Para que mi vida tenga futuro…

Mateo 7,21-27.

Domingo 9º durante el año.

Ciclo A.

“El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe considerarse como uno de los más graves errores de nuestra época.” GS 43. Hace muchos años ya (1965), los padres del Concilio Vaticano II lamentaron esta falta de coherencia entre lo que profesamos con los labios y lo que realmente hacemos en casa y en la vida pública.

Jesús dirige una severa llamada de atención a sus discípulos, o sea, a nosotros los cristianos. Lo hace al final del «Sermón de la montaña» en que expuso la nueva Ley fundamental que debe regir a los que lo quieran seguir. Advierte que hasta aquellos que profetizan en su Nombre, expulsan a los demonios y hacen muchos milagros en su Nombre, pueden hacer el mal. Ateniéndonos al texto original griego, Jesús los acusa de “anomía” (“falta de ley”). Les echa en cara que no cumplen con la Ley que expresa la Voluntad del Padre. Por ahí ellos mismos quieren brillar como grandes estrellas, buscando su propia gloria y no la de Dios. O tal vez también, buscando ventajas materiales.

Jesús les encomienda más tarde a los doce Apóstoles y demás discípulos estas mismas cosas, en sí buenas: expulsar a los demonios y hacer milagros (ver Mt.10,1.8; Lc.10,1-12.17-20). Pero hay que hacerlas buscando la gloria de Dios y el bien de los hombres.

¿Por qué hasta haciendo cosas buenas, uno puede hacer el mal?

Jesús pone como condición para “entrar en el Reino de los Cielos”, o sea, para llegar a ser plenamente feliz: cumplir con la Voluntad del Padre celestial. No bastan lindas palabras. Inmediatamente antes de nuestro texto, Jesús nos advierte: “Tengan cuidado de los falsos profetas cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. … Por sus frutos ustedes los reconocerán.” Mt.7,15-20. No basta ni siquiera la correcta profesión de fe en la divinidad de Jesucristo, llamándolo «Señor», título que la Biblia le da a Dios. Debe haber una coherencia entre el decir y el hacer, entre la teoría y la práctica. Hay que vivir y obrar según la Voluntad de Dios. Jesús mismo nos da el ejemplo: “Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.” Jn.4,34. Jesús ajusta su voluntad a la de su Padre: “Mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.” Jn.5,30.

El que no sintoniza con la Voluntad de Dios, busca su propio reino, y por eso no podrá entrar en el Reino de Dios, definitivamente no en “aquel día”, o sea, en el día del juicio final. “Aquel día” “su ruina” será “muy grande”.

¿Qué condición pone Jesús para llegar a ser plenamente feliz?

Después de aclarar la relación entre decir y hacer, ahora Jesús se refiere al escuchar y hacer. También terminará en la ruina aquel que solamente oye la Palabra de Dios, pero no le obedece.

Jesús nos pone ante la gran alternativa: edificar nuestra vida tontamente sobre arena, con el derrumbe fácilmente previsible, o edificarla sobre roca.

Ya la Ley de la Antigua Alianza hace elegir entre estos dos caminos: “Yo pongo hoy delante de ustedes una bendición y una maldición. Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor, su Dios, que hoy les impongo. Maldición, si desobedecen esos mandamientos y se aparten del camino que yo les señalo, para ir detrás de dioses extraños…” Dt.11,26-28.

La exposición de la Ley de la Antigua Alianza termina obligando al que la escucha a tener que elegir entre “la vida y la muerte, la bendición y la maldición”, Dt.30,19b. Lo exhorta: “Elige la vida”. Dt.30,20a. Y le promete: “Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios…, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás.” Dt.30,16a.

Esta bendición y esta vida divinas el Evangelio las llama «Reino de los Cielos». Se trata de si nuestra vida terminará en la ruina o en la felicidad.

Es sorprendente: Nadie que busca poseer una vivienda duradera, va a ser fácilmente tan torpe para construirla sobre arena movediza. Pero son muchos los que edifican la vida misma de ese modo: sobre sentimientos pasajeros, sin compromiso, sin fidelidad, sobre los gustos o modas del momento, sobre aplausos circunstanciales, sobre ideologías inconsistentes, sobre el propio individuo que busca “autorrealizarse”, pero que siempre estará amenazado por la muerte, o sobre el dinero y cosas que se pueden perder en cualquier instante. Una vida así jamás tendrá futuro.

¿Cuándo y cómo una persona edifica su vida sobre arena?

Los oyentes de Jesús entendieron inmediatamente que edificar su casa sobre roca significa edificar la propia vida sobre Dios. En la Biblia, frecuentemente se alude a Dios como “la Roca” (ver Dt.32,4-31; Is.26,4; Sal.62,7).

Dios y su Palabra son un fundamento firme para nuestra vida y nuestro futuro. El que pone su fe en Dios y edifica su vida sobre Él como “una Roca eterna”, Is.26,4. “no vacilará”. Is.28,16. Ninguna prueba, por más dura que sea, lo podrá derrumbar.

¿Cuándo y cómo construimos nuestra vida sobre roca?

Jesucristo mismo es la roca, el fundamento firme de todas nuestras esperanzas: “la piedra viva”, 1Ped.2,4. “la piedra que los constructores rechazaron”, pero que “ha llegado a ser la piedra angular”. 1Ped.2,7b. San Pablo, usando la misma imagen, compara a la Comunidad cristiana con un templo espiritual: “Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un Templo santo en el Señor. En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu.” Ef.2,20-22. Y usando de manera parecida la misma imagen, San Pablo nos exhorta a todos: “Que cada cual se fije bien de qué manera construye. El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque el fundamento es Jesucristo. Sobre él se puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, pasto o paja: … el día del Juicio … el fuego probará la calidad de la obra de cada uno.” 1Cor.10-15.


3 Respuestas a “Para que mi vida tenga futuro…

  1. gracias padre por compartir con nosotros. qué cierto es que a veces nos cegamos y pensamos que los aplausos son para nosotros. ojalá todos se pudieran dar cuenta y detectar a tiempo que estamos cegándonos, y así cuando lo detectamos podamos pedir al espíritu santo que nos traiga luz para poder ver que es todo por gloria del señor. es él el que hace y deshace.
    y que nosotros somos simplemente sus manos, sus pies, su boca, su oído ¿no? bendiciones para todos. me gustó mucho leer “para que mi vida tenga futuro “……..

  2. Gabriela Franco

    También estoy totalmente de acuerdo con lo que escribe el Padre. Si queremos ser verdaderos cristianos, profesar realmente nuestra fe, debemos comenzar a construir nuestra vida sobre la roca firme que es Jesucristo, ya que de esta manera conseguiremos llegar donde todos deseamos un día, sentarnos con nuestro Padre Dios y compartir con él de su mesa. Ya se ha dicho varias veces y aún hoy se continúa repitiendo: “el dinero no trae la felicidad sino la desolación”. Hoy podemos ser felices con una cierta cantidad de dinero, pero mañana podemos despertar sin él, o quizás ni despertar, y entonces me pregunto: ¿servirá tanto así querer tener más y más cada día? ¿y no interesarme por mi hermano, vecino o por las maravillas de este mundo hechas por manos tan divinas? Es hora de que nosotros los cristianos profundicemos esto en nuestras iglesias, comunidades y grupos de catequesis, y así entre todos construiremos sobre la roca firme que es el Señor.
    Gracias, Padre Martín, por proporcionarnos sus textos; gracias también por las hermosas publicaciones. Recomiendo a todos los que visiten esta pág los libros del P. Martín, en especial VIVIR CON CRISTO, y aquellos que aún no trabajan con sus libros de catequesis familiar háganlo porque no se van a arrepentir; además estaremos ayudando al Padre a expandir por todo el mundo sus publicaciones inspiradas por el Señor.
    Muchísimas gracias, saludos y bendiciones de toda la Provincia de Misiones.
    Gabriela Franco. Alba Posse Misiones…..

  3. Comparto plenamente con el comentario que reliza el sacerdote desde Cuba, sobre la excelencia de los materiales de estudio del evangelio, que tenemos el privilegio de compartir tambien en nuestra comunidad, la leonesa. Es realmente muy bueno y me encanta la metodologia de trabajo que propone en cuanto a las actividades que deben realizar los chicos. Es muy claro y acorde a la realidad actual. Es bueno saber que compartimos los mismos materiales con otros paises y estamos unidos de esta forma y sin lugar a duda por nuestro padre.
    Gracias por compartir todo lo que sabe y siente con la comunidad.
    Saludos y un fuerte abrazo!!!

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