblemente ni sabe lo que le falta. Pero Jesús sale a su encuentro. Y como entonces Dios tomó tierra y agregó algo de su más íntimo, su soplo, su Espíritu, para crear al hombre, ahora Jesús de nuevo toma tierra y agrega algo de su más íntimo: saliva. Con este barro recrea al hombre, comenzando por los ojos, curándolo de su vieja ceguera.

¿Qué hace Jesús con el hombre ciego?

El ciego debe lavarse en la piscina de Siloé que significa: “Enviado”. “El Enviado” es uno de los nombres de Jesús, el Enviado del Padre. El lavado, quiere decir: el bautizado en Jesús, el que hace lo que Jesús manda, es iluminado. Pasa de las tinieblas a la luz. La frase del que había sido ciego: “me lavé y ahora veo”, evoca indudablemente el bautismo cristiano, llamado en los primeros tiempos también “iluminación”. Incluso tenemos apuntadas las frases del ritual: “¿Crees en el Hijo del hombre? … Creo, Señor”.

Recién aquel que cree en Jesús puede ver realmente. En el segundo encuentro Jesús cura al que había sido ciego de un modo nuevo de su ceguera. Lo sana también de su ceguera espiritual. Le da la luz de la fe.

El ciego de nacimiento pasa todo un proceso de fe. Primero se limita a contar los hechos. Después, y partiendo de ellos, descubre que Jesús es un profeta. Se convence de que Dios ha escuchado a Jesús. Por lo tanto Jesús no es un pecador, sino cumple la voluntad de Dios. Finalmente el hombre se postra en señal de adoración ante Jesús y lo reconoce como “Señor”, título que en la Biblia se refiere a Dios.

¿Cómo recorría el hombre ciego el camino de la fe, y es iluminado?

La obra de sanación de Jesús divide a los hombres. El que ha llegado a la luz es sometido a constantes interrogatorios, tanto por parte de la gente sencilla como por parte de sus dirigentes. Para estos comienza a ser una persona incómoda.

Este relato refleja bien las fuertes tensiones que existían entre los judíos y los cristianos de la época en que se escribió el Evangelio según San Juan. La oposición entre los “discípulos de Moisés” y los discípulos de Jesús llegó hasta la persecución que sufrieron los cristianos. Los padres del ciego tienen miedo a ser echados de la comunidad religiosa judía, como su hijo fue echado de la sinagoga.

En la década de los años 70, en una reunión en Jamnia, los judíos publicaron un decreto de excomunión contra los cristianos. Lo ocurrido posteriormente se nos cuenta como si hubiese ya pasado en tiempos de Jesús.

¿Cómo aparece en el relato bíblico que el cristiano es “signo de contradicción” como su Maestro?

Antiguamente se consideraba la enfermedad como una consecuencia de un pecado grave. Jesús se opone radicalmente a esta idea, y justifica la enfermedad como un medio para que se pueda manifestar lo que Él afirmaba de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo”.

Jesús atribuye a su persona lo que se había dicho de la ley, de la sabiduría y del conocimiento de Dios. Para ser iluminado y ser salvado es necesario que el hombre aproveche la luz del día, es decir: la presencia de Jesús.

¿Qué hace falta para que uno no se quede ciego?

Los fariseos se niegan a ver la Luz que vino a este mundo. No reciben a Jesús. Por eso ellos son los verdaderamente ciegos. El peor ciego es el que no quiere ver. También el corazón tiene que aprender a ver. “No se ve bien si no con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s