¿Ojo por ojo? ¿Cómo terminar con tanta violencia?

Mateo 5,38-48.

Domingo 7º durante el año.
Ciclo A.

“Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.” Recibir una bofetada en la mejilla derecha era considerado una ofensa extremadamente humillante y grave, porque el golpeador usaba el dorso de su mano, y no la palma. 

Más de uno dirá: “¿Adónde llegaríamos si uno no debe defender más sus derechos, teniendo que aguantar todo?”. Jesús pone la pregunta exactamente inversa: “¿Adónde llegaríamos si todos reclaman sin misericordia sus derechos?”.

Aunque no parezca, la así llamada «ley del talión»: “ojo por ojo, diente por diente”, Éx.21,23. fue un gran progreso en la época de entonces. En los pueblos antiguos se imponían penas a los delincuentes que eran mucho más graves que los delitos que se habían cometido. Había penas terribles para faltas que hoy consideraríamos de poca importancia.

La «ley del talión» reduce el castigo: la pena impuesta por los jueces no debía ser más grave que el delito cometido.

¿En qué consistía la «ley del talión»?

Jesús alaba a los que no responden a una violencia con otra violencia: “Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” Mt.5,9. Una violencia engendra otra violencia, un odio provoca otro odio. Hay que tener la valentía de no retribuir un mal con otro mal, un golpe con otro golpe. Jesús dice que hay que romper el círculo vicioso del odio y de la venganza.

¿Cuál es la postura de Jesús frente a la «ley del talión»?

Nosotros solemos poner nuestros derechos por encima de todo. Pero Jesús nos enseña que hay una escala de valores donde lo más importante es el amor. Y es tan importante que tenemos que actuar con amor aun con aquellos que nos están haciendo algún mal. En el Evangelio que meditamos Jesús nos invita a amar al prójimo sin medida. En este mandamiento, junto con el de amar a Dios sobre todas las cosas, Jesús resumía toda la ley.

Para Jesús, ¿cuál es el valor más importante?

La «ley del talión» ha sido superada por Jesús. En Él se hace presente el amor infinito de Dios. El amor divino rompe las leyes de la correspondencia, porque Dios nos ama antes de que nosotros lo merezcamos.

Dios Padre, al hacer salir el sol, no hace distinción de personas. El sol sale para todos, tanto para los buenos como para los malos. Los cristianos deben demostrar que son hijos del Padre Celestial. Todo hijo refleja los rasgos de su padre. Los cristianos están llamados a manifestar en su vida el amor perfecto de Dios Padre. Éste es un amor que no puede quedar reservado al círculo de los más cercanos, a los de mi grupo, o a los que me aman, sino que alcanza incluso a los enemigos. Es un amor sin fronteras, y sólo puede entenderse como expresión del amor de Dios, que es para todos. Los discípulos deben amar así, porque así es como ama Dios. Este amor sin límite será su signo distintivo.

Para el cristiano, ¿cuál es la medida del amor? ¿Por qué?

Los casos mencionados son solamente ejemplos que pertenecen a la vida cotidiana, y pueden ser ampliados a otras muchas ocasiones.

Tratemos de entender bien las enseñanzas de Jesús. El Señor no nos manda de ninguna manera que nos quedemos pasivos, con las manos cruzadas, frente al mal. Él nos lo demostró con su propio ejemplo: cuando estaba frente a sus jueces que trataban de condenarlo a muerte, uno de los guardias le dio una bofetada. Jesús no respondió con otra bofetada. Estaba dispuesto a recibir más golpes. Pero le pidió razones al que lo ofendía: “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”. Jn.18,23. No se debe responder a un golpe con otro golpe, pero sigue en pie la obligación de corregir con amor al que está equivocado o está obrando mal. Pero el cristiano siempre debe tratar de vencer el mal con la fuerza del bien.

¿Jesús nos manda no hacer nada frente al mal?

El cristiano, ciudadano del Reino de Dios, al encontrarse con sus enemigos, no busca la venganza, sino ofrece la reconciliación. Sabe renunciar a sus propios derechos para romper el círculo vicioso de la violencia, obra con amor aun cuando corrige y reprende, sabe detener la fuerza del mal oponiendo solamente la fuerza del bien y de la bondad.

¿Cómo rompe el cristiano el círculo vicioso de la violencia?

Evidentemente San Pablo comprendió la lección de Jesús. En tiempos del emperador Nerón, quien asesinó a su madre y perseguía cruelmente a los cristianos, el apóstol escribió: “Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca … No devuelvan a nadie mal por mal. … En cuanto dependa de ustedes, traten de vivir en paz con todos. … No hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. … Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence el mal, haciendo el bien.” Rom.12,14.17-21.


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